María Luisa Ponte, María Asquerino y Pilar Bardem han contado en jugosas memorias sus amores con Agustín González, sobre todo Ponte. Ambos iniciaron su larga relación en 1954
María Luisa Ponte, María Asquerino y Pilar Bardem han contado en jugosas memorias sus amores con Agustín González, sobre todo Ponte. Ambos iniciaron su larga relación en 1954 - abc

Agustín González, el seductor que provocaba peleas de gatas

María Luisa Ponte se enzarzó con María Asquerino y Pilar Bardem por el actor

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¿Jorge Mistral? ¿Paco Rabal? ¿Coronado? No. El gran galán del cine español es Agustín González. Que se mueran los guapos. Y si no, que se lo digan a María Luisa Ponte, María Asquerino y Pilar Bardem. O sólo a esta, la única que queda viva. Sincronicemos las memorias de las tres. La Ponte, claro, lo vio primero. Empezaron a salir en 1954. Durante las representaciones de «La mordaza». «Casi puedo decir que me enamoré de Agustín González porque me rascaba muy bien los pies», cuenta la actriz en « Contra viento y marea». Mantenían casas separadas, nunca se casaron, pero al principio él, diez años más joven, quería hacerlo. «Aunque de joven él era muy simpático, no vendía una escoba entre las mujeres. No era ni un seductor ni un rompecorazones. Yo, en cambio, era un bombón».

Las palabras que Ponte dedica a Agustín González en sus memorias, ya mucho tiempo separados, son cariñosísimas. Hacia el actor y hacia la persona. Pese a los líos. «De repente, Agustín se convirtió en un hombre seductor. Las mujeres se le ponían tan a tiro que a ver qué iba a hacer...». Y aquí vienen las partes más divertidas de sus memorias. Por cómo las cuenta. Porque nos lo imaginamos todo relatado con su poderosa voz (cómo habría sido un audio-libro). Un día, buscando algo en la agenda de Agustín, se encuentra un telegrama sin firmar: «Hoy te quiero más que ayer, pero menos que mañana». Y apunta: «Desde luego, la amante en cuestión era de una originalidad absoluta». Junto al telegrama encontró una medalla sin valor, una estrella de cinco puntas, y se la guardó. Preguntó a González quién era esa cursi que lo quería más que ayer, pero menos que mañana. Él se resistió, pero al final confesó, pidiéndole que no se vengara.

Una tarde la vio en la barra del café Dorín. «Eh, tú. P. B. me parece que te llaman… ¿Es tuya esta medallita de mierda?». La otra lo negaba asustada. Le dijo que al señor González sólo se le regalaban cosas de oro o muy buenas. Le sacó también el telegrama, advirtiéndole que no volviera a mandarle otro. P. B. fue a darle una palmadita cariñosa. «Si me tocas la cara, te doy una bofetada que no tienes por dónde salir de este café. Sinvergüenza, asquerosa». Aunque no llegó la medalla al río: «Desde este episodio, P. B. y yo nos llevamos muy bien… Y sobre todo es que P. B. es hermana de un amigo mío». El amigo director que había dicho que Agustín González no servía para el cine porque era miope. Años después, en «La Bardem, mis memorias», la artista antes conocida como P. B. cuenta que Agustín fue el gran amor de su vida. «Una pasión así, con suerte, se tiene una vez en la vida». Eso lo dicen en «Los puentes de Madison». También cuenta que González convivía entonces con María Luisa Ponte y que hubo entre ellas «una pelea entre gatas».

Mensajitos en el parking

Otra felina, María Asquerino, con la que acabaría también reconciliada. A esta la Ponte sí la nombra porque Maruja, como ella y tantos la llamaban, había contado ya la relación en sus memorias. Se chivó la madre de Asquerino. La Ponte los pilló en el parking de la plaza de Santa Ana, donde se dejaban mensajitos. «Bajé al aparcamiento, y allí estaban los dos, dentro del coche. Ya no pude pensar. La agarré por los pelos y empecé a gritar sin soltarla: ¡puta, puta, puta!». Le quitó varios mechones. Maruja se quedó en el aparcamiento recogiéndolos para luego mandarlos a los padres de Agustín. La madre de este los remitió a María Luisa, que los tiró por el retrete. «Desde entonces, cada vez que me la encontraba le sacudía». Una vez en el Oliver la levantó de la silla y con el bolso empezó a darle una y otra vez mientras repetía «¡puta, puta, puta!». Y más: «“Puta, que te estás acostando con todo este café”. Pero nadie contestó nada». Según las memorias de Asquerino, sí contestaron. El director Angelino Fons: «Conmigo no. Qué más quisiera yo». Y Jorge Fiestas: « Esto no es un café, esto es un club. ¿Qué se ha creído esta señora?».