Jeffrey Epstein
Jeffrey Epstein - Reuters

Las amistades peligrosas de Jeffrey Epstein

Trump, Clinton o el Príncipe Andrés figuran en el círculo de este multimillonario acusado de abusos sexuales

Nueva YorkActualizado:

Todos querían ser amigos de Jeffrey Epstein. En la competitiva vida social de Manhattan, donde las amistades son solo un activo más, e ste multimillonario salido de la nada era un valor en alza a finales de los años noventa y principios de este siglo. Era una mente brillante, un mago de las finanzas guapo, encantador, filántropo y dueño de una de las mayores mansiones de la ciudad, donde las fiestas eran gloriosas. También era un depredador sexual. Las chicas de sus fiestas, también sus asistentes, parecían demasiado jóvenes. Eso no importó demasiado al círculo granado con el que se rodeó: expresidentes, futuros presidentes, magnates de los medios, miembros de la realeza…

Han pasado dos décadas y el mundo ha cambiado. EE.UU. vive hoy escandalizado por los desmanes de Epstein, que contrataba a menores para que le hicieran masajes y luego abusaba sexualmente de ellas y que montó una red de abusos exigiendo a las víctimas que trajeran más chicas. El asunto ha hecho caer altos cargos de la política -ayer dimitió el secretario de Trabajo del Gobierno de Trump, Alex Acosta, que, como fiscal, le dio un trato muy favorable en 2008- y ha puesto en el disparadero a sus amistades peligrosas. Los que se iban con él de juerga y volaban en su jet privado ahora dicen que apenas lo conocían.

Epstein nació en una familia humilde de Coney Island, el barrio costero de Brooklyn. Abandonó dos veces sus estudios universitarios y acabó dando clase de matemáticas en un colegio privado exclusivo de Manhattan, contratado por Donald Barr, el padre del actual fiscal general de EE.UU., y protector de otro Donald, Trump, en las investigaciones de la trama rusa. Era un profesor carismático, que enamoró a las familias de la elite financiera neoyorquina. Uno de los padres le dio una oportunidad en banca de inversión. Ascendió como la espuma y en pocos años ya tenía su propia firma de gestión patrimonial. Tanto progresó que solo aceptaba clientes con un patrimonio mínimo de mil millones.

Ghislaine Maxwell y su socio Jeffrey Epstein
Ghislaine Maxwell y su socio Jeffrey Epstein - Reuters

El más prominente de su círculo fue Bill Clinton. Tras dejar la Casa Blanca a comienzos de 2001, su amistad se cimentó entre la generosidad filantrópica de Epstein y la incipiente labor de la Fundación Clinton. El ex presidente utilizó en varias ocasiones el jet privado de Epstein. Sus portavoces dicen ahora que solo fueron cuatro viajes. Los registros marcan 26 vuelos entre 2001 y 2003, en la época en la que según los investigadores los abusos de Epstein a menores ya habían comenzado. El problema no es cuántas veces se subió Clinton al avión, sino que a la nave se la conocía como «Lolita Express».

«Conozco a Jeff desde hace quince años, es un tipo formidable», dijo Trump a la revista «New York» en 2002. «Es muy divertido. Dicen que le gustan tanto las mujeres como a mí, y muchas de ellas son jóvenes». Hay fotografías de aquella época de los dos multimillonarios neoyorquinos disfrutando de fiestas juntos. Ahora dice que perdieron la amistad y hace quince años que no sabe de él.

Un viejo amigo de Epstein es el Príncipe Andrés, duque de York, habitual en sus fiestas. Una de las principales acusadoras de Epstein, Virginia Giuffre, asegura que le obligó además que tuviera relaciones sexuales con el miembro de la realeza británica, algo que niega el Palacio de Buckingham.

El Príncipe Andrés
El Príncipe Andrés - Reuters

Cuando Epstein fue finalmente puesto en manos de la justicia, se escapó del juicio con un acuerdo con la fiscalía que solo le obligó a pasar trece meses en la cárcel. A su salida muchos hicieron la vista gorda. Regresó su buena mano con las finanzas y sus abusos. El lunes volvió a ser detenido. En su mansión se encontró pornografía infantil. «No se ha reformado, no ha escarmentado, no se ha arrepentido», aseguró la fiscalía.