Óscar de la Renta dando los últimos retoques al vestido de Beatriz Lodge, en junio de 1956
Óscar de la Renta dando los últimos retoques al vestido de Beatriz Lodge, en junio de 1956 - archivo beatriz cabot lodge de oyarzábal

Beatriz Lodge, la primera clienta de Óscar de la Renta

ABC habla con la mujer del embajador Antonio de Oyarzábal, la dama que desde España impulsó la carrera del diseñador

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Todo Madrid fue testigo del debut de Óscar de la Renta. Ocurrió el 22 de junio de 1956 en el palacete de Príncipe Pío, por entonces residencia del embajador de Estados Unidos en España. Los ministros de Franco, la nobleza castellana, los banqueros, la prensa local –obviamente, ABC– e internacional –«Life»– se vistieron de gala –ellos con «dinner jacket» blanca, ellas de largo– para beber y bailar en los jardines de aquel señorial edificio en la esquina de las calles Ortega y Gasset y Lagasca. En realidad, ninguno estaba allí para ver a De la Renta; él ni siquiera estaba invitado.

Esa noche de verano se celebraba la puesta de largo de Beatriz Anna Cabot Lodge, hija del embajador americano John Davis Lodge y de su mujer, la exactriz italiana Francesca Braggiotti. La debutante de 18 años lucía un traje de tul en blanco roto con dos capas y corsé de seda muy ceñido firmado por De la Renta. El modista dominicano tenía 23 años y era un desconocido en la industria de la moda. El vestido para la hija del «hombre de Eisenhower en España» fue su ópera prima, su tarjeta de presentación.

«En aquella época Óscar era solo un aprendiz. La baronesa Aïno de Bodisco, amiga de mi madre, fue quien me lo presentó. Me dijo que era un chico con gran talento y que era el indicado para confeccionar mi traje», dice Lodge en su piso en el barrio de Salamanca (la «socialite» washingtoniana se casó con el diplomático español Antonio de Oyarzábal en 1961 y desde entonces es una madrileña más).

Todavía recuerda su primer encuentro con el diseñador novel. «Lo invitamos a casa y nos enseñó a un grupo de amigos y a mí a bailar merengue. Siendo de Santo Domingo, tenía una facilidad pasmosa para el ritmo. Ese ángulo tan simpático nos conquistó a todos», explica en un perfecto español con un ligero acento que evoca la Costa Este americana. «Mi vestido fue su primer traje largo. No le llevó mucho tiempo hacerlo. Era tan artista que en un mes lo tuvo listo. ¡Qué pena que no estuvo en la fiesta! Eran otros tiempos».

Portada de «Life»

Nina Leen, mítica fotoperiodista de la revista «Life», sí estuvo entre los 550 invitados a la gala. La fotógrafa rusa viajó expresamente para realizar un reportaje sobre Beatriz, miembro de uno de los clanes más elegantes y poderosos de Estados Unidos. «Ya entonces nos llamaban ‘‘los Kennedy republicanos”», dice esta gran dama refiriéndose a su familia, los Cabot Lodge, una dinastía de políticos, diplomáticos y artistas de Massachusetts que se remonta a los «Boston Brahmin», los fundadores de Boston.

El 13 de agosto de 1956 las imágenes de la «débutante», posando con tapices de Goya y bailando hasta el alba entre bandejas de chocolate con churros, llegaron a la portada de «Life». «Rosa de España. Madrid aplaude en su debut social a la hija del embajador de Estados Unidos», fue el titular de la crónica, que incluía una foto del modista dominicano dando los últimos retoques al vestido de Lodge. «Beatriz ha contribuido a acrecentar el prestigio de los EE.UU. más de lo que esperan lograr algunos diplomáticos en toda su vida de arduo trabajo», apostilló la revista.

«Le dimos un buen empujón a Óscar. A partir de ahí muchas mujeres de la sociedad madrileña, que por entonces solo vestían de Cristóbal Balenciaga, Pedro Rodríguez y Manuel Pertegaz, comenzaron a hacerle encargos», reconoce Beatriz. A los pocos meses De la Renta entró en Eisa Costura, el taller de Balenciaga en Madrid, y luego en el estudio de Lanvin en París, por entonces capitaneado por el español Antonio del Castillo.

Francesca Lodge quedó tan encantada con el traje de debutante de su hija que no tardó en llamar a su amiga Elizabeth Arden para que conociera al diseñador. «Elizabeth y mi madre eran íntimas. Mi madre, que era una excelente amazona, utilizaba la crema de ocho horas de Arden en las crines de sus caballos de carrera. Como un favor a ella, Elizabeth accedió a recibir a Óscar. Se gustaron mutuamente y ella le dio un rincón en su tienda de la Quinta Avenida para vender sus trajes. El resto es historia...».

La conquista de América

En 1965 De la Renta abrió su propia boutique en Nueva York, cultivando una clientela que incluía a Jacqueline Kennedy, Gloria Guinness, Marella Agnelli y C. Z. Guest. Aun así, nunca perdió el contacto con Lodge. «Tenía tanto talento y simpatía que se abrió casi por sí mismo las puertas de la sociedad. Pero nunca dejó de agradecernos. Le regaló muchos vestidos a mi madre, algunos todavía los guardo», admite. Otros los ha donado al Museo del Traje de Madrid, aunque no recuerda dónde se encuentra aquel primer traje de tul blanco.

Como esposa de embajador, Lodge ha representado a España en Japón, Ecuador y Dinamarca, «siempre vestida por Óscar». «Sus diseños me han acompañado por el mundo. Y allí adonde he ido recomendé que vistieran con él», confiesa. En 1996, cuarenta años después del debut, el modista y su primera clienta se reencontraron en Washington, donde el marido de Lodge oficiaba de embajador. «Yo seguía usando algunos de sus viejos vestidos. Él me decía: ‘‘No me digas que todavía tienes ese traje mío’’. Y yo le respondía: ‘‘Mira, Óscar, tus trajes no mueren nunca, siempre están de moda’’».