Arranca el festival wagneriano, con los ojos puestos en el sucesor

BAYREUTH. Ovidio García Prada
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Esta tarde, con la representación de «Los maestros cantores de Nuremberg», flanqueada por el consabido inicial desfile frívolo de iconoadictos a las galas inaugurales tipo Cannes o Hollywood, abre sus puertas en Bayreuth (Baviera) la 90ª edición del Festival Richard Wagner, cita emblemática del verano musical alemán. El programa presenta hasta el 28 de agosto la reposición de siete óperas con un total de treinta representaciones y un concierto conmemorativo extraordinario.

Hace exactamente 125 años vio cumplido Wagner el sueño de su vida: con el «Festspielhaus», construido a duras penas, disponía de un teatro ad hoc para representar sus revolucionarios dramas musicales. Un solemne cortejo de testas coronadas, destacados compositores e intelectuales y cientos de incondicionales encaminaron sus pasos aquel 13 de agosto de 1876 hacia la «verde colina», situada a la vera de la idílica ciudad barroca de Franconia Superior. Eran los privilegiados asistentes a la representación de la parte inicial de la tetralogía operística de «El anillo del nibelungo», una de las obras cumbres del arte occidental. Este año se cumplen también 50 años de la reapertura del Festival después de la guerra (el «Nuevo Bayreuth») y, asimismo, el cincuentenario de Wolfgang Wagner, nieto del compositor, en la dirección del mismo, de ellos los últimos 35 en solitario.

El éxito de público es enorme -¡ocho años de espera para recibir una entrada!- pero la orientación futura, la gestión artística y el tema de la sucesión del octogenario director están siendo contestados últimamente al más alto nivel. Debido a viejas rencillas familiares en el clan Wagner, la regulación del proceso sucesorio ha concluido provisionalmente en discordia y fiasco totales. El octogenario patriarca descalifica como incompetente a Eva Wagner-Pasquier, su hija de primeras nupcias, nominada oficialmente como sucesora por el Consejo de la Fundación del Festival, en favor de su segunda esposa Gudrun.

El vital Wolfgang Wagner, que en agosto cumplirá 82 años de edad, se atrichera tras su contrato vitalicio y desafía a tirios y troyanos rehusando entregar el «gobernalle». A la llamada «guerra de los cantantes» del verano pasado, que malogró, por ejemplo, la pareja de welsungos de lujo formada por Plácido Domingo y Waltraud Meier, se sumó posteriormente la substitución más o menos forzada de una docena de cantantes y un director musical. Para colmo de males, la muerte repentina del maestro veneciano Giuseppe Sinopoli, que debía dirigir nuevamente las dieciséis representaciones de la tetralogía del «Anillo», complicó aún más las cosas. En este sombrío panorama brilla más intensamente la reedición de una primicia: Christian Thielemann, director musical alemán considerado por muchos como el ansiado heredero de la gran tradición directorial alemana, se confirmará probablemente como el nuevo astro ascendente en el podio de Bayreuth. Debutó el verano pasado dirigiendo con gran éxito, en substitución de Daniel Barenboim, «Los maestros cantores de Nuremberg».

Con esta misma ópera -en un montaje de Wolfgang Wagner, repuesto por última vez- dirige él hoy la velada inaugural (nuevamente con Robert Holl, Andreas Schmidt, Emily Magee, más Robert Dean Smith y Attila Jun en los papeles estelares). Dirigirá el concierto conmemorativo y asume también «Parsifal», ópera con un supervetusto montaje de Wolfgang Wagner, con lo cual se despide éste para siempre como director de escena. El maestro berlinés, que declara «no saciarse nunca de Wagner», dirigirá en 2002 la nueva versión de «Tannhäuser» y tiene encomendada igualmente la dirección musical de la versión de "El anillo del nibelungo" de 2006. Los wagnerianos de pro están de enhorabuena, pues vislumbran que el Festival de Bayreuth, pese a restringirse férreamente a sólo diez obras de su fundador, volverá a brillar como faro y guía de la interpretación wagneriana.