Sara Montiel y Marujita Díaz
Sara Montiel y Marujita Díaz - Belen Diaz

Marujita Díaz: «A Sara sus hijos no la han hecho feliz»

Tras la muerte de Sara Montiel, la artista denuncia el olvido al que la estrella quedó relegada en los últimos años de su vida. «No tuvieron ni un detalle con ella»

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Fueron las mejores amigas y las rivales más aguerridas. Horas después del último adiós a Sara Montiel, cuando su cuerpo ya había recibido sepultura en el cementerio madrileño de San Justo, Maruja Díaz trata de asumir que su alter ego, su alma gemela y, para ella, el mayor mito del cine patrio se fue para siempre. «Éramos como hermanas. Nos queríamos mucho y nos entendíamos muy bien. Estoy destrozada», asegura. Y se lamenta de una pérdida que no esperaba: «El mismo día de su muerte salía hacia Oviedo para una revisión ocular, porque estaba delicada de la vista. Quedamos en que, a su vuelta, vendría a casa a comer una paella. Estaba estupenda».

–¿Por qué muchos creen que usted se llevaba mal con Sara?

–Nosotras discutíamos, pero nos queríamos mucho. Cuando murió su madre, pobrecita mía, estaba tan desesperada que la cogí de la mano y la traje aquí, a mi casa. Estuvo conmigo seis meses. Gracias a Dios, la cambié totalmente. Ya reía, cantaba y me acompañana a mis galas, vestida totalmente de negro y diciendo que era mi doncella.

–¿Qué le ha parecido esta despedida a lo grande que se le ha hecho?

–En vida no le dieron ni un homenaje, pese a ser una figura mundial. Es más, en su despedida la única autoridad que estuvo presente fue la alcaldesa de Madrid, quien dice que le van a dedicar una calle, ahora que no la puede disfrutar. Sara se merecía otras muchas cosas, pero cuando estaba viva. Ni siquiera le concedieron un Goya. Yo lo voy a pedir para ella, porque se lo merece más que nadie.

–Pero lo cierto es que Sara llevaba décadas sin trabajar en el cine...

–Bueno, pero podrían haberle dado el Goya a la carrera cinematográfica más brillante de España. A la Academia se lo exijo o se lo pido de rodillas. Que se lo den ahora, aunque sea a título póstumo.

–¿Por qué Sara Montiel y usted dejaron de trabajar como actrices?

–Porque hace tiempo que no se hacen producciones para una estrella. No hay guiones importantes y tampoco hay productores. Está todo hecho una mierda. Las estrellas del momento son los políticos. Ellos son los que están en el candelero, no los artistas.

–Se polemiza mucho sobre la relación que tenía con sus hijos, Zeus y Thais. Nos encantaría conocer su versión.

–Yo creo que ellos no la han hecho feliz, pero este es un pensamiento muy personal. Ella sí se volcó con ellos y les hizo felices.

–¿Últimamente estaban unidos?

–A eso no le contesto.

–¿Alguno de ellos le ha dicho la causa exacta de su fallecimiento?

–Se lo pregunté, pero no me lo aclararon. Lo que me sorprende es que no le practicaran la autopsia. No sabemos de qué ha muerto exactamente. Al menos sé que no ha sufrido y con eso me doy por satisfecha.

–¿Es cierto que en estos momentos tenía un nuevo amor?

–Ella me contó que tenía una amistad con una persona de Alicante. Pedí que me lo presentara, pero nunca vino a Madrid.

–¿Cree, como se ha dicho, que tenía problemas económicos?

–Eso es mentira. Tuvo problemas con su administrador, nada más. Solo en joyas tenía una auténtica fortuna. Yo voy a hablar con los hijos, o con quien tenga que hablar, para comprar sus joyas. Para lucirlas yo y tenerlas de recuerdo.

–Sara y usted fueron muy criticadas por sus romances con los cubanos Dinio García y Tony Hernández. Por qué lo hicieron, ¿por amor, por dinero, por cobrar protagonismo...?

–Sí, puede ser que nos equivocáramos las dos, pero hay un momento en la vida que te pilla de tonta, de romántica. Por supuesto que no lo hicimos por dinero. Si yo lo hubiera hecho por dinero, ahora sería la dueña del Banco de España. Con los pretendientes que hemos tenido Sara y yo, ¡por Dios! Lo nuestro fue un capricho tonto. Cuando empecé con Dinio, ella dijo «pues yo también», porque siempre nos gustaron las mismas cosas. Sara debió pensar: «Si Maru tiene un cubano, pues yo tengo otro».

–¿Cómo era realmente Sara?

–Tuvo muchas faltas, como todos, pero era muy buena gente. Era muy embustera, pero en plan simpático. Mentía, mentía… y le gustaba estar siempre en pose. Nos llevábamos bien porque yo soy todo lo contrario. Yo la complementaba a ella y ella a mí. Una vez me dijo: «Es que hay que fingir cuando hay gente extraña de la profesión. Hay que estar en plan estrella y tú lo sabes».

–Y no le faltaba razón...

–Para mí, todo en ella era bueno. Y en la calle, en los eventos, en todos los sitios... era una estrella.