Risto Mejide: «Emprender pueden pocos, autoemplearse muchos»
Risto Mejide posa con sus tres pulseras de la suerte - jaime garcia
el domingazo

Risto Mejide: «Emprender pueden pocos, autoemplearse muchos»

La vuelve a liar con un libro cuyo título, «No busques trabajo», puede parecer una invitación al escrache en estos momentos. Pero atención a cómo lo vende.

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«Bueno, para empezar al libro le falta la mitad del título, el título completo es No busques trabajo…¡invéntatelo!», precisa. Sin duda es un matiz. El antiguo Ricardo, que se rebautizó Risto a los dieciocho años porque ya entonces intuía la importancia de crear una marca personal e intransferible, «que en estos momentos lo es todo», se defiende de los que le acusan de haber escrito desde la cresta de la ola un libro que encima se recochinea de los seis millones de parados. O peor aún, que aconseja a los que todavía no lo están que dejen su trabajo para arrojarse por el precipicio. «Todo lo contrario, es que en el precipicio ya estamos, ya estamos cayendo, lo que intento es poner alguna ramita, a ver si alguien se puede agarrar», reivindica.

Su plan era escribir un libro contra el miedo: «el principal enemigo de la marca personal y del éxito es el miedo. El miedo a arriesgar, el miedo a perder lo que tienes, el miedo a la inseguridad…yo en el libro he puesto 50 excusas, que son 50 miedos, que tú puedes tener a la hora de emprender cualquier proyecto». Vamos, como las Cincuenta Sombras de Grey pero en versión Risto Mejide. ¿Saldremos de esta todos convertidos en flamantes empresarios, en su opinión? Aquí se pone serio: «no, en la práctica puede emprender muy poca gente, porque hay que tener un cúmulo de cualidades muy determinadas; pero sí creo que autoemplearse está al alcance de muchos». ¿Y qué es autoemplearse? «Pues a lo mejor es irte a una empresa y crear tu puesto de trabajo ahí dentro, hacerles creer que te necesitan, esto tiene más que ver con cómo te vendes tú, que con cómo te compran ellos»…

Atención que según habla te convence. Y además transmite ilusión…Una no puede evitar preguntarse si algún político de este país no habrá pedido consejo a Risto: «sí, alguno ha venido a verme, pero yo no quiero significarme a nivel político, creo que ahora mismo la clase política está como está porque se lo han ganado, creo que tienen que salir ellos solos del atolladero». Además asegura no fiarse un pelo de esta gente: «lo último que haría es poner la mano en el fuego por uno de ellos ahora mismo».

Oiga, ¿y eso no es un miedo como cualquier otro, como los otros cincuenta que él critica en su libro? ¿Miedo a mojarse, a pringarse? Lo admite de plano: «pero este es un miedo lícito y me alegro mucho de tenerlo, yo no quiero asociar mi marca personal a otra marca personal que mañana acabe en un juzgado». Punto pelota.

A poco que le vayas conociendo te crees a pies juntillas su vehemente afirmación de que él lo que hace los domingos es currar. Se levanta pronto, de siete a ocho, a no ser que el sábado haya salido y trasnochado. En primer lugar se ducha y en segundo lugar va a por los periódicos, «que ese es el único día que me los puedo leer con calma y en papel». Luego ya se levantan su mujer, la televisiva Ruth Jiménez, y su hijo Julio, de cuatro años. Se van los tres a desayunar a una pastelería de su barrio, en plan tranquilo, todos los periódicos desparramados por la mesa, etc. Se dan un paseo y se van a comer fuera con los padres de Ruth o con los de Risto.

Y por la tarde pues eso, a currar. Le encantan los domingos para eso «porque nadie te llama y puedes organizarte bien la semana, puedo leerme todas esas cosas que de lunes a sábado me he ido guardando para leer el domingo, yo tengo la sensación de que toda la semana vacío y el domingo me vuelvo a llenar de contenidos, la batería del iPad la gasto toda en domingo».

Acaba el día con una cena ligera, aunque la verdad no es que Risto no coma para estar así. Es que se cuida mucho, hace deporte con regularidad, especialmente desde que nació su hijo y descubrió el reto que era «dejarle en la cuna sin que me doliera la espalda, oye, ¡que esta semana ya cumplo 39 años!». Horror y pavor, ¿eh? Pero él aguanta a pie de andamio armado además de sus talismanes de la suerte: tres fantásticas pulseras (una de Ibiza, una de Los Ángeles, otra de Madrid) que luce en la muñeca derecha. ¿Quién dijo miedo?