La baronesa Carmen Thyssen-Bornemisza posa en su casa de Barcelona
La baronesa Carmen Thyssen-Bornemisza posa en su casa de Barcelona - gtres

Las memorias del barón Thyssen que Tita Cervera no quiso publicar

El 18 de septiembre se publica la autobiografía que dictó Heini Thyssen durante una década. En ese tiempo tuvo cinco negros literarios. Dos de ellos relatan a ABC las partes que la baronesa quiso censurar

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El barón Heini Thyssen-Bornemisza (1921-2002) coleccionó obras de arte, palacios, coches de lujo, bellas esposas y, ya en los últimos años de su vida, biógrafos abnegados. A estos últimos les encomendaba la tarea titánica de escribir sus memorias, aunque ninguno duró más de seis meses bajo las órdenes del noble germano-húngaro y de su quinta cónyuge, Carmen Cervera (71). En esa lista de «negros literarios» figuran el aristócrata José Luis de Vilallonga, el guionista Juan Felipe Vila-Sanjuán, la poeta y novelista Julia Escobar, el periodista británico David Litchfield y el periodista italiano Fabrizio Graziani. Todos ellos llegaron a la conclusión de que su ilustre empleador solo quería un poco de compañía para rememorar el pasado y que no aspiraba a ninguna «obra total» sobre sí mismo.

«He sido ‘‘negra literaria’’ en tres ocasiones y de dos de ellas me arrepiento», explica a ABC la muy respetada Julia Escobar, autora de varias novelas, poemarios y traductora de Colette, Jabès y Rimbaud. Sin duda una de esas ocasiones de compunción profesional corresponde a los seis meses que trabajó para los Thyssen, entre junio de 1995 y enero de 1996. Escobar, que es Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia, nunca quiso hablar públicamente sobre sus desventuras como biógrafa del famoso coleccionista. Hasta ahora.

La inminente publicación de «Yo, el barón Thyssen» (Planeta), las esperadas memorias póstumas de Heini, editadas por Cervera con la ayuda del periodista José Antonio Olivar, han impulsado a la escritora y «chevalier» a romper un pacto de silencio que firmó hace dos décadas. «Cinco escritores hemos pasado por el mismo calvario, cinco escritores hemos tenido que sufrir la intrusión insoportable de esa señora», dice. «Esa señora» no es otra que Carmen Cervera.

El «vía crucis» de Escobar comenzó con una llamada de Carmen Balcells, agente literaria de García Márquez, Vargas Llosa y Neruda, quien la fichó para escribir las memorias del barón en primera persona. Vilallonga, Vila-Sanjuán, Graziani y Litchfield ya habían pasado por eso, terminando a patadas con los Thyssen (el marqués de Castellbell llegó a afirmar que Heini era «un borracho» y Tita «una nueva rica»). Cuando Escobar llegó a la casa del barón, este le facilitó los manuscritos y la transcripción de las cintas de sus anteriores biógrafos.

Mentiras e injurias

Durante los meses que duró el contrato, la escritora acompañó a los barones en su habitual peregrinación por los santuarios Thyssen: «Villa Favorita», en Lugano; «Mas Mañanas», en Sant Feliu de Guíxols; la casa de La Moraleja... «Cervera no se inmiscuyó en nada, o muy poco, mientras hablábamos de la infancia, adolescencia y juventud del barón, tampoco cuando hablamos de la historia de su familia y de su labor como coleccionista de arte. Pero se incorporó muy activamente en las sesiones cuando empezó la etapa de sus matrimonios e hijos», recuerda Escobar.

La gota de intrusismo que colmó el vaso llegó en forma de una revelación falsa y absurda. «Tita me pidió que afirmara que Borja era hijo biológico del barón, incluso ella llegó a afirmar que tal vez fuera el único. Le dije a Heini que incluir semejante afirmación era una locura y él me respondió: ‘‘Si Carmen dice que es verdad, yo digo que es verdad’’. Me negué a escribir semejante disparate y me marché. Era imposible publicar algo así. Todo el mundo sabe que Heini y Tita se conocieron cuando Borja ya había nacido», exclama la escritora. Poco después recibió una carta de Balcells diciendo que su trabajo no había sido satisfactorio.

David Litchfield, biógrafo del barón Thyssen a comienzos de los años 90, también asegura que Cervera fue una de las causas del descarrilamiento de su biografía sobre el coleccionista. El periodista, que ha entrevistado a Mick Jagger, Francis Bacon, Gore Vidal y un sinfín de celebrities, era amigo de Francesca y Lorne Thyssen, los hijos de Heini con Fiona Campbell-Walter. Gracias a ellos consiguió firmar un contrato como «negro» del noble. Según él, la baronesa estaba encantada de que su marido tuviera un nuevo amigo para pasar el rato. Pero los problemas no tardaron en llegar. 

«Tita quería salir de la sombra de Heini, quería contar la vida del barón ella misma. Y finalmente lo ha conseguido», explica el escritor, que tras romper la relación con los barones publicó el libro «La historia secreta de los Thyssen» (Temas de Hoy), en el que revela la conexión de la hermana de Heini, Margit, con el nazismo. «Otra razón importante de que suspendiera el proyecto fue que ambos contaban muchas mentiras y cuando te dicen mentiras es difícil atar cabos. Tita tenía una gran influencia sobre él», reconoce.

En junio del año pasado Cervera adelantó a ABC que en las memorias de su marido, que se publican el 18 de septiembre, se recogerán las infidelidades de las cuatro ex esposas del barón y que «ninguna de ellas sale bien parada». Tanto Litchfield como Escobar dudan de que en la versión definitiva del libro se incluyan líos de alcoba. «Heini jamás me habló mal de sus exmujeres, jamás. Era un caballero», afirma Escobar. «Era un hombre muy elegante, con categoría de verdad, con un ''background'' cultural y social inmenso. Él estaba a años luz de Carmen», añade.

El británico coincide con su colega española y va más allá. «Tita era la que difamaba a las exmujeres del barón. Es verdad que a Heini le gustaba hablar de las extravagancias de sus mujeres, pero solo de los aspectos coloristas, como por ejemplo de lo mucho que gastaban. Pero no decía ni una palabra con malicia sobre ellas», ratifica el escritor, que ha trabajado para medios como el diario «The Times» o la revista «Tatler».

Cervera también anticipó a ABC que el libro no eludiría las dudas del barón acerca de la paternidad de algunos de sus hijos. «A todos les va a escocer lo que se cuenta, salen las verdades sobre sus vidas y ellos saben lo que han hecho», anunció la baronesa en una entrevista a este periódico.

Pero según Litchfield, la dudosa consanguinidad entre Heini y alguno de sus hijos nunca fue un secreto ni mucho menos un motivo de vergüenza. «El propio Lorne me reconoció que no era hijo de Heini. El barón hablaba de ello con bastante naturalidad. Decía que Francesca era su única hija biológica, pero eso no le preocupaba», explica el periodista británico.

La confidente del barón

El otro gran secreto que guardó Heini, y que no se sabe si saldrá a la luz en el libro editado por su viuda, es la identidad de su verdadero amor: Hannelore Schmidt-Engel, a la que todos llamaban «Pusch». Según Litchfield, el mecenas se crió con ella en Holanda. «Es la única mujer a la que amó. Fueron amigos y amantes. Cuando los nazis invadieron el país, Heini escapó a Suiza y solo volvió a verla muchos años después. Pero siguieron siendo amigos toda la vida. Tita no tenía problema con ella. De hecho, la invitaba a España a pasar tiempo con ellos», recuerda.

Y esa cuestión abre paso a la siguiente pregunta: ¿Amó el barón a Cervera? «No estaba enamorado de Tita, pero la quería. Era algo entre el amor y la furia. Nunca se fió completamente de ella. Él no hablaba muy bien español, así que muchas veces ni siquiera se enteraba de lo que ella decía. Heini era un viejo diplomático, un aristócrata. Tita era una bomba, explosiva. Eran muy diferentes, tenían una buena relación que por momentos era complicada», dice Litchfield.

Según ambos biógrafos, Heini sentía cierto cariño por Doña Carmen Fernández de la Guerra, la madre de Tita. «Iba con mantilla y abanico, parecía salida de una ópera y actuaba como tal. A Heini le divertía mucho esa mujer, que era muy controladora», señala Litchfield. Escobar recuerda una anécdota que resume la relación de complicidad entre el barón y su suegra: «Una vez él me dijo en broma que tendría que haberse casado con la madre de Tita porque hacía unas paellas buenísimas. Decía que no se casó con ella porque era mayor para él. La echó mucho de menos cuando murió, con ella se sentía en familia».

Operación Tita

Las razones de Cervera para publicar las memorias de su marido doce años después de su muerte son la última incógnita sin resolver. Litchfield se decanta por la hipótesis del lavado de cara. «España está en crisis, la están investigando por evasión fiscal... quiere revivir a Heini y el mito del hombre que ayudó a España», sugiere el escritor. Pero Escobar está convencida de que estas memorias póstumas no harán honor al nombre del barón. «Si Heini estuviera vivo no aprobaría este libro. Pero se publicará precisamente por eso, porque el barón no está vivo».