La nueva vida de Rubalcaba: en la universidad con su mujer
Pilar Goya, esposa de Rubalcaba, lo abraza en un acto del PSOE - ap

La nueva vida de Rubalcaba: en la universidad con su mujer

Deja el PSOE para volver a las aulas. «Siempre quiso regresar», afirma su amigo Jaime Lissavetzky

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Nada ha cambiado en el edificio de ladrillo visto donde se imparte la licenciatura, ahora reconvertida en grado, de Ciencias Químicas en la Universidad Cumplutense de Madrid. En las aulas que ahora ocupan otros alumnos, aprendió entre fórmulas y probetas un joven llamado Aldredo Pérez Rubalcaba (62 años). Divertido y con cuerpo atlético, el cántabro se sentaba en su pupitre e intercambiaba bromas con sus compañeros de clase. «Siempre llevaba polo Lacoste, patillas y raya al lado», recuerda una compañera de promoción que se sentó a su lado «en el avión del viaje del paso del ecuador, en Canarias».

Treinta años después de entonar el «Gaudeamos» en la Complutense y después de ser la mano derecha de los dos presidentes de Gobierno socialistas de la historia de España, Rubalcaba vuelve a sus orígenes. Tras el verano empezará el nuevo curso en la Universidad Complutense de Madrid. Rubalcaba deja su escaño de diputado, abandona la corbata y se pone de nuevo la bata.

«Alfredo siempre ha manifestado su intención de volver a la universidad, lo echaba de menos», desvela Jaime Lissavetzky, compañero de partido y de pupitre desde que conociera a Rubalcaba en el colegio Santa María del Pilar. Los socialistas entraron juntos a la universidad y el dúo que formaron se amplió con dos mujeres cuando los amigos se enamoraron de sendas Pilares.

«Jaime, Alfredo y Pilar Goya siempre estaban juntos. Rubalcaba era el más simpático de todos», recuerda la compañera de facultad. «Su mujer es de una familia muy conservadora, incluso él nos daba la sensación de conservador, por el look que tenía», reconoce. Sin embargo, Alfredo era socialista y, según cuenta Lissavetzky, «antes de afiliarse estábamos en un grupo antifranquista». Pero eso no impidió que Rubalcaba y Pilar Goya se casaran tras licenciarse. Aunque sus caminos fueron distintos. Mientras que Pilar se dedicó de lleno a la investigación y al doctorado, a Alfredo el partido cada vez le robaba más tiempo. Hasta que dejó su trabajo como profesor para dedicarse por entero a la política.

A su lado, aunque siempre discreta, ha permanecido Pilar. «Son un matrimonio sin hijos, pero con muchas aficiones. Ella es muy sobria y poco dicharachera», la describe otra compañera de promoción. Aunque cuesta encontrar declaraciones de Goya, ha aparecido en algún mitin, donde no duda en abrazar a su marido con fuerza, dedicarle besos y brindarle su apoyo. «Si alguien dice que Pilar podrá pasar más tiempo con su marido, no es así, porque ella también trabaja mucho. Es muy brillante», puntualiza Lissavetzky.

El matrimonio conserva aún relación con muchos compañeros de orla. «Nadie te podrá dar una mala opinión sobre él porque ha ayudado mucho a todos», desvela una compañera. «Siempre que alguien tenía un problema y acudía a él, ha hecho lo posible por ayudar», cuentan. Hace cinco años Rubalcaba coincidió en el tanatorio de la M-30 con esta compañera de facultad. Llevaban tiempo sin verse, pero él se acercó a su sala, se saludaron y charlaron durante diez minutos.

Mus y tenis de mesa

Además de la investigación, Rubalcaba tendrá tiempo para dedicarse a sus aficiones. Cuentan que de su pasado como corredor profesional le queda la afición por ver el atletismo en casa. «Y los partidos del Real Madrid los tiene que ver solo, porque se pone nervioso», desvelan. Según Lissavetzky, el único deporte con el que no disfruta es con el baloncesto: «Dice que no le gusta porque el marcador cambia muy rápido». Lo que más le divierte cuando pasa tiempo con amigos es jugar al tenis de mesa, y disfruta disputando pachangas de mus. ¿Hay algo más universitario que el mus?