Doña Elena y Jaime de Marichalar en febrero de 2010
Doña Elena y Jaime de Marichalar en febrero de 2010 - EFE

Los 20 años que hubieran festejado los Lugo

Dos décadas después de su boda, Doña Elena y Jaime de Marichalar apenas se hablan. No comparten amistades ni aficiones. Ambos siguen solteros

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El pasado lunes, Jaime de Marichalar llegaba a la convocatoria del premio de poesía Loewe minutos antes de que los invitados se dispusieran a comer en un salón del hotel Palace. Esta vez evitó el cóctel previo donde se forman los habituales corrillos, tal vez con la idea de eludir las preguntas de algunos asistentes. Con un gesto serio y sin más aditivos que su estudiada vestimenta, Marichalar se sentó junto a su íntima amiga Marisa de Borbón y su hija, Alejandra. Divorciado y sin un amor confeso, éste es uno de los pocos actos sociales a los que acude cada año como asesor del grupo del lujo LVMH. Un puesto que consiguió durante su matrimonio con la Infanta Doña Elena.

Ese mismo día, apenas unas horas después, la Infanta acudía a la exposición de Cristina Duclós en la galería Ansorena. Se trataba de un acto privado, ya que no figuraba en agenda, y respondía a la buena relación que la duquesa de Lugo mantiene con Duclós, la pintora favorita de Isabel Preysler. Un encuentro amable, al que también se sumó el duque de Huéscar. Al igual que su exmarido, la hija mayor de Don Juan Carlos y Doña Sofía sigue sola y sin rehacer su vida sentimental. Este parece ser el único punto en el que ambos coinciden, ya que siempre han sido como el agua y el aceite: no sólo diferentes, sino totalmente incompatibles. Y con el tiempo, aún más.

Relación muy fría

El pasado miércoles tendrían que haber celebrado su vigésimo aniversario de boda, de no haber anunciado el «cese temporal» y posterior ruptura definitiva. Fue un 18 de marzo de 1995 cuando Sevilla se volcó para celebrar el enlace de la primogénita de los Reyes. Era la primera boda real que tenía lugar en suelo español desde la de Alfonso XIII, en 1906. De su unión nacieron dos hijos, Felipe Juan Froilán y Victoria Federica, hoy dos adolescentes que han tenido que vivir en primera persona la ruptura matrimonial de sus padres y no precisamente de manera amistosa.

Aunque fue en 2009 cuando firmaron el divorcio, dos años antes ya se anunció la separación, que jamás tuvo vuelta de hoja. Desde entonces, la relación entre Jaime y Doña Elena ha sido la justa y necesaria por sus hijos. Pero ni el paso del tiempo ni el cambio de vida han logrado acercarles, aunque sólo sea como amigos.

Fuentes cercanas saben que no tienen trato y que la Infanta no quiere saber nada de la vida y obra de Marichalar. Desde el día en que abandonó con sus hijos la casa que Jaime tiene en propiedad en la calle de Ortega y Gasset para regresar al Palacio de la Zarzuela, la ruptura fue total. Hasta tal punto que hicieron una serie de consultas para estudiar una posible nulidad matrimonial, proceso que finalmente no se llevó a cabo.

Aunque se trataba del domicilio familiar cuando salió Doña Elena, ella no reclamó seguir en la vivienda que Marichalar había adquirido gracias a la herencia que le dejó una tía. Sí pidió la custodia de los menores. Con ayuda de su padre, se compró una casa en el barrio del Niño Jesús, donde vive desde entonces. Es curioso comprobar cómo a Doña Elena se la puede ver en Mercadona o montando en bicicleta por el Retiro, de la misma manera que a Marichalar es fácil verle pasear por las tiendas de su calle, la Milla de Oro de Madrid, con firmas como Hermès, Louis Vuitton, Armani, Loro Piano... Para el recuerdo quedan las tremendas imágenes del duque paseando en patinete con los escoltas corriendo detrás, y que tan mal sentaron en su familia política. « Es un dandy incomprendido», dice un amigo. Y tanto.

Amistades de moda

La expareja no comparte amistades ni aficiones. La Infanta mantiene sus fieles de la adolescencia, como su íntima Rita Allendesalazar, con quien pasa muchos fines de semana en su finca; también ha recuperado a sus compañeros de la hípica, incluido su ex Luis Astolfi. Por su parte, Marichalar prefiere moverse por los salones de moda y quedar con amistades más recientes, como Naty Abascal, Veva Longoria (con quien incluso alguien quiso insinuar que tenía algo más que amistad), Rosa Marial (novia del propietario de la joyería Rabat), Nuria González o Nieves Álvarez. Todo señoras estupendas con las que le gusta codearse, pero sólo para hablar. En estos seis años como divorciado, no se le ha conocido ni un romance.

La vida de Jaime no es tan activa como antaño. Perdió algunos consejos donde estaba cuando era duque y hoy vive entre Madrid, París y Londres, donde estudia su hija en un internado femenino. También el polémico Felipe Juan Froilán está en régimen interno en un centro de Sigüenza, tras repetir dos veces el mismo curso. La personalidad y el carácter del mayor de los nietos de Don Juan Carlos ya apuntaba maneras incluso en los años en los que sus padres estaban juntos. Y eso, unido a verse en titulares de prensa cada vez que hace una de las suyas, es algo que no ayuda a su formación. De ahí, el empeño de su padre en mantenerlo al margen.

Alérgico a las cámaras

Eso no quita para que, obsesionado con que le dejen tranquilo, Marichalar se haya convertido en uno de los personajes mas antipáticos para los reporteros. No soporta que le retraten y no lo disimula. Seguramente considera que, una vez divorciado de la Infanta, ni tiene ni debe regalar sonrisas. Otra coincidencia con su exmujer, que salvo en actos institucionales tampoco es amiga de que hablen de ella. «Es la más Borbón de todos. Tiene mucho carácter, pero es muy humana», cuenta una amiga.

En la familia, Elena se ha convertido en pieza clave ya que no sólo es la que mejor se lleva con su padre, sino que también es la que más tiempo pasa con su hermana la Infanta Cristina, como ocurrió esta Navidad cuando decidió ir en su coche hasta Vitoria. Allí disfrutó de unos días en compañía de Doña Cristina y sus sobrinos, con todo el maletero lleno de regalos para los niños. «Con Jaime tiene cero relación. Nunca quiere hablar de él ni contar lo que pasó», añade la misma fuente. Incompatibles y totalmente diferentes. Veinte años después, ni atisbo de aquel amor que se prometieron que sería para siempre.