Banderas, fiel a la Pasión malagueña

MÁLAGA. Cada año, Málaga vive intensamente su Semana Santa y se estremece con sus tronos. Sus calles se convierten en un teatro donde la representación siempre es igual y a la vez diferente. Antonio

JOSÉ MARÍA CAMACHO
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MÁLAGA. Cada año, Málaga vive intensamente su Semana Santa y se estremece con sus tronos. Sus calles se convierten en un teatro donde la representación siempre es igual y a la vez diferente. Antonio Banderas, uno de sus hijos predilectos, no quiso faltar a la cita y participó ayer junto a su mujer, Melanie Griffith, su hija Estela del Carmen y sus padres, en el arranque de la Semana Santa Malagueña, como un cofrade más de los 600.000 que hay en Andalucía. El actor malagueño, convertido en uno de los 15.000 nazarenos que recorren los itinerarios procesionales de Domingo de Ramos, se vistió de mayodormo del trono de la Virgen de Lágrimas y Favores. Antes de salir de la iglesia se mostró emocionado e ilusionado con vivir un año más su Semana Santa, oler el incienso y las ramas de romero, contemplar el esplendor de las imágenes y vestir otra vez su túnica. La procesión en la que participó Banderas tuvo que acortar su recorrido a causa de la lluvia, que impidió salir a tres cofradías.

Recordó el actor que el próximo Jueves Santo volverá a sacar a hombros el trono de la Virgen de la Esperanza, al tiempo que anunció que probablemente sea el último año que lo haga, «porque ya los huesos me crujen mucho bajo ese trono», debido a que «pesa mucho la Esperanza». Banderas repitió que a su familia le encantan las procesiones y comentó que cada vez que puede trae gente a la ciudad para que conozcan este tipo de tradiciones tan hermosas y bonitas.

El actor ha llegado a Málaga acompañado del director teatral David Leveaux, con quien trabajó en el musical «Nine», con el que él debutó en Broadway en 2003, y que también dirigirá el próximo proyecto teatral de Banderas, una adaptación de «Don Juan DeMarco».

Tras la ceremonia en el templo, Banderas recorrió las calles con la cara cubierta con un capillo, dando las órdenes con su martillo en una campana para que 180 hombres pasearan el trono por la ciudad, abarrotadas de público y de miles de penitentes que iban detrás de las imágenes cumpliendo alguna promesa. Para el actor malagueño, la Semana Santa «tiene muchísimas lecturas y los sentimientos se mueven de muchas maneras», los que la viven en el ámbito puramente religioso o los que «entienden la espiritualidad quizás un poco más separada de la religión», y resaltó el hecho de que 35.000 personas vayan detrás de un Cristo como el Cautivo de Málaga, lo que consideró que «proyecta muchísima energía».