Uno de los retratos de Marisol
Uno de los retratos de Marisol - archivo césar lucas

«A Marisol le cuesta revolver las cosas del pasado», dice su fotógrafo

César Lucas muestra 48 imágenes de la artista malagueña tomadas entre 1963 y 1974

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«El mito Marisol no ha muerto». Lo tiene claro César Lucas, el reportero español que más retrató a la cantante y actriz española que desde hace tres décadas apagó los focos de su vida. La imagen de la que fue niña estrella «resucita» hasta el 23 de julio en una exposición, «El resplandor de un mito», con medio centenar de retratos en la sala La Térmica de Málaga.

Pero Marisol (4 de febrero de 1948) no ha querido accionar de nuevo el interruptor ni un segundo. «Le sigue costando revolver las cosas del pasado», reconoce César Lucas, que la avisó e invitó, pero ella ha preferido permanecer al margen. Es más, «sospecho que está molesta por el ruido mediático que se ha montado», señala el fotógrafo a ABC. «Sabe que la puerta de la exposición está siempre abierta para ella de manera privada» y no descarta que antes de la clausura quiera verla.

Fue en 1963, cuatro años después de que la niña Marisol se hiciera famosa, cuando César Lucas la retrató por vez primera. «Yo trabajaba para el diario Pueblo, que cada año elegía a una serie de famosos y en 1963 entre ellos estaban Marisol y la duquesa de Alba. A partir de ahí, me llamaban para fotografiarla en sus cumpleaños, los rodales, los estrenos, las portadas de los discos, cuando se cambiaba el pelo...». «La veía un día sí, un día no. Me daban portadas y reportajes de ella cada dos por tres».

A pesar de todo, César Lucas no sabe por qué decidió finalmente retirarse cuando muchos veían todavía una carrera más larga a pesar de que era una artista «a la que habían exprimido». El fotógrafo reconoce que «nunca» tuvo «una relación íntima con ella. Tuve mucha relación profesional, grata y de confianza, pero no puedo decir que fuera mi amiga. Su intimidad la toqué poco». En todo caso, «creo que todo empezó a cambiar a raíz de que (en 1986) la dejó Antonio Gades con sus tres hijas. Eso pudo ser la puntilla», añade.

El trabajo de desempolvar negativos y dispositivas del archivo personal ha sido arduo. Pero «lo más difícil ha sido reducir a 48 la muestra, pues había mucho material bueno», reconoce César Lucas. «La selección final se debe a la comisaria de la exposición», Sylvie Imbert, reconoce el fotógrafo «satisfecho» con el resultado. «Hacerlo yo mismo hubiera sido como arrancarme los dedos», asegura. «Y ninguna de ellas fue robada porque nunca la esperé escondido a la salida de una discoteca», apostilla orgulloso.

La memoria de aquellos años de presencia en las revistas, la televisión, las pantallas de cine y los escenarios sigue fresco en la calle. Se ve reflejado en que la mayoría del público que visita la muestra no es el habitual que pueda verse en una exposición fotográfica, reconoce César Lucas. Las fotografías de la exposición fueron tomadas entre 1963, tres años después de su primera película, «Un rayo de luz», y 1974, una década antes de que Marisol decidiera quedarse de manera definitiva entre bambalinas. Numerosas familias desfilan ante las fotos con las abuelas y los padres al frente dando explicaciones a sus nietos mientras se hacen fotos con los teléfonos móviles delante de las obras, cuenta el fotógrafo.

La niña Marisol saltó al estrellato en 1959 tras ser reclutada con once años como artista de las filas de un grupo de coros y danzas. A finales de los setenta se rebautizó como Pepa Flores. Y desde mediados de los ochenta, tras haber sido militante comunista, prefiere vivir en Málaga como Josefa Flores González. Sus apariciones delante de los flashes son contadísimas. Unas horas antes de que «El resplandor de un mito» se inaugurara, una mujer en silla de ruedas asistió emocionada a la sala. Era María González, madre de Marisol. Ella tiene la puerta abierta.