Rodríguez Toubes alardeando de su reloj en redes sociales
Rodríguez Toubes alardeando de su reloj en redes sociales - INSTAGRAM

Auge y caída del «pequeño Nicolás» de la jet set mallorquina

Luis Rodríguez Toubes ha sido condenado a siete años de prisión por estafar 38 millones

MADRIDActualizado:

«Me levanto todos los días a las dos, me abren las cortinas, me tomo un zumo (...). Almuerzo, luego me relajo un poco y después saco mi sombrilla japonesa y salgo a dar un paseo o de compras...». Quien se expresa así, rutilante y suntuoso, es Luis Rodríguez Toubes, un joven de 25 años cuyo único oficio es aparentar, engrandecer ese papel de bon vivant del que se muestra tan orgulloso. Hijo de una reputada familia de Llucmajor (Mallorca), nieto de un almirante de la Armada y sobrino de algunos compañeros de regatas de Don Juan Carlos, forjó una inmensa fortuna a base de construir una realidad paralela de mentiras y estafas.

Siempre bien rodeado, frecuentando restaurantes de postín y alardeando tanto de haberse criado mordisqueando un sonajero de oro como de ser amigo personal del Rey Felipe VI, acabó ganándose a la fuerza las comparaciones con «el pequeño Nicolás». Esto le enfurecía. «Él es un universitario que procede de una familia humilde y yo no, yo no estudio y mi familia siempre ha estado muy bien posicionada».

El capítulo más grotesco de la vida de Luisito se escribe en 2011 cuando entra en contacto con un matrimonio de Llucmajor de avanzada edad, dueño de la mayor fortuna inmobiliaria de la localidad. Los encandiló de tal forma que acabaron sucumbiendo a sus encantos. La pareja le cedió hasta quince fincas, valoradas en 37,4 millones de euros, que tenían repartidas por varias regiones de la isla, y le entregaron 200.000 euros en metálico. El joven les convenció de que necesitaba aparentar que tenía propiedades para adquirir un inmueble y que nunca ejecutaría estas escrituras, quedarían guardadas bajo llave en un cajón. Lo primero que hizo fue firmar una permuta con un constructor, para cederle una finca situada en primera línea de mar.

El pasado jueves, la Audiencia Provincial de Baleares lo condenó a siete años de cárcel por delito continuado de estafas en su modalidad agravada por vivienda. El tribunal le impone además una responsabilidad civil de 389.154 euros de indemnización y declara nulas las donaciones de las quince fincas. Él no niega todo y se aferra a su propia versión. «Un día me dijeron que no tenían hijos y que les gustaría que su patrimonio quedara en alguien de su misma cuerda, de su misma clase social. Llucmajor es un pueblo pequeño y había cuatro familias que destacaban: la de ellos, la de mi madre y alguna más», relató.

Desde que se denunció esta estafa de Llucmajor, el joven ha sido detenido en dos ocasiones más. Una mujer de la alta sociedad de Madrid, que también se dejó embaucar por él, le acusó de haberse llevado de su casa valiosos elementos. Después, una joyería del barrio de Salamanca de la capital le denunció porque le había prestado joyas y relojes por valor de más de medio millón de euros. Con la excusa de que quería conocer mejor las joyas que pretendía comprar, no sólo se las quedó, sino que las vendió por su cuenta a un precio irrisorio en un comercio de Palma. Negocio tras negocio a cual más turbio y a la vez descarado. «Un ladrón de guante blanco» del siglo XXI.

Futuro entre rejas

La defensa de Luis Rodríguez Toubes, Laureano Arquero, recurrirá ante el Tribunal Supremo (TS) la sentencia dictada por la Audiencia Provincial de Baleares respecto a la estafa de los 38 millones de euros al matrimonio de Llucmajor. Si finalmente da con sus huesos en la cárcel, es más probable que se convierta en objeto de escarnio y mofa de sus compañeros presidiarios. El niño bien de camisas de Hermès, uñas lacadas y carcasa de iPhone de diamantes incrustados cambia los reservados de las discotecas por una celda compartida. El Rolex, mejor que lo deje en casa.