Vergara y Loeb en una imagen de 2013
Vergara y Loeb en una imagen de 2013 - cordon

El exnovio de Sofía Vergara, en defensa de sus embriones congelados: «Tienen derecho a vivir»

Carta abierta de Nick Loeb a «The New York Times», en la que insiste en su deseo de ser padre pese a su ruptura con la actriz

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La batalla legal entre Sofía Vergara y su exprometido, el financiero Nick Loeb, sobre qué se hará con unos embriones fertilizados y congelados propiedad de ambos, ha ido un paso más allá. En una carta abierta a «The New York Times» publicada ayer, Loeb, de 39 años, expresa su deseo y derecho a que no sean destruidos ahora que entre él y la protagonista de «Modern Family» ya no existe relación sentimental alguna. Cabe recordar que la pareja se embarcó en 2013 en un proceso de fertilización in vitro, por el deseo de ambos de formar una familia en común. Vergara, que por aquel entonces tenía 40 años, había sufrido cáncer de tiroides y la radiación le dificultaba tener otro hijo (en 1992, fue madre con su primer marido, Jon González). El tratamiento de fertilidad les permitiría tener descendencia en un futuro a través de un vientre de alquiler.

Sin embargo, Vergara y Loeb rompieron su compromiso el pasado año. Ella ahora tiene la intención de casarse con su actual pareja, Joe Manganiello; y él la ha demandado, acusándola de querer destruir los embriones congelados. Sofía Vergara dice que no es esa su intención, pero la batalla judicial entre ambos ha comenzado.

En su misiva al rotativo neoyorquino, Loeb afirma que él se ofreció «a pagar por todos gastos» para fertilizar y congelar dos embriones de Vergara. Sus planes eran implantarlos en un vientre de alquiler y criarlos juntos. «Si ella no quiere compartir la custodia, me gustaría asumir mi responsabilidad parental al completo y según el acuerdo al que se llegó con la donante». Al parecer, la ruptura estuvo motivada porque Loeb le dio un ultimátum a Vergara para tener hijos. «Ella se ha negado», escribe. Y cuenta, además, que sus padres se divorciaron cuando él era apenas un bebé, y que fue criado por una niñera después de que su padre ganara la custodia. Su madre «prácticamente desapareció» y murió cuando Loeb tenía 20 años.

En el texto, Loeb plantea preguntas objeto de una reflexión ética: «Cuando creamos embriones con el propósito de la vida, ¿no deberíamos definirlos como la vida, en lugar de como una propiedad? ¿Basta el deseo de una persona para evitar la paternidad biológica (libre de obligaciones legales) más allá de sus creencias religiosas? Una mujer tiene derecho a llevar a término un embarazo, incluso si el hombre es utilizado como objeto. ¿No debería un hombre que está dispuesto a asumir todas las responsabilidades de paternidad tener un derecho similar para proteger sus embriones y que germinen en otra mujer? Estas son cuestiones que, a diferencia de aborto, no tienen nada que ver con los derechos sobre el propio cuerpo, y tienen todo que ver con el derecho de los padres a proteger la vida de su hijo no nacido». El debate, pues, está abierto.