Oona era hija de Eugene O´Neill, y a los 18 años, se casó con Charles Chaplin
Oona era hija de Eugene O´Neill, y a los 18 años, se casó con Charles Chaplin - abc

Verano del 41: el guardián entre el centeno nunca olvidó a la mujer de Chaplin

«Oona & Salinger», la úlitma novela de Frederick Beigbeder, recrea el idilio de ambos

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Cuando Oona O’Neill se casó con Charles Chaplin, recibió una fea carta de Salinger. Despechado, el futuro autor de «El guardián entre el centeno» imaginó y describió con detalles escabrosos la noche de bodas. Era 1943. Oona tenía 18 y Chaplin, 54. Salinger y la recién casada habían mantenido una corta relación dos años antes. Sin consumación sexual.

En mayo de 2007, Frederick Beigbeder fue a Cornish (New Hampshire) a buscar a su escritor favorito. Era el protagonista de un documental de Jean-Marie Perier. Beigbeder, se entiende. El otro no apareció. Fue poco menos que «El diario Beig». Salinger, que moriría en 2010, había echado las persianas a su vida pública en 1965, cuando dejó de publicar. Tras su fracaso, Beigbeder ve en un café la foto de Oona O’Neill que aparece en la cubierta de su novela.

Misteriosa

En «Oona & Salinger», Beigbeder inventa cartas desesperadas de Salinger a Oona (los herederos de Chaplin nunca las han hecho públicas). Lo cierto es que Oona O’Neill, hija del premio Nobel de Literatura, hija de genio y esposa de genio, es un personaje lo suficientemente interesante como para dedicarle una novela. Y casi tan misteriosa como Salinger. Cuando Jane Scovell escribió «Oona: Living in the Shadows» (1998), donde se cita la carta escabrosa, acabó hablando más de Eugene O’Neill y de Chaplin que de la propia Oona. Ni los O’Neill ni los Chaplin soltaron una palabra para la biografía. Es más, parece que todos eran bastante aficionaldos a destruir papeles personales.

Salinger conoció a la bellísima Oona en el verano de 1941. Fue en Breille, una ciudad de la costa de Nueva Jersey donde la madre de Oona tenía una casa de verano. Salinger cayó rendido. Por su belleza y por ser hija de Eugene O’Neill. Empezaron a quedar al volver a Nueva York. Se veían en el Stork Club. Ella era irresistible, la eligieron debutante del año. Se codeaba con Gloria Vanderbilt y con Truman Capote. Dio una entrevista al «Daily News» en la que declaró: «Una chica debe ganar su propio sustento». Así que en lugar de ir a Vassar decidió ser actriz. Para disgusto de su padre, que la acusaba de vivir de su fama. Tras Pearl Harbor, Salinger se alistó en el ejército como voluntario. Ahí se acabó el romance. Él le mandaba cartas contándole las atrocidades de la guerra. Ella se fue a Los Ángeles.

En Hollywoodno paraba de recibir invitaciones estudios y ofertas de agencias. De pronto pararon. Eugene O’Neill metió cizaña. No se convirtió en actriz pero conoció a mucha gente. A Chaplin. El 14 de mayo de 1943, el día del 18 cumpleaños de Oona, anunciaron el compromiso. Dijo a su madre que iba a ser el amor de su vida. Y lo fue. 34 años juntos, hasta la muerte de Chaplin, y nueve hijos. Oona, que había nacido en Bermudas en 1925, fue la esposa ideal para un hombre con el ego de Chaplin. Tras observar a la pareja, Joan Collins aseguró que lo trataba con una deferencia de geisha.

Pero Chaplin tenía en cuenta su opinión. En las películas que todavía hizo la miraba para buscar su aprobación en cada toma. Y Oona lo cuidó como una enfermera hasta su muerte, la mañana de Navidad de 1977, a los 88 años. La viuda tenía 52. Era rica y famosa (luego se la vería con David Bowie). Pero, como su padre y su hermano, se dio al alcoholismo. Una vez no apareció en una fiesta que daba en su ático de Nueva York. Un amigo fue a su habitación y estaba en la oscuridad. «Así es como debe ser donde Charlie está». Murió de un cáncer de páncreas en 1991.

Años antes, Salinger había dicho a un íntimo: «La pequeña Oona solo está comprometida con la pequeña Oona». Pero eso fue estando con él.