Eric Schmidt, consejero delegado de Google, conquistado por Wendi Deng
El consejero delegado de Google figura entre las conquistas de Wendi Deng - abc

Eric Schmidt, consejero delegado de Google, conquistado por Wendi Deng

Según «Vanity Fair», entre el multimillonario y la ex de Murdoch hubo algo más que una bonita amistad

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Los escarceos extramaritales de Wendi Deng no se limitan al exlíder laborista Tony Blair, sino que en su lista de conquistas de hombres de carteras abultadas, revestidas de poder, figura también el consejero delegado de Google Eric Schmidt, según la revista Vanity Fair. El multimillonario de 58 años de edad es conocido por su pasión por mujeres más jóvenes, aunque en todo momento se ha negado a declarar sobre los comentarios, menos halagadores que los de Blair, escritos por la propia Deng.

Murdoch comenzó a sospechar de su mujer alertado por el servicio doméstico. Nunca había tenido objeción en recibir en casa al político británico, ya que los Blair eran buenos amigos de la pareja. Durante muchos años el australiano y el laborista formaron un tándem muy rentable. El conglomerado mediático, defensor acérrimo de los gobiernos conservadores, dio un inusitado giro a la izquierda al que muchos analistas atribuyen el éxito de las tres victorias electorales consecutivas del laborismo desde 1997 en adelante. De hecho, este claro alistamiento de sus diarios en las filas laboristas quedó corroborado con un grandilocuente titular en la portada del diario «The Sun», seis semanas antes de las elecciones de 1997; «The Sun apoya a Blair».

La complicidad por supuesto también se fraguó en el ámbito más familiar. Blair se convirtió en el padrino de Grace, la hija de Murdoch, bautizada a orillas del Jordán; y las dos mujeres mantenían una gran relación. Pero la ambición y las ansias de aferrarse al poder no entienden ni de amistad ni de lealtad

Traición «familiar»

Cuando una familia estadounidense que trabajaba en China aceptó a acoger a una atractiva asiática llamada Deng Weng y llevársela con ellos a California para que aprendiera inglés, nada hacía presagiar que la joven acabaría por dinamitar el matrimonio tras hacer sucumbir al padre a sus encantos. Desde ese momento, cuando tenía 19 años, la inocente Deng Weng que americanizó su nombre pasándose a llamar Wendy Deng, inició una carrera imparable para ascender a los herméticos círculos del poder.

En 1990, las malas lenguas ya atribuyeron su matrimonio con el magnate australiano, Rupert Murdoch, como un paso más para saciar sus ansias de conquistar las altas esferas. La ambición de la glamurosa empresaria, que se ganó el calificativo de «tigresa» tras parar un tartazo dirigido a su marido, ha resultado ser insaciable. Incluso estando casada con Murdoch, propietario de un imperio que aglutina las cabeceras mediáticas más fuertes del mundo, su mirada se detuvo en los penetrantes ojos azules del exprimer ministro británico Tony Blair.

Se dieron de comer el uno al otro

Sin ningún tipo de pudor, Wendy Deng invitó a Blair a pasar un fin de semana en un rancho en California, propiedad de su entonces marido, donde ambos disfrutaron de una apasionada velada en la que incluso se dieron de comer el uno al otro y Blair fue visto entrando al dormitorio marital, según informa el rotativo británico Daily Mail. El «affaire» entre Deng y Blair, previamente etiquetado de falso y difamatorio por los asesores del exmandatario, se convirtió en el detonante del divorcio que acabó con los 14 años de matrimonio en los que tuvieron dos hijas, a juzgar por una nota revelada por la revista estadounidense Vanity Fair.

«Por qué echo tanto, tanto de menos a Tony... Por qué es tan encantador y tiene ese cuerpo y esas piernas. Me atraviesan sus ojos azules y su poder en el escenario», escribió la empresaria asiática de su propio puño y en letra en un papel, intentando dar sentidos a sus encontrados sentimientos. Los encuentros tuvieron lugar en varias ocasiones durante 2012 en el rancho de California de Murdoch, además de en el lujoso hotel Carlyle en Nueva York, en un yate privado y en Londres en casa del señor Murdoch en Saint Jame, según el Daily Mail. .