Pasta all'arrabbiata
Pasta all'arrabbiata - abc

Verdi y la pasta «all'arrabbiata»

Compositor de ópera y aficionado a la buena mesa, conocía bien la culinaria italiana

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No parece que hoy haya alguien que no considere a Giuseppe Verdi uno de los más grandes compositores de ópera de todos los tiempos; además de ello, es, sin duda, uno de los más populares o, al menos, lo es su música; ¿quién no ha tarareado el «Brindis» de «La Traviata» cuando ha tenido una copa en la mano? ¿Quién no se ha atrevido a desafinar a lo grande entonando «La donna é mobile» de «Rigoletto»? ¿Quién no se ha emocionado escuchando el «Va, pensiero» de «Nabucco»? Este coro marcó de alguna manera la vida política de Verdi o, al menos, su influencia en la agitada política de la desunida Italia de su época.

Cuando se estrenó «Nabucco» (1842, en La Scala), Milán permanecía ocupada por los austriacos. En el coro de los hebreos privados de su patria, los milaneses primero, los demás italianos después, vieron un llamamiento a liberar la suya. A partir de ahí, la palabra VERDI se convirtió en el acrónimo de «Vittorio Emmanuele, Re D’Italia»… precediendo al uso, en momentos difíciles, de detalles verdes por los monárquicos españoles, para los que «verde» significaba «Viva el Rey de España». En cualquier caso, Verdi fue un patriota, y acabó formando parte del primer parlamento italiano, en 1861.

No tiene la fama de gourmet de la que goza Rossini, pero consta que fue aficionado a la buena mesa, a los buenos vinos; hijo de campesinos, conocía bien los productos de su tierra. No quedan platos con el apellido «Verdi», al menos no platos famosos; pero a mí su vida me recuerda ese sencillo plato de pasta que puede ir de pobre (alla povera) a rabioso (all’arrabbiata)… e incluso más allá. Todo depende de la cantidad de peperoncini (guindillas o pimientitos de Cayena) que se usen en su aderezo.

Unos penne all’arrabbiata se condimentan básicamente con aceite, ajo y cayenas. Generalmente llevan salsa de tomate, incluso panceta. Simplemente bañados con un aceite en el que hayamos dorado ajos y cayenitas, estarán buenos en su sencillez. Con una o dos cayenas, serán alla povera; con media docena, all’arrabbiata… y con más de diez ya pasan a ser, con todo merecimiento, alla puttanesca. Cuestión de peperoncini.