Don Quijote y las lentejas
Lentejas con chorizo - jaime garcia
GASTRÓNOMOS EXQUISITOS

Don Quijote y las lentejas

En un lugar de la Mancha, el ingenioso Hidalgo disfrutaba de este plato en Cuaresma

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Al comienzo del Quijote, Cervantes nos informa de la dieta que seguía el hidalgo manchego don Alonso Quijano, y puntualiza que los viernes comía lentejas. No lo dice, pero se supone, que serían lentejas «viudas», esto es, sin aditamentos cárnicos, porque los viernes, en el Siglo de Oro, eran días «de vigilia», en los que había que abstenerse de comer carne, lo que impedía a nuestro personaje disfrutar de su modesto cocido cotidiano (« algo más vaca que carnero»).

En el Quijote hay cumplidos episodios relacionados con la gastronomía, pero en general no resultan muy satisfactorios para el caballero andante. Su escudero, en cambio, saca la tripa de mal año en las bodas del rico Camacho, ante una olla monumental de la que «espuma» algunas aves; en cambio, en la Ínsula Barataria, el doctor Tirteafuera le impide probar los maravillosos platos que ponían delante al bueno de Sancho.

Lentejas viudas… ¿Cómo las que costaron a Esaú su primogenitura? En principio diríamos que sí, porque la ley mosaica impide a los judíos comer cerdo; pero habida cuenta de que sólo se prohíbe aquello que se hace, y que Esaú es muy anterior a Moisés… vaya usted a saber. Lo que sí sabemos es que el cultivo y el consumo de las lentejas es antiquísimo (se habla de nueve mil años) y que las lentejas eran parte importante de la dieta de quienes levantaron la Gran Pirámide.

Los italianos despiden el año con lentejas con zampone. Nosotros las ligamos desde hace mucho con el embutido más nuestro, el chorizo; nada más sencillo que preparar unas lentejas, con el clásico sofrito de ajo, cebolla y tomate y, a media cocción, que debe ser reposada, de las lentejas, incorporar unas rodajas de buen chorizo. Han de quedar más caldosas que secas, para comer con cuchara. Y son todo un clásico de la gastronomía popular y de los menús del día, generalmente un día fijo a la semana. Más casero, imposible.