Mario Vargas Llosa, Miguel Boyer e Isabel Preysler a su salida del restaurante marbellí La Fonda, en agosto de 1986
Mario Vargas Llosa, Miguel Boyer e Isabel Preysler a su salida del restaurante marbellí La Fonda, en agosto de 1986 - José Luis Álvarez/archivo abc

Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa, treinta años de una amistad peligrosa

Hace dos años coincidieron en un viaje a México y Perú. Según testigos, por entonces el matrimonio del Nobel con Patricia Llosa ya estaba «terminado»

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Marbella, agosto de 1986. En torno a la media noche Isabel Preysler, Miguel Boyer y Mario Vargas Llosa, a quien acompañaba su esposa Patricia, salen del restaurante La Fonda tras compartir mesa y mantel. Sonrientes, bronceados, relajados... La escena, captada por el fotógrafo de ABC, mostraba a la pareja del momento, Boyer-Preysler, apenas cuatro meses después de que su amor clandestino se hiciera público con otras fotografías consagradas a certificar la evidencia: Isabel y Miguel estaban enamorados. Los Vargas-Llosa aparecían como mera comparsa. Es bastante improbable que quienes disfrutaron de aquella cálida velada se les pasara por la imaginación que, casi 30 años más tarde, protagonizarían un triángulo amoroso en el que algunos ven un novelón y otros, un folletín.

Isabel Preysler y Miguel Boyer ya convivían, pero aún no se habían casado. Los Vargas eran marido y mujer desde 1965. Por aquel entonces, el escritor peruano, que era más amigo de Boyer que de Preysler, se encontraba en Málaga en compañía de Patricia. Instalados en la clínica Buchinger, se estaban sometiendo a tratamientos antiestrés.

Un mes antes, en julio del 86, la exmujer de Julio Iglesias y de Carlos Falcóhabía viajado con la revista «¡Hola!» hasta San Luis (EE.UU.), donde entrevistó el escritor. Allí conoció a Mario.

El 2 de enero de 1988, Boyer y Preysler sellaban su amor con una boda civil en Madrid. Pero varios meses más tarde, ya en 1989, en los mentideros de la Villa y Corte se hablaba de una crisis entre la socialite y el exministro socialista; también se decía que Preysler habría recurrido a Vargas Llosa como «su paño de lágrimas». Por aquel entonces, el escritor ya estaba metido en la arena política de su país natal, que d erivaría en su candidatura a la presidencia en 1990. Cuentan las malas lenguas que a Isabel le atraía la idea de convertirse en la primera dama del Perú y muchos ya veían al escritor como su cuarto marido. Ella no tardó en negarlo.

Ahora, cuando falta un mes para que se cumplan 29 años de aquel primer encuentro, «¡Hola!» ha unido el tercer vértice del triángulo. Esta semana, la revista publicaba en portada unas imágenes de Presyler junto al Nobel paseando por Madrid tras un almuerzo para dos. Una instantánea que «¡Hola!» no habría difundido sin el consentimiento de la viuda de Boyer.

La revista señalaba que Vargas Llosa se había «separado» de Patricia, con la que «mantiene una relación cordial». También, que Isabel y Mario conservan «una amistad que las circunstancias de sus vidas han hecho que se afianzara últimamente». El mismo día del reportaje de «¡Hola!», Tamara Falcó, la cuarta hija de Isabel, confesaba a Beatriz Cortázar que lo que quería era ver feliz a su madre y que por eso no había ningún reparo a la hora de aceptar esta relación.

Reencuentro en un yate

El 27 de febrero de 2012, Boyer sufría un ictus por el que se sometió a una dura rehabilitación. Murió en septiembre del pasado año. «La soledad de la ausencia de Miguel la sufrí muchísimo durante su enfermedad (...) Reconozco que fue entonces cuando verdaderamente perdí a mi compañero de viaje», contó Preysler en una entrevista para «¡Hola!».

Un año después del ictus de Miguel, la socialite y el escritor habrían coincidido en un viaje a México y Perú organizado por la petrolera mexicana Pemex junto a uno de los hijo del magnate Carlos Slim. «Entonces ya había cierta química entre ellos», cuenta un testigo, quien detalla que estuvieron en Isla Mujeres, en el yate de Slim, «junto a otros matrimonios». Una información que representantes de la petrolera no han confirmado ni desmentido a este diario. «Vargas Llosa no fue con Patricia, su relación estaba terminada, ella solo le acompaña a los actos oficiales. Boyer no estuvo en el viaje porque ya estaba enfermo», sentencia el testigo.

Ahora parece que el tiempo ha ordenado los sentimientos que florecían bajo una simple amistad. Lejos quedan las palabras de agradecimiento que Vargas Llosa dedicó a su esposa con motivo del Premio Nobel. El jueves, tras ser sorprendido en un taxi, confirmó ante las cámaras de «Sálvame» que está «separado». Es su primera incursión en la prensa del corazón, cuya artesanía tanto criticó en su ensayo «La civilización del espectáculo». Quizá arranque ahora su novela más incierta, aquella que de ninguna manera el escritor peruano podrá comenzar pensando en el final.