El diseñador Manolo Blahnik
El diseñador Manolo Blahnik - efe

Manolo Blahnik: «La basura es necesaria para ver la belleza de las cosas»

Su nombre es una obsesión en forma de zapato. El creador de los manolos descifra sus fuentes de su inspiración

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-Señor Blahnik, ¿a qué desfiles y a qué fiestas le gusta ir durante la semana de la moda de Nueva York?

-Ah, pero, ¿es ahora la Fashion Week?

-Acaba de empezar.

-Yo no voy ya esas cosas, estoy muy mayor para eso, no me divierte. Antes, cuando no teníamos Internet, al menos había una especie de deseo de ver algo nuevo, de sentir algo nuevo…

Manolo Blahnik respondía a ABC, a saltos entre el español y el inglés, tras un evento en la librería Rizzoli, que acaba de estrenar su nueva sede en Broadway y la calle 26. Al diseñador español le pueden importar un pimiento las «semanasdelamoda», las fiestas corporativas, la tortura del «photocall» o la urgencia de los desfiles. Pero a la industria de la moda le pirra lo que haga o diga el creador de los zapatos «manolos». La sala de Rizzoli se atiborró de diseñadores, blogueros, clientes y entusiastas. La presencia más imponente fue la de su amigo Andre Leon Talley, miembro histórico de «Vogue», que desparramó su cuerpo y su ingenio desde el estrado.

Talley fue el encargado de presentar, cortejar e interrogar a Blahnik sobre su vida y sobre su nuevo libro, «Manolo Blahnik: Fleeting Gestures and Obsessions», un volumen para coleccionistas que destripa la carrera del diseñador nacido en Santa Cruz de La Palma a través de sus fuentes de inspiración.

En las páginas del libro se mezclan el arte -se nota que Blahnik conoce al milímetro la colección del Prado, incluye, por ejemplo, un retrato de María Luisa de Parma, de Mengs, y una escena isidril de Goya-, rincones del Sur de Italia, escultura clásica grecorromana, escritores -Gore Vidal por encima de todos-, capos de la moda de Diana Vreeland a Anne Wintour, fotógrafos -Cecil Beaton, Horst P. Horst-, estética africana y caribeña, figuras históricas como María Antonieta y mucho cine, sobre todo, actrices: Marlene Dietrich -«era la perfección», confesó el diseñador-, Katherine Hepburn, Romy Schneider, Geraldine Chaplin, Charlotte Rampling, Raquel Welch…

«El movimiento de las mujeres, eso es lo que más inspira», dijo Blahnik, que también señaló a la película Barry Lindon, de Stanley Kubrick, como «el momento visual más importante de mi vida. La combinación de Kubrick y Marisa Berenson es una inspiración constante para mí». El primer «choque visual» que recuerda es otra película, «Senso», de Luchino Visconti: «Tenía 11 o 12 años y me abrió los ojos a lo que debería hacer en el futuro».

España tiene también una posición privilegiada en este proyecto: «El libro está lleno de España: el Escorial, Lola Flores, Ángela Molina… Cuando era pequeño me pasaba los días escuchando a las muchachas que cantaban ‘Soy minero’» dijo canturreando la copla de Antonio Molina. Sobre la salud de la moda española, aseguró que «hay un futuro enorme, pero hay que tener mucha fuerza y paciencia. Los españoles somos un poco impacientes». También celebró el regreso de Sybilla -«me encanta ese periodo en España»- a la semana de la moda neoyorquina, después de un hiato de diez años.

El libro fue una excusa para disfrutar un intercambio dialéctico entre dos pesos pesados de la moda: a la derecha, Andre Leon Talley, con una toga verde y negra estampada con leones y adornada con parches de brillantes y dos colgantes largos -una cruz y un cuerno de marfil-, pluma afilada e influyente de la moda. A la izquierda, Blahnik, creador de una obsesión en los pies, con un traje amarillo plátano, zapato ‘spectator’ y calcetines y pajarita a juego, en azul y amarillo (“Hoy voy estilo sureño, como de Atlanta”, dijo, aunque el look también podría encajar en la plantación de plátanos, propiedad de la familia de su madre, en la que se crió en los años 40).

Talley aguijoneó a Blahnik con preguntas: ¿Las mejores mujeres de los 70? «Bianca Jagger y Paloma Picasso. Cada palabra que decían, cada movimiento era belleza». ¿La mejor escena con zapatos del cine? «Marlene Dietrich y sus pequeños tacones en ‘The Devil is a Woman’ y Barbara Stanwyck en ‘Pacto de sangre», con sus zapatillas de marabú. Por ella sigo haciendo ese calzado”. ¿Has visto algo que te inspire estos días en Nueva York? «Por desgracia, no mucho. Aunque he visto muchas mujeres guapas, muchas más que chicos. También en esta sala (en ese momento, algunas en el público tenían cara de pensar ‘¿Seré yo?’)».

La conversación transcurrió sobre todo por el terreno de la nostalgia, pero también hubo lugar para referencias contemporáneas. Desde Dietrich, la persona más importante en cuanto a estilo es Rihanna, anunció Talley. «¡Qué guapa! Sus movimientos son majestuosos, como Nefertiti o Grace Kelly», dijo Blahnik sin rastro de ironía hasta que comparó el traje que la cantante llevó a la gala del Metropolitan de este año con “una tortilla francesa gigante”.

«¿No hay demasiada basura hoy en día?», interpeló Talley en un momento de seriedad. «Sin basura, no podríamos ver la belleza de las cosas», respondió Blahnik. «Es necesaria».