Carmen Franco y Cristóbal Martíenz-Bordiú junto a los padrinos
Carmen Franco y Cristóbal Martíenz-Bordiú junto a los padrinos

Así fue la boda de Carmen Franco: 800 invitados, donativos y luna de miel con Carmen Polo

«ABC» fue testigo del enlace entre la hija de Francisco Franco y Cristóbal Martínez-Bordiú, un evento multitudinario que reunió a toda la aristocracia de la época en el palacio de El Pardo

MADRIDActualizado:

«Dejé de ser la hija de... Para convertirme en la esposa de Cristóbal Martínez-Bordiú». Así resumía Carmen Franco el cambio que vivió cuando contrajo matrimonio. A su boda siempre se refirió como «mi libertad», ya que para ella era fundamental abandonar el Palacio de El Pardo y la vida vigilada que conocía. De hecho, lo primero que hizo como mujer casada fue renunciar a su escolta.

Carmen Franco y Cristóbal Martínez-Bordiú contrajeron matrimonio el 10 de abril de 1950 tras dos años y medio de noviazgo. Los festejos organizados para la boda de la única hija del dictador; un evento de alcance internacional del que el diario «ABC» fue testigo.

Carmen Franco y su padre el día de su boda
Carmen Franco y su padre el día de su boda

La edición del 11 de abril recogía todo sobre la ceremonia, celebrada el día anterior al mediodía en la iglesia del palacio de El Pardo, «decorada con una gran cantidad de flores, entre las que predominaban los claveles rosas y blancos».

Café para invitados, donativo para los curiosos

Entre los detalles de la crónica destacaban los integrantes del cortejo, en su mayoría aristócratas, en el que «las damas lucían mantilla clásica española». Por su parte, la novia eligió para su boda un traje de seda natural, sin escote, confeccionado por el modisto Cristóbal Balenciaga. El velo estaba sujeto a una diadema de brillantes y perlas regalo de sus padres. Como únicos adornos eligió unos pendientes de perlas y la pulsera de pedida, confeccionada con brillantes.

Tras la ceremonia, que fue oficiada por el obispo de Madrid, Leopoldo Eijo Garay, los más de 800 invitados reunidos para la ocasión fueron agasados con un almuerzo y un café en el jardín.

La expectación por el enlace fue tal que decenas de curiosos se acercaron hasta el entonces pueblo de El Pardo, siguiendo el rumor de que habría un reparto de comida y bebida para celebrar la boda de «Nenuca». Y así fue. Tal y como recoge la crónica de «ABC», se repartió un donativo «consistente en mantas, prendas de vestir, ropas y calzado, y lotes de víveres: aceite, azúcar, arroz, pasta de sopa, patatas, chocolate, pan, carne y tabaco».

Carmen Polo, la tercera en el matrimonio

Desde el primer momento, fueron tres en el matrimonio Martínez-Bordiú-Franco, si bien aquella interferencia matrimonial no fue nada comparado con lo que vino después.

Imagen de Carmen Franco vestida de novia en el periódico
Imagen de Carmen Franco vestida de novia en el periódico

Carmen Polo, madre de la novia, demostró desde el primer momento ser una suegra a la vieja usanza. Según el libro «Carmen: el testimonio novelado de la hija de Franco», escrito por Nieves Herrero, la esposa del dictador negó la entrada de Cristóbal en el palacio de El Pardo hasta que no hubiera planes de boda. También fue ella la que sugirió que el novio uniera sus dos apellidos, porque se negaba a que su hija fuera la «señora de Martínez».

Pero para el novio, la guinda del pastel fue llevarse a la madre de su esposa de carabina en la luna de miel. Tras contraer matrimonio, Carmen Franco y Cristóbal Martínez-Bordiú pusieron rumbo a Canarias, donde disfrutaron de unos días de soledad en Tenerife. La segunda etapa de su viaje de novios incluía una travesía en yate desde Valencia hasta Civitavecchia, desde donde viajarían por carretera a Roma. Y cual no sería la sorpresa cuando, en pleno puerto valencino, se encontraron con Carmen Polo y parte del séquito de El Pardo, dispuestos a embarcar con ellos.

La travesía duró dos días y medio, y si bien el encierro con Carmen Polo no agradó a Cristóbal en un primer momento, cuando tomaron tierra en Italia la madre de Carmen Franco ya había aceptado al cirujano como un hijo más.