Pablo de Hohenlohe en el pazo
Pablo de Hohenlohe en el pazo - fundación casa ducal de medinaceli

Los Medinaceli alquilan su «Versalles gallego» para retiros espirituales VIP

Pablo de Hohenlohe, hermano del nuevo duque de Medinaceli, enseña a ABC el Pazo de Oca, que en mayo abrirá por primera vez sus puertas al público

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«Será la primera vez que se abra al público el interior del palacio», adelanta Pablo de Hohenlohe, nieto de la fallecida Victoria Eugenia Fernández de Córdoba y Fernández de Henestrosa –Mimi para sus amigos y familiares–, la única duquesa de Medinaceli por derecho propio y la aristócrata que reunía más títulos que nadie en el mundo, incluso más que la Casa de Alba. «Hasta la fecha solo se visitaban los jardines, pero ahora se puede alquilar todo el pazo para unas vacaciones con amigos, reuniones de empresa, actos familiares o celebrar un retiro como el que está organizando mi mujer, María del Prado, para quien busque desconectar del mundanal ruido», añade el aristócrata.

El Pazo de Oca (Pontevedra) está considerado el más importante y mejor conservado de Galicia –de ahí que se conozca como «el Versalles gallego»– y es un monumento señorial donde parece que se ha detenido el tiempo. «La ‘‘sala de los cuatro aposentos’’, el salón de juegos, la galería de retratos de los distintos señores de Oca… todo sigue igual que cuando se decoró en los años veinte del siglo pasado. Sólo se han cambiado las tuberías y añadido algunas comodidades, como calientatoallas en los cuartos de baño y otros detalles de lujo», explica Hohenlohe, que es presidente adjunto de la Fundación Casa Ducal de Medinaceli. El servicio –dicen– es tan exquisito como el lugar. Lo mismo llevan a los clientes el desayuno a la cama que preparan un picnic con los productos de la huerta para una excursión o sirven una cena a la luz de las velas en el jardín.

«Todo está muy cuidado para que los inquilinos disfruten de vivir como duques», bromea el hermano de Marco de Hohenlohe, nuevo duque de Medinaceli. «Y de la belleza y la tranquilidad de su entorno», añade su mujer. Y es que en este lugar, donde Valle Inclán se inspiró para escribir su «Sonata de otoño» (1902), reina el silencio. Ese fue el motivo por el cual María del Prado decidió organizar un retiro Health & Heritage abierto a quien se quiera animar «a meter las manos en la tierra, conectar con la vida y alcanzar la paz». El objetivo es disfrutar de una semana de calma. «Que dejen de pensar en el pasado y el futuro, y disfruten de todas las cosas bonitas que pasan en su presente». Lo dice esta mujer que aprendió a hacerlo tras superar un cáncer. La enfermedad le sirvió para darse cuenta de que tenía mucho que agradecer a su cuerpo, «que habíamos pasado mucho juntos, y yo debía cuidarlo y quererlo, más allá de estar guapa».

Yoga y meditación

El retiro espiritual de los Medinaceli, que se realizará en mayo, comenzará en la mañana con un té de camelia o hierbaluisa (de la huerta), clase de yoga (a cargo de la gurú Arianne Pieper) y meditación; después se servirá un desayuno orgánico y vegetariano (zumos verdes, avena, pan de centeno y espelta, frutos secos y fruta) y tres horas de trekking por parajes impresionantes donde, entre otras cosas, los visitantes podrán abrazar árboles para entrar en contacto directo con la naturaleza. El almuerzo será a base de verdura del huerto, legumbres, quinoa y algas. Descanso y masajes y, a última hora, el jardinero que mantiene Oca desde hace años impartirá clases de floricultura –es profesor y poeta– y el grupo recogerá las verduras para la cena. La jornada terminará con otra clase de yoga y una meditación con reflexiones mindfullness antes de dormir. «Es una semana ‘‘detox’’ de mente y cuerpo. El objetivo es limpiar el hígado y el ‘‘efecto secundario’’, bajar de peso».

Perfumes y otros caprichos

El alquiler del palacio de Oca es solo una de las iniciativas que Hohenlohe tiene en marcha para mantener reunido el patrimonio de los Medinaceli, conseguido durante siglos de historia familiar. «Cuando se murió mi abuela, el tío Ignacio de Medina (duque de Segorbe) me pidió que me involucrase más en la Fundación Casa Ducal de Medinaceli, de la que él es presidente, y todos los nietos, patronos. Tenía que buscar fórmulas nuevas de financiación para los monumentos en los que los ingresos no son tan fluidos como los de la Casa de Pilatos o la Capilla del Salvador, donde las visitas cubren los gastos de mantenimiento. La idea me apeteció porque así podría desarrollar la marca que tenía en mente y que empezaba dando nombre a algunos productos que salían del pazo», apunta Pablo.

Hace varios años que allí se venden miel, confitura de higos y alguna conserva más, elaboradas de una manera artesanal por los empleados, siguiendo las recetas de don Manuel, el párroco que vivió allí hasta su muerte hace siete años. El joven emprendedor las ha reunido y está creando nuevos productos bajo la marca Duquesa de Medinaceli. «Mi abuela era extremadamente discreta y jamás habría aceptado este protagonismo que una marca comercial podría darle. De alguna manera, usar su nombre es un poco un homenaje».

Pablo se ha involucrado al cien por cien en este proyecto, y lo primero que lanzará, en abril, serán perfumes y velas que recrean los aromas de las tres casas más emblemáticas: el Pazo de Oca en Pontevedra, el Hospital Tavera en Toledo y Casa de Pilatos en Sevilla. «La fragancia del primero está inspirada en el bosque que rodea el palacio; la segunda tiene notas de las plantas medicinales que se encuentran en los alrededores del hospital toledano; y en la tercera predominan los naranjos y la flor de azahar del jardín sevillano». Los perfumes podrán ser adquiridos en 400 puntos de venta.

Aceite con historia

Lo siguiente que estará en el mercado serán los jabones del Castillo de Sabiote («en ese pueblo se elaboran algunos de los mejores jabones de España») y, por último, un aceite de oliva virgen extra, que elaboran para ellos sus vecinos de Castillo de Canena (la fortaleza perteneció a los Medinaceli desde el siglo XVI hasta hace unos años). «La idea llegó leyendo la historia de la familia. Descubrí que en el siglo XVII fue un duque de Medinaceli quien introdujo en España, desde Palestina, una variedad de aceituna que plantó en su castillo de Arbeca (Lérida) y a la que llamó arbequina. ¿Cómo no iba a lanzarme a elaborar un aceite que llevara su nombre?», exclama. Además, otra de las propiedades familiares, la Sacra Capilla del Salvador de Úbeda (donde se encuentra el único Miguel Ángel que hay en España) cuenta con un olivar desde el siglo XVI. «Estas historias de la Casa Medinaceli me han inspirado a la hora de crear los productos».

El pequeño de los Hohenlohe es diseñador industrial –trabajó para Ferrari, Cartier, Panerai, Loewe y Dunhil– y ha dibujado la imagen de los productos. Se inspiró en un manuscrito de 1368 que encontró en el archivo de Tavera, en el que apareció por primera vez el escudo del primer conde de Medinaceli. «Me gusta que todas las cosas que creo tengan un porqué». Ojalá esos porqués tengan la respuesta que se merecen.