María Lapiedra ataviada de primera dama
María Lapiedra ataviada de primera dama - Inés Baucells

María Lapiedra: «Joan Laporta me decía que Madrid apestaba»

ABC habla con la musa porno del independentismo. A ella, al contrario que a su ex, le encanta España. «Prefiero lo paraísos sexuales a los fiscales», dice

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Barcelona dejará de ser española, pero para ser rusa. Con tantísimos turistas, hasta se agradece detectar banderas independentistas colgando de las ventanas. Al menos ellos sí son catalanes. Del balcón de María Lapiedra también cuelga un pendón estelado. Tampoco es que se haga la estrecha con lo del independentismo. Stripper, actriz erótica, compositora de canciones a lo Leonardo Dantés (es autora del «No me subas el IVA, bájame las bragas» dedicado a Montoro -por cierto, ¿no se le parece cada día más François Gallardo, el de «desmiéntemelo»?-), además también es ex de famosos. Estuvo con Paquirrín («Hacíamos tantos montajes juntos que acabamos liándonos»), Pipi Estrada y Dinio e increíblemente no fueron ellos los que le hicieron desear romper con España. Fue por la lengua.

Ella es filóloga un poco del modo inverosímil en que Ana Obregón es bióloga. «Si no nos independizamos el catalán no será oficial (?) y morirá en mil años como el latín». También contribuyó Laporta, otro de sus ex: «Con Laporta me terminé de concienciar. Me explicó que cada vez que yo bostezo Cataluña está perdiendo cuatro millones de euros. Pero a mí me gusta España, yo no soy como él, que cuando le decía que viniera a verme a Madrid se negaba: “No, no, que sólo bajarme a Atocha ya apesta”». Con él colaboró en su aventura política, Solidaritat catalana, aunque ella era más de ERC. Laporta fue su Kennedy y tras él abandono la política de partidos. A Pedro Sánchez no le encuentra el sex-appeal y con Rajoy es bastante tajante: «Es el político más feo de toda la historia de la política». Junqueras, que es un poco Paquirrín, no le gusta.

Podría pensarse que María es pura frivolidad, pero ha escrito tres libros («Imito a Henry Miller y Anaïs Nin») y supo diagnosticar la deriva de Mas cuando compuso el inolvidable «Artur Mas, ¿dónde vas?». Porque ella de referéndums sabe, fue pionera de las consultas. En el 2010 fue musa de la plataforma «Mollerusa decide» para efectuar un referéndum en esa localidad. Para el 9-N se han puesto dignos y no la llaman. Sólo sale Rahola. «Es malo para el independentismo, ¿quién se va a sentir atraído por Rahola?».

El Principado Lapiedra

Con tanta Nación el nacionalista parece no necesitar sexo. Ella quiso ser la Cicciolina catalana, pero su Partido del Deseo no pudo concurrir. «Al Ministero no le pareció bien que ofreciera una prostituta al mes a cada vecino, aunque en el pueblo estaban encantados». Es la antifigura de Marta Ferrusola y su puritanismo. «Creo que en el pujolismo se ha hecho poco el amor», dice crítica con los años convergentes. Y si la Ferrusola iba a Andorra, ella aspira a su propio Principado: «Estoy creando el Principado de Lapiedra y emitiré mi propia moneda, como una micronación. Voy a independizarme en mi casa. Todo el mundo se puede apuntar a mi micronacion, te empadronas y yo te daré mi DNI y mis monedas. No será un paraíso fiscal, sino sexual».

No es broma. Me enseña una. Es un doblón con su busto, un «lapiedro». Me imagino la cara que pondría Draghi con esto en la mano. «En España sólo pueden hacer monedas los que hacen el euro y yo. Tengo monedas de curso legal en Montes Claros (Toledo). La alcaldesa me dio permiso. El Rey y yo somos las dos únicas personas con moneda legal».

La suya es una independencia tan incongruente como las de los demás, pero cariñosa. «En realidad, he estado con más españoles. Esto es sólo por a lengua y el dinero». Y me regala el estreno de su canción dedicada al 9-N, donde elude la rima evidente: «El miedo a que los demás decidan / Es temer a la verdad/ Si España está tan unida/ Déjenme ustedes votar». Será el «Escolta, Espanya» de Maragall, pero con alguna teta suelta. Por fin.