Felicidad Blanc, «la bruja» que crió a los Panero
Felicidad Blanc, con su libro «Espejo de sombras» - Jose Sanchez Martinez

Felicidad Blanc, «la bruja» que crió a los Panero

«El desencanto» demonizó a la madre de la saga, pero tuvo una relación cómplice con sus hijos. Esta es su verdadera historia

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Felicidad Blanc y Bergnes de Las Casas era hija del eminente cirujano José Blanc Fortacín y Felicidad Bergnes de Las Casas. Del matrimonio Blanc-Bergnes de Las Casas nacieron cuatro hijos: Luis, Margot, Eloísa y Felicidad.

Felicidad era una burguesita del madrileño barrio de Salamanca que había jugado al hockey con poca fortuna. Su único triunfo deportivo fue ser portada de la revista «Campeón», el 26 de diciembre de 1932. Coqueta y galante, de suavidad en el habla, tras ser enamorada por el poeta sin obra Leopoldo Panero Torbado, Felicidad se casó el 29 de mayo de 1941.

La celebración tuvo lugar en el distinguido y ceremonioso hotel Ritz. El matrimonio se instaló en el 35 de la calle de Ibiza, en Madrid. En 1946 Felicidad y su hijo Juan Luis, de tres años, se desplazaron a Londres para encontrarse con su marido, nombrado lector del Instituto de España, especialmente encargado de los asuntos relacionados con el Instituto Nacional del Libro Español. Allí los Panero entablaron relación con el exilio, con Pablo de Azcárate, Gregorio Prieto, Luis Cernuda... Necesitada de cariño, pues su marido no le daba todo lo que ella reclamaba, Feli (así la llamaban) pareció quedar prendada de la sensibilidad del poeta sevillano. Con él dio largos paseos por el parque de Battersea y Eaton Square.

Las ausencias de Leopoldo

De nuevo en Madrid, Felicidad comenzó a escribir relatos que le corregía el amigo de su marido, José María Valverde. Alguno publicó en la revista «Espadaña». En las largas ausencias de Leopoldo Panero, a causa de viajes oficiales, Feli y sus dos criaturas (Juan Luis y Leopoldo María) se trasladaron a vivir con sus padres al esplendoroso palacete de la calle de Manuel Silvela 8. Sola e ilusionada, continúa carteándose con Luis Cernuda. El marido cada vez se refugiaba más en los amigos y el alcohol, pero éste ya no le producía alegría sino violencia. El 27 de agosto de 1962, Feli enviudó y se volcó en sus tres hijos. Al año siguiente recibió la noticia de la muerte del autor de «La realidad y el deseo». Más desolación.

Felicidad abandonó el papel de viuda suspirante y reanudó la vida social con su hijo mayor como acompañante. El mediano comenzó a inquietarla: militancia comunista, detenciones, intento de suicidio. Ella no podía olvidar a su hermana Eloísa, que estaba internada con diagnóstico de esquizofrenia. Se desplazó a Barcelona para estar cerca de Leopoldo María, hizo cola con familiares de presos comunes para visitarle en la cárcel y llevarle provisiones. Quien tanto dolor le causaba se convirtió en un poeta novísimo y Feli, que desde que era un niño guardaba cualquier verso suyo o cualquier escrito, quizá porque ya intuyera que su vástago pasaría a la posteridad, archivaba y guardaba todas las reseñas, críticas y artículos referidas a Leopoldo María Panero.

Reproches y recuerdos

En 1971 Felicidad empezó a trabajar en el Palacio de Exposiciones y Congresos de Madrid; llevaba el protocolo y la recepción de personalidades. Leopoldo andaba por tierras marruecas y ella le enviaba dinero. Durante el rodaje de «El desencanto» (1976) sus hijos le hicieron todo tipo de reproches. Pese a que ella era la única que preparaba sus intervenciones, se vio desbordada por la locuacidad de Leopoldo María. A Felicidad le ofrecieron escribir sus memorias. Como no quedó satisfecha de la película de Jaime Chávarri, Feli necesitaba reparar su imagen. Natividad Massanés, profesora de literatura, resucitó sus recuerdos y la dama de voz modulada habló para ser grabada. El resultado fue «Espejo de sombras» (1977), un libro lleno de imprecisiones y medias verdades.

Jubilada Feli, se instaló en Irún después de empadronar a su hijo enfermo crónico en Guipúzcoa. Leopoldo ingresó en el psiquiátrico de Mondragón y ella se encargaba de buscar a los camellos que andaban por las vías del tren. Felicidad Blanc, aquella dama de aspecto dulce y pelo nevado, murió el 30 de octubre de 1990.

J. Benítez Fernández es autor de «El contorno del abismo. Vida y leyenda de Leopoldo María Panero» (Tusquets, 1999)