Silvia Fominaya se convirtió en un mito erótico para los españoles
Silvia Fominaya se convirtió en un mito erótico para los españoles - ABC

¿Qué fue de Silvia Fominaya?

Modelo, actriz, presentadora y mito sexual, alcanzó gran popularidad en la década pasada y a finales de los noventa

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«No tomo drogas porque soy epiléptica». Una respuesta tajante que Silvia Fominaya daba a un periodista de la revista «Primera Línea» en diciembre de 2003. Formaba parte de un cuestionario, otro más, dentro de una publicación, otra más, donde el material gráfico protagonizado por ella estaba por encima de la entrevista a la que era sometida. Fominaya trazaba así su propia campaña antidrogas del mismo modo que configuró su carrera hasta tal punto, que fue en 2012 y por un juicio cuando se volvió a saber de ella.

A esta «sexy oficial» española se le perdió la pista a finales de la década pasada, después de haber sido protagonista de platós de televisión tan frecuentados por la audiencia como «Crónicas Marcianas». El programa de Javier Sardá le dio la fama y su genética el tirón. Sin embargo, Fominaya llevaba desde los siete años sometida al juicio del público; entonces debutó en el Teatro Monumental de Madrid con la obra «Blancanieves y los siete enanitos». Más tarde participó en la serie «Segunda enseñanza» y prestó su imagen en diversas campañas publicitarias.

En 1996 tendría una de sus grandes oportunidades: los números del sorteo del Telecupón no se leían solos y Carmen Sevilla estaba para otras cosas en aquel espacio que transformó la intrascendencia en formato televisivo. «El Telecupón» enganchaba y Fominaya era una de aquellas chicas que cantaban los números afortunados. A partir de entonces, la serie «Al salir de clase» y el programa «Enrédate» fueron el vestíbulo desde el que llegó a la suite de Telecinco: el ya citado «Crónicas Marcianas».

Allí se desempeñó como tertuliana hasta que la aventura se acabó, lo que la hizo desembocar en el reality «La isla de los famosos». De su paso por el programa se recuerda que se llevó a su perro, que abandonó porque las divas se van antes de que las echen y que con Carlos «El Yoyas» se labró una enemistad que casi les hizo acabar a guantazos en un debate. «Eres un chapero, y no lo digo yo, lo dice internet», le soltó Fominaya, que venía con los deberes hechos de casa. Tal lío se montó, que ABC publicaba el 6 de junio de 2003 un reportaje titulado: «La telerrealidad se pone agresiva», donde se recordaba la escena y que el mismísimo José María Aznar se mostraba preocupado de que los espectadores se vieran sometidos a este tipo de espectáculos.

Tras las polémicas, Fominaya evolucionó de la presencia habitual en los platós a estar en ellos solo para dar «ruedas de prensa». Así, en 2010 se subió a «La Noria» de Jordi González para aclarar que no estaba muerta, a pesar de lo que dijera la Wikipedia. Ya en 2012 volvió a las cámaras porque había sido acusada de quemar el coche de la exmujer de su marido, el empresario gallego Pablo González. Un hombre con el que se ha apartado de la escena mediática y que, tal y como explicaba en la revista «¡Qué me dices!», dejó embarazadas a ella y a su ex a la vez. «Se casó con la otra por presiones familiares», añadía entonces. Finalmente, Fominaya fue absuelta de los cargos.

Ahora, esta madrileña cosecha de 1975 vive tranquila en Galicia. Los últimos datos apuntan a que reside en Tomiño (Pontevedra), junto a sus dos hijos, Paolo y Hanna, y su marido, Pablo. Lejos ya del ruido de aquel Madrid que la proyectó a toda España, que la coló entre las 100 mujeres más sexys de 2004 para la revista «FHM», que le permitió intimar «con gente muy famosa». Fominaya es deseo de hemeroteca, lo será siempre, aunque en su agencia de representación explican que ya ni contesta a los mails que le envían para que acuda a eventos. Y no acude, claro.