Larisa Katz muestra tu extravagante tocado
Larisa Katz muestra tu extravagante tocado -  REUTERS
EL PULSO DEL PLANETA

Ascot: caballos y extravagancia

Se corre en Ascot la prueba más importante, la Gold Cope, que coincide con el Día de las Damas, la cumbre del barroquismo en sombrerería

LUIS VENTOSO
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Si la Reina Ana, que fundó las carreras hípicas de Ascot en 1711, levantase la cabeza y se acercase por allí, es dudoso que reconociese su invento en esta feria de las vanidades abigarrada y simpática. Los mejores purasangres del mundo siguen compitiendo. Pero Ascot es ante todo un gran sarao social, el festival de la extravagancia en sombrerería, rozando el kitsch, la ocasión de calarse la chistera y embutirse en un chaqué y atacar las burbujas del Bollinger. Un divertimento que moverá en cinco días a 300.000 espectadores y cuyas carreras repartirán seis millones de euros en premios.

En días de oligarcas rusos aterrizando en helicóptero y famosos de diversas cataduras hay un anclaje que mantiene el empaque: Isabel II. Cada día abre la jornada llegando en carroza al frente de la Royal Procession, parada a la que solo acceden los súper VIP, a quienes la Reina invita también a comer en su cercano castillo de Windsor. La veterana Soberana, de 89 años, dueña de una importante cuadra, ha ganado 22 veces las carreras de Ascot y compite este año con cuatro monturas.

A Ascot se puede ir de muchas maneras. Para acudir al graderío general se venden entradas desde 90 euros y como norma de etiqueta solo se pide que ellas se vistan «acorde a una ocasión formal», y ellos, de traje y corbata. Todo cambia si se logra acceder al anillo dorado, el Royal Enclousure, el cercado donde socializan y picotean los royals y sus invitados. Para penetrar ahí, donde sirven mayordomos y está proscrito el vil vaso de plástico, se requiere la recomendación de quien haya asistido al menos cuatro años. Hasta la década de los cincuenta no se dejaba entrar a divorciados (lo cual hoy dejaría aquello casi vacío). A los hombres se les exige chaqué y chistera. A ellas, vestido con falda por debajo de las rodillas y sombrero o tocado, de al menos diez centímetros de diámetro. Los expertos en etiqueta más cínicos dicen que hoy en día «la importancia de un evento en el campo se mide por el número de helicópteros que llegan». En Ascot aterrizarán unos 400.

Este jueves abrió la Gold Cope, una carrera de larga distancia (cuatro kilómetros). Pero las señoras eclipsarán a los jockeys, porque también se ha celebrado el Ladies’ Day, el día de las damas. Es la jornada de la sombrerería más barroca, donde se puede ver a mujeres con media selva en la cabeza: mariposas, pavos reales, montajes frutales delirantes... A su vera, los caballeros, muchas veces con chaqué de alquiler. Será también el día de los famosos, tras una apertura donde escasearon los de copete.

Ascot se encuentra en el Condado de Berkshire, al oeste del Gran Londres. El complejo ha sido rediseñado varias veces. La futurista grada actual data de 2006, obra de la multinacional de arquitectura Populous. Antiguamente el torneo marcaba el inicio de «La Estación», la temporada social en que las grandes familias volvían a sus mansiones de Londres tras la campaña de caza para, entre otros objetos, mover a sus hijas en el mercado nupcial. Pero los días de Jane Austen ya han volado.