El puchero canario
El puchero canario - abc

Benito Pérez Galdós y el puchero canario

Natural de Canarias, llegó a Madrid con veinte años y se impregnó del ambiente de la capital, que tanto le inspiró

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Hoy, cuando bate records de venta la llamada novela histórica, sería bueno recordar a esa enorme figura de nuestras letras que fue don Benito Pérez Galdós, porque, para novela histórica, nada como los «Episodios Nacionales», desde Carlos IV hasta la regencia de María Cristina de Habsburgo. Es difícil de superar la brillantez de esta obra fundamental, que trasciende de lo novelístico para convertirse en una referencia necesaria para conocer el siglo XIX español.

Galdós nació en Las Palmas de Gran Canaria, donde se formó. Llegó a Madrid con veinte años, y se impregnó del ambiente de la capital, que tan bien supo reflejar en novelas como «Fortunata y Jacinta» o «Misericordia». Pero tocó muchos palos, muchos argumentos. Incluso tradujo a Dickens; en mi biblioteca está su excelente versión de «Los papeles póstumos del Club Pickwick». Soltero recalcitrante, tuvo una larga relación sentimental con Emilia Pardo Bazán. Fue diputado a Cortes (nada menos que por Puerto Rico) y candidato, en 1912, al Premio Nobel de Literatura. Murió en Madrid, en 1920.

Madrid y Canarias… Es inevitable la referencia al plato que sirve de nexo entre dos climas tan distantes, que no es otro que el cocido, en la versión madrileña y, por supuesto, en la isleña: el magnífico puchero canario. Un cocido adaptado a una tierra y a un clima, que hace hincapié en lo vegetal y que, sin duda, es el más atractivo desde el punto de vista cromático: es una paleta de pintor. Hace años que me lo descubrió en Santa Cruz mi prematuramente desaparecido amigo Manuel Iglesias, gran impulsor de la cocina tinerfeña.

Puchero canario, vegetal y colorido

El puchero canario lleva carnes: de ternera, de cerdo, tocino, chorizo, gallina… Pero lo vegetal manda: papas (patatas), batatas, garbanzos, calabaza, mazorcas de maíz («piñas de millo»), zanahorias, judías verdes, col, bubangos (deliciosa variedad de calabacín), chayote… y hasta pera. Imaginen el colorido, y recréense en su contemplación… pero sólo un momento, no se les vaya a enfriar.