La agitada vida de los ex líderes políticos

Por BEATRIZ CORTÁZAR
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¿Qué ocurrió realmente en el helicóptero que llevó a Bill Clinton y a Naomí Campbell tras un acto en Colorado? ¿Qué tienen en común el ex presidente de los Estados Unidos y la ex musa de Gianni Versace? Poco o nada, según se mire. Clinton abrió despacho en el Bronx de Nueva York cuya tarima flotante debe de estar totalmente nueva por lo poco que la pisa a tenor de todas las conferencias que ofrece -cuentan que por un millón de euros-y Naomi Campbell también anda involucrada en causas humanitarias, ya sean por su apoyo a Nelson Mandela, al medio ambiente o a los problemas raciales. Mientras Clinton y Campbell coinciden en sus bolos, que diría una folclórica, Felipe González también disfruta de la buena vida de México donde se encuentra mejor que en su propia casa de Somosaguas. Como informamos en estas mismas páginas, la otra noche entregó un trofeo a una cantante que ha dejado la canción protesta y los boleros por la ópera y lo hizo en compañía del empresario Carlos Slim, con quien le unen muchas cosas aparte de una amistad. Como ya comenté en su día, su hijo Pablo mantiene relaciones con una Slim, y algunos aseguran que terminará en boda, enlace que supondría todo un acontecimiento en Hispanoamérica, donde Slim está considerado como el hombre más rico de todo ese territorio.

La nueva vida de Marc Ostarcevic

Superado el mal trago de una separación, arreglados los papeles y hablada la nueva situación, está claro que nuestros famosos saben recuperarse de forma increíble de sus crisis sentimentales. En todo el torbellino que supuso la ruptura del matrimonio Norma y Marc, lo inmediato fue pensar que la «víctima» era el abandonado y la «causante» la que abandonaba. Con las posteriores explicaciones de unos y otros, más los que se suman al carro, se dedujo que el matrimonio no estaba en su mejor momento y que había una crisis interna arrastrada de tiempo atrás. Ahora hablan algunos que callaban y cuentan lo que silenciaban. Esos «gargantas profundas» (el símil no es un póstumo homenaje a Linda Lovelace y sí un recordatorio al que filtró el caso «Watergate» a los dos reporteros del «Washington Post») cuentan y hasta aseguran que Marc tenía una «presunta» más buena amistad con una señora separada, cuyas iniciales responden a M.M., de estupendo porte, gracias a las muchas horas de gimnasia que se trabaja, rubia y de buena familia (socialmente hablando), y cuyos hijos, los de los dos, se conocen puesto que comparten pandilla en La Moraleja. Esta «presunta» relación no fue de un día ni de dos, y sí de largo recorrido, como los trenes. Lo que no me aclaran es si llegó a su destino o aún anda en marcha.