Amor por los clásicos

Por P. M. VÍLLORA
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«El amor en los clásicos españoles» es el título de un recital con el que María Luisa Merlo y Pedro Civera recorrerán Galicia a partir del próximo martes. Y no sólo lo hacen en teatros cerrados, sino que en su gira también incluyen bellísimos espacios al aire libre, como el barrio medieval de Tuy.

-¿Por qué hacer un recital en lugar de una obra?

-Estaba un poquito cansada de personajes y de decir: «Buenos días. Buenas tardes». Además, un recital te da más libertad para compaginarlo con cine y televisión, que es lo que ahora tengo ganas de hacer, y también para organizar mi fundación benéfica, mis meditaciones... Me cansa menos, e incluso me da energía. Pedro Civera ha seleccionado este tema del amor y lo ha elegido muy bien, porque lo ha hecho al alcance de todo el mundo. Está basado en los Clásicos Populares de la radio; aquí son versos populares que el público va siguiendo, especialmente Bécquer y Zorrilla.

-¿Se hace un recorrido histórico?

-Sí. Va desde el Romancero hasta el Romanticismo, pasando por el Siglo de Oro. Hay varios anónimos junto a textos del Marqués de Santillana, Jorge Manrique, San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús... Porque también está el amor místico.

-¿Amor profano y amor místico?

-Sí. De amor profano hay todo tipo de relaciones porque, aparte de los versos que leemos en los atriles, están siete escenas que interpretamos. Y lo hacemos didáctico, porque Pedro explica quién es el autor, qué ocurre en esa función y qué les está pasando a los personajes. En «El castigo sin venganza» son una madrastra y un hijastro que están enamorados, un poco a lo Fedra, y es un amor muy tormentoso y con mucha culpabilidad. En «La devoción de la cruz», de Calderón, son hermanos y no lo saben. «El burlador de Sevilla» es más lúdica, pero en «Las mocedades del Cid» es la escena después de que el Cid haya matado al padre de Jimena, y aun así está dicho de tal manera que se casaron después de esa atrocidad. «Reinar después de morir», de Vélez de Guevara, me emociona mucho. «Don Álvaro o la fuerza del sino» es imposible de decir en serio, así que lo hacemos un poco en cine mudo, como cuando Marsillach montó «Antes que todo es mi dama». Y terminamos con la escena del sofá de «Don Juan Tenorio». Me he reconciliado con la Inés, que no me gustaba de joven y la prueba es que sólo la hice una vez. La rechazaba porque el Romanticismo es difícil de decir sin que te dé un poco de vergüenza, pero ahora estoy de otra manera por dentro y ahora esa escena me parece el despertar total de los sentidos. La pena es que ahora esté mayor para hacer el personaje, porque antes no lo entendí nada.

-¿A qué tipo de público se dirigen?

-El público entendido es el que degusta mejor los espectáculos; para qué nos vamos a engañar. El público al que le gusta la poesía y el teatro clásico es el idóneo.