Xiskya Valladares: «En Internet parece que para mucha gente solo exista el sexo»
Xiskya Valladares, la «monja tuitera» - ERNESTO AGUDO

Xiskya Valladares: «En Internet parece que para mucha gente solo exista el sexo»

La «monja tuitera» publica el libro el libro «#arezaryadormir», compendio de sus mejores tuits

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Sí que tiene algo de Sor Ye-Yé. Con impetuosa llaneza se acuerda de cuando conoció a Teresa de Calcuta y a Juan Pablo II, y de la ilusión que le haría conocer también en persona al Papa Francisco: «yo estoy contentísima con él, es justo lo que la Iglesia necesitaba en este momento: volver a las raíces, ver al pobre como un hermano, estar al lado de los que sufren, ventilar todo lo que es corrupción…¡este hombre promete!»

Después de pasar revista a estos vips de la Iglesia, la hermana Xiskya nos cuenta cómo se convirtió en la monja tuitera. Le habían mandado que dieran clases de Periodismo y ella no tenía ni idea. Ahí fue nada convencer a su superiora de que la dejara hacer un máster. Descubrió que la comunicación era lo suyo y que había que aprovechar y arremangarse para «saber vender a Cristo y hacerlo atractivo».

Quién dijo miedo... pero también, quién dijo fácil. Aunque la monja tuitera no se corta ni con un hacha, a veces ha tenido que librar durísimas batallas online con toda clase de «trolls» que se meten constantemente con Dios, que sueltan blasfemias auténticas sólo por molestar». ¿Por ejemplo? «Pues, me cago en Dios y cosas todavía peores… y siempre, siempre, siempre, relacionándolo con lo sexual. La gente parece que tuviera una obsesión con el sexo». Pues, ahora que lo dice… «Como si todo en la vida fuera el sexo», suspira, aburrida e impávida.

En una ocasión tuvo que recurrir a la Policía para repeler un ataque online masivo que ya duraba cinco días. Visto lo visto, ¿y si el infierno estuviese en la red? Ella rechaza espantada la idea. «Yo creo que el infierno existe pero está vacío, porque cuando hacemos el mal a menudo no somos conscientes del daño que causamos, y porque Dios es muy misericordioso», zanja el vidrioso asunto.

El caso es que es una monja sin complejos. Para ella el catolicismo no sólo no es casposo, pretérito ni oscuro sino que constituye lo más fashion que hay, siempre y cuando se viva con autenticidad, «no por cumplimiento ni de cara a la galería». ¿Y cómo son sus domingos de católica entusiasta? Pues ella considera que ese día se levanta «tarde» -a las siete de la mañana- para rezar laudes lo primero e ir a misa de nueve lo segundo. Tras la misa todas las hermanas en su comunidad mallorquina toman juntas un desayuno muy sencillo donde ella elude siempre el café: «pido la leche con cola-cao, como los niños».

Ante el ordenador

El resto de la mañana del domingo suele pasarlo frente a la pantalla del ordenador, ratón en mano y poniéndose al día de todo lo que quedó pendiente a lo largo de la semana. El almuerzo es a las dos. El domingo el cocinero libra y les toca cocinar por riguroso turno a todas las hermanas, lo cual para ella constituye un suplicio. Digamos que ver a Dios en los pucheros no es exactamente su especialidad. Menos mal que sus seguidores en Twitter la auxilian y le pasan recetas para salir del trance.

Por la tarde coge la bici y se va a pedalear por el Paseo Marítimo de Palma. Para ello se pone un chándal negro y se apea del hábito, que su congregación permite quitarse «por motivos pastorales o cuando la ocasión lo requiera, como subir montañas, ir a la playa…tampoco se trata de llamar demasiado la atención». Tras la bici viene una ducha y ya le da la hora de rezar las vísperas y de sentarse a cenar, a veces hasta viendo la tele. En general se acuesta sobre las diez de la noche.

Revolución

Sí que da la impresión de que esto de Internet puede revolucionar a fondo la vida religiosa. Por ejemplo ella hizo una web y les preparó un blog a las monjas de clausura del convento de Santa Magdalena en Mallorca, que combinan el aislamiento físico del mundo con una creciente relación online con él. ¿Eso es hacer trampa o es abrir nuevos horizontes? La tuitera Xiskya lo tiene claro: «consagrar la vida te tiene que hacer más humano y más abierto, salir de la burbuja personal donde muchos sin darse cuenta se aíslan, nosotros tenemos que romperla, que salir a llenar de Evangelio el mundo… yo necesito contagiar aquello en lo que creo».