Adiós a la voz de un siglo

Esteban Leoz siempre estuvo dispuesto a superar cualquier contingencia. Se ha escrito que su aspiración era pasar a la historia como el tenor de más larga carrera, y así debe ser. Sólo la muerte, a

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Esteban Leoz siempre estuvo dispuesto a superar cualquier contingencia. Se ha escrito que su aspiración era pasar a la historia como el tenor de más larga carrera, y así debe ser. Sólo la muerte, a los 98 años, ha sido capaz de poner fin a una trayectoria profesional iniciada a los siete en su Olite natal donde intervino en una representación de «El barberillo de Lavapiés». Algún homenaje, en los últimos años, aún sirvió para que hiciera alarde de facultades.

Con todo, la longevidad fue una anécdota para quien llegó al siglo XXI portando la memoria de nombres y sucesos que hoy son historia de nuestra música. Tras el debut definitivo que en los años 30 hace con «Luisa Fernanda» en el Fuencarral de Madrid, siguió una carrera afirmada en la ópera al lado de otros notables como Mafalda Favero, Mercedes Capsir, María Espinalt, Ana María Iriarte, Raimundo Torres o Manuel Ausensi. Precisamente este último fue debutante en la compañía lírica de Leoz, con la que asumió labores empresariales a partir de los años cuarenta. Los también jóvenes Antonio Campó, Vicente Sardinero o María de los Ángeles Morales actuaron en ella, y al lado otros grandes como Beniamino Gigli, Tito Schipa, Marimí del Pozo, Mario Filippeschi o Celica Langa. «Tosca», «Madama Butterfly», «El barbero de Sevilla», «Manón», «Nabucco» y «Fausto» fueron piedras de toque en el repertorio.

Esteban Leoz fue menos asiduo a la zarzuela, aunque sus comienzos, la impronta de su hermano el compositor Jesús García Leoz y la vitalidad postrera del género, hicieron inevitable el contacto. Destaca la actuación junto a Marcos Redondo en el Fontalba de Madrid con «Los gavilanes» de Guerrero, así como el estreno, en los cuarenta, de «La venta de los gatos» de José Serrano y «La duquesa del candil» escrita por su hermano, compositor de extraordinaria vena lírica y sobre quien se sostiene uno de los pilares de la canción de concierto española del siglo XX. Precisamente, las grabaciones de Esteban Leoz se centran en esta zarzuela y en varias de las canciones unidas a otras de Joaquín Turina. Es una modesta imagen sonora para un cantante de larga experiencia y sólidos saberes, depositados en estudios como «La voz y el aire» y «Técnica universal del canto».

Alberto GONZÁLEZ LAPUENTE

ESTEBAN LEOZ