Amparo Rivelles: «Me respetaron porque nunca vendí mi vida privada»
Amparo Rivelles, que fue madre soltera a principios de los años cincuenta, fue siempre una mujer libre e independiente - abc

Amparo Rivelles: «Me respetaron porque nunca vendí mi vida privada»

A la actriz fallecida, una mujer adelantada a su tiempo, nunca le importó lo que dijeran de ella

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El fallecimiento, a los 88 años, de la actrizAmparo Rivelles no ha sorprendido en exceso, «porque llevaba un tiempo» delicada. Amparo, considerada la gran dama de la escena nacional, era una mujer encantadora aunque distante, que supo mantener su categoría de gran estrella incluso en aquellos momentos en los que su nombre no estuvo en la cumbre. Aunque desarrolló una carrera importante en cine y televisión -fue la primera actriz en conseguir un Goya, por su trabajo en «Hay que deshacer la casa»-, sus últimos años los dedicó al teatro, donde obtuvo grandes éxitos. Era muy querida, y los primeros que la tenían en un pedestal eran sus propios compañeros.

Vida privada

La actriz mantuvo siempre en secreto su vida privada, aunque nunca ocultó que era madre soltera de una hija, María Fernanda, que le dió dos nietos y que actualmente vive en México. Siempre se negó a hacer público el nombre del padre, del que algunas personas que la conocieron aseguran que era «una persona muy importante», pero es algo que ella también se negó a confirmar, posiblemente para no dar pistas a aquellos que durante años trataron de conseguir la exclusiva. Ella se sentía muy orgullosa de ser madre soltera; consideraba que había logrado todos sus sueños tanto en el terreno profesional como en el personal. Fue, eso sí, una mujer que tuvo un gran éxito con los hombres.

Amparo triunfó en México, donde la consideraban «la reina de las telenovelas», y todo parece indicar que debió de ser así, porque se fue para cuatro meses y se quedó allí veinticuatro años. Cuando regresó a España siguió recibiendo ofertas para volver, pero se dió cuenta de que tenía que repetir su éxito en nuestro país, de donde se fue siendo una estrella.

Sin complejos

Era una mujer con una gran personalidad, a la que nunca importaron la estricta moral de la época y sus prejuicios. Con poco más de cincuenta años se operó del pecho, y también se hizo retoques en la cara, que en ningún momento trató de ocultar. Es más, presumía de sus «retoques», «que en aquellos tiempos -relata un compañero de la actriz- eran bastante chapuceros porque se veían las costuras del estiramiento de la cara, que se cosían en la cabeza y se tapaban con el pelo. No tenía tampoco ningún problema en contar que se había operado; ella estaba contenta con los resultados, supongo que lo hacía porque tenía una gran confianza en si misma». Todo esto sucedía durante el rodaje de la película «La playa vacía», donde compartía cartel con Jorge Rivero, a las órdenes de Roberto Gabaldón. En los descansos de los rodajes hablaba con todo el mundo, con sus compañeros y también con los técnicos; incluso se sumaba, como una más, «a las partidas de póker descubierto que se celebraban entre los compañeros. Era encantadora y una gran señora».

Amparo nunca aireó su vida privada. Cuando se le preguntaba por el padre de su hija, respondía: «es mi hija, solo mía». Siempre se le respetó su gran secreto, porque, como ella decía «nunca he comercializado mi vida privada».

Peores momentos

La actriz pasó sus peores momentos tras el fallecimiento de su nieta, Amparo, cuando todavía era una adolescente. A pesar de viajar a Estados Unidos para seguir un tratamiento, la enfermedad se la llevó. Fue un duro golpe. Amparo aseguró en muchos momentos que «daría toda mi fortuna y hasta mi vida por salvárla». Con el tiempo, su hija María Fernanda se quedó embarazada de nuevo y dio un nuevo nieto a la actriz.

En los últimos años de su vida, Amparo Rivelles estuvo muy unida profesionalmente con el empresario teatral Juanjo Seoane, con el que hizo sus últimas obras; buena parte de ellas en el teatro Alcázar, donde hoy se instalará la capilla ardiente a petición propia. Cuenta Seoane que Amparo le dijo: «quiero que me lleven a mi teatro, quiero despedirme del público en el escenario de este teatro en el que he tenido tantos éxitos». Allí estrenó «La loca de Chaillot», «Rosas de otoño», «Los árboles mueren de pie», «Los padres terribles».

Adiós a la escena

Su último trabajo fue «La duda». Al concluir la función en Santander, anunció su decisión. Quería despedirse con este título porque fue la última obra que había hecho su padre. Seoane se emociona al recordar ese día: «Solo pudo hacer la obra cuatro días, dos en Orense y dos en Santander. Antes de la segunda representación me pidió que no me fuera del teatro porque “no sé si voy a poder terminar la representación; nunca he dejado una representación a medias, pero me encuentro muy mal”. Cuando la estaban aplaudiendo, dijo: “señores, esta noche han visto por última vez en el teatro a Amparo Rivelles».

En los últimos tiempos, Amparo se encontraba bien de salud, salvo en los huesos; sufría osteoporosis y tenía totalmente destrozado su esqueleto. Seoane se despidió de ella en su casa poco antes del fallecimiento: «me comentó que cuatro de los siete días de la semana le pedía a Dios que se la llevara». El empresario la define como «una gran señora ,una gran persona y una mujer adelantada a su época. Era también una gran compañera y tenía una gran calidad como persona. Fue también muy moderna en su interpretación y en la vida social. Hablamos también de su hija, y le pregunté si en ningún momento quiso ser actriz; me contó que sí, que incluso trabajaron juntas en una película en México. Según Amparo, me dijo que era buena actriz, pero conoció a un chico muy jóven, se enamoraron y se casaron, así que dejó la interpretación».