Antoñita posa para ABC en la peluquería del Teatro Español
Antoñita posa para ABC en la peluquería del Teatro Español - angel de antonio

Antoñita, la mujer que peinó al Hollywood dorado en Madrid

Por sus manos han pasado Sofía Loren, Ava Gardner o Ana Belén. A sus 90 años es una leyenda viva del Teatro Español

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La jornada de Antoñita (Telesfora Galiana) empieza a las ocho de la mañana en el taller de pelucas que, desde hace 32 años, compagina con la peluquería del Teatro Español. Mientras se la espera en la puerta, suena un secador a toda potencia. «Vamos Chemita, date prisa que no me gusta hacer esperar», dice con tono de preocupación a su ayudante. «Antoñita, te esperan a ti, esta tarde eres la estrella». Nada más abrir, aparece con andares firmes (envidiables para una mujer que en enero cumplió 90 años) y una sonrisa inapagable.

Es una mujer muy presumida. En una mano lleva dos sortijas que le regaló su marido -el prestigioso peluquero Julián Ruiz, ya fallecido-: una de esmeraldas y otra en forma de lazo con una perlita y brillantes minúsculos. Camuflados por los dos anillos, asoma discretamente la alianza de «Julipi» junto a la suya.

Cuando el Español se quedó sin peluquera, el gerente llamó al señor Ruiz. «Nos reunimos los dos con él, porque yo siempre iba con mi marido. Le preguntó a Julipi si conocía alguna peluquera. Y le dije: “Don Pedro me vengo yo” y mi marido me miró diciendo: “Te mato”». Así llegó Antoñita. «A mi marido no le gustó mucho la idea porque teníamos mucho trabajo en el taller», cuenta como quien da una versión oficial, para luego reconocer entre risas y una mirada de nostalgia y cariño: «Además, no podría ir a pescar con él los domingos por la mañana porque tendría que venir al teatro».

Por las manos de Antoñita han pasado desde Sofía Loren o Ava Gardner hasta Aitana Sánchez-Gijón y Ana Belén, que son grandes amigas suyas. A los 14 años comenzó a trabajar en el legendario taller de los Ruiz, donde conoció a su marido. Juntos participaron en las superproducciones de la compañía Bronston, cuando Hollywood se instaló en Madrid en la década de los sesenta y se rodó «Rey de Reyes», «El Cid», «Doctor Zivhago» o «55 días en Pekín». De los actores americanos que por aquel entonces se instalaron en la capital, Antoñita asegura que eran «gente muy respetuosa» que obedecían en todo al director de arte: «Cuando se sentaban en el sillón no se quejaban por nada de lo que les hacías». Y añade: «con los españoles había más confianza y te podían decir “quítame un poquito de aquí o ponme un poco allá”. A lo mejor los extranjeros también lo hacían, pero como no les entendías...». Recuerda como si fuera ayer cuando vio a Sofía Loren por primera vez. «Me pareció una mujer guapísima y simpática. Aunque no lo parezca era tímida». ¿Y Ava Gardner? «Muy guapa pero muy antipática. No te imaginas lo hermosa que era, pero marcaba muchas distancias».

Setenta y seis años ejerciendo como peluquera dan para tener una visión muy amplia de la evolución del oficio. «Para planchar una peluca rizada tenías que pasarle el cepillo y a continuación la plancha de ropa. Para que no se estropease, tenías que peinarlo con brillantina». Además, Antoñita reconoce que el pelo para hacer pelucas de hoy en día no es el mismo que cuando se lo compraban «a los gitanos»: resulta muy caro y no se obtiene el mismo resultado: «El de ahora viene de la India y lo limpian con productos químicos muy fuertes y cuando vas a teñirlo no sale del mismo color».

La Movida madrileña

Para Antoñita, La Movida madrileña llegó con forma de trenzas de 20 colores, las hacía en la peluquería de Rosa Zabala, situada en la plaza de las cortes. «Había jóvenes que me pedían un peinado que se pudiera quitar rápido para que no las vieran sus madres con esas melenas».

Durante la entrevista llegan varias mujeres del teatro a verla. La peluquería del Español es como la cocina de cualquier hogar, donde «siempre hay buen ambiente» y se organizan las mejores tertulias. «Hace años aquí había una mesa camilla donde nos reuníamos y después de cenar jugábamos al póquer, a mí siempre me ganaban». Como cualquier mujer que ha pasado años junto a su marido, Antoñita recuerda todo lo que aprendió de él. «Julipi siempre me decía que en el teatro tienes que respetar a toda la gente con la que trates. Y no hablar mal de nadie». Y ganas no le habrán faltado porque en la peluquería los actores también pasan momentos de muchos nervios: «Antes de los estrenos pasan momentos muy difíciles y tienes el deber de estar a su lado».

No hay ningún director de cine o actor que no la conozca: es una leyenda viva. Tiene en su haber la medalla de plata de las Bellas Artes y el premio Segundo Chomón de la Academia de Cine. Ahora el Teatro Español le hará un retrato que compartirá con grandes amigos como Mario Vargas-Llosa, Concha Velasco y José Sacristán. Por eso, se agota cada vez que alguien le pregunta cuándo se va a jubilar. «Aquí nadie quiere que me jubile y eso me da mucha vida», dice. Y sentencia: «A mi en casa me puede doler todo, pero en cuanto cojo un taxi en dirección a la calle Príncipe para venir al Español, se me han quitado todos los dolores». El teatro como analgésico, ahora de verdad.