ignacio gil

Inés Arrimadas, entre las playas de Cádiz y la Costa Brava

La triunfadora de las elecciones catalanas quería ser arqueóloga cuando era niña. Recuerda una infancia cantando los goles del Barça, y si pudiera repetir un viaje se perdería por las calles de Roma

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Nunca tuvo claro que iba a hacer en la vida. De pequeña le gustaba la Historia, y hubo un tiempo en que fantaseaba con ser arqueóloga. «Indiana Jones, pero en tía», ríe desenfadada. Porque Inés Arrimadas (Jerez de la Frontera, 1981) sabe reírse. Mucho se ha escrito sobre su timidez, aunque quizás habría que definirla como una persona reservada. «No es que sea introvertida, pero no soy super abierta desde el primer momento. Hablar de según que cosas con desconocidos me incomoda».

Hoy es una de las mujeres del momento. Los resultados de su candidatura en Cataluña, donde Ciudadanos ha logrado ser la segunda fuerza, han descubierto un liderazgo emergente como pocas veces se había visto. Ella es el mejor ejemplo de que el partido es ya mucho más que Albert Rivera. Es una mujer perfeccionista, exigente y con carácter que en pocas semanas ha visto cómo cambiaba su vida y ha logrado forjar un liderazgo propio. En culquier caso, la comparación con Rivera nunca la incomodó. «Es el mejor político de España. No hay nada más frustrante que tu jefe sea un inútil. Esa comparación es un bendito problema».

Siempre fue de las que llevaban buenas notas. Más de letras que de ciencias, solo reconoce una asginatura que se le resistía un poco más. «Lo que peor se me daba era el dibujo técnico. En eso sí que soy malísima». Sí admite un defecto, que denota también una gran capacidad: «Yo era de dejarlo para el final pero luego me pegaba una pechada a estudiar y lo sacaba».

Esa niña aplicada tenía una gran pasión: el fútbol, y más concretamente, el Barça. Una jerezana, de padres salmantinos y que no se perdía un partido de los azulgrana. «A mí me cogió la época del Dream Team. Me escuchaba todas las noches a José Ramón de la Morena y a José María García. Hacía la liga fantástica de Marca...». De todos los recuerdos futboleros escoge uno sin dudar. «El gol de Koeman en Wembley no se me va a olvidar en la vida». Esa llama fue apagándose poco a poco, hasta los 18 años más o menos. «Me sigue gustando el fútbol y ver un buen partido. Pero poco a poco lo he ido siguiendo menos. Antes me sabía todos los jugadores. Ahora ya sé lo básico».

Con 18 años salió de casa para empezar la carrera. Se fue a Sevilla, para estudiar Derecho y ADE en la Universidad Pablo de Olavide. «Cuando llegó el momento de decidir qué carrera seleccionabas se impuso la vena racional», confiesa. Durante dos años vivió en una residencia universitaria mixta, antes de irse a un piso y pasar su Erasmus en Niza. Esta última experiencia le permitió dominar el francés. Habla también inglés y un catalán perfecto que ha sorprendido a los propios periodistas y políticos catalanes. Arrimadas siempre se ha tomado las cosas muy en serio. «En el trabajo soy muy seria, siempre me lo han dicho. Es verdad que me lo he currado».

Un trabajo que pronto se revirtió en éxitos profesionales. Aunque siempre reconoce que tuvo mucha suerte. «Nos venían a buscar. Pude elegir trabajo. Estamos hablando del año 2005, pleno boom económico».

Ni siquiera cuando estudiaba la carrera tenía claro por dónde iba a llevar su carrera laboral. Desde luego no en la política. Al terminar la universidad la contrataron en una empresa de servicios industriales donde llevaba el departamento de calidad y administración. Poco después fichó por la consultora D’Aleph y sin saberlo su vida empezaba a cambiar. El trabajo la obligaba a viajar mucho a Barcelona. Como la empresa tenía una sede en la ciudad condal decidió trasladarse. Una tarde de 2010 acompañó a una amiga a un acto de Ciudadanos. Ya conocía el discurso, y le atraía. Pero siempre había tenido una mala concepción de los partidos. Pero lo que vio le gustó. Y decidió dar el paso de adquirir un compromiso mayor. Al poco tiempo llamó la atención de los altos mandos del partido. Fue nombrada portavoz en cuestiones de juventud. Y llegó el gran momento. El partido le propuso entrar en las listas en las elecciones de 2012. «Era muy feliz en mi trabajo», dice. Siempre destaca lo importante que es para ella tener una estabilidad y una carrera profesional al margen de la política. «Siempre fui muy consciente de que si me metía en política tenía que dejar de lado mi carrera profesional. Si no hubiese podido acogerme a una excedencia quizás no habría dado el paso». Insiste en que no estará toda la vida en política. «Yo tengo una profesión y me puedo ganar la vida fuera de la política. Lo hacía antes y lo puedo hacer ahora»

Echa de menos el tiempo libre. En el que hacía lo que todos: «Iba al gimnasio o quedaba con las amigas». Eso era un poco después de que dejase de ir a clases de salsa, aunque no se reconoce muy bailarina. Ahora no tiene tiempo para el ocio, pero si tiene que elegir entre teatro o cine, prefiere lo primero. «En la escuela lo estudié dos años». Aunque va más al cine «porque es más asequible». La última película que vio fue «Inside Out» porque fue con sus sobrinos. «No habría ido a verla sino es con ellos, pero está chulísima». En cuestiones musicales se considera muy fan de Led Zeppelin. Pero si hay algo que le gusta de verdad es viajar. Se confiesa más de playa que de montaña. «Me quedo con las calitas de las Costa brava, pero también con las playas kilométricas de Cádiz», por fin aparece una esencia de acento andaluz. «Tenemos mucha suerte en España». Reconoce que tiene un viaje pendiente a la India, «en plan mochila, pero ahora no sé cuando lo voy a poder hacer». Pero si hay un lugar al que no se cansaría de volver es Roma. «Recuerda que soy arqueóloga frustrada».