Pío Baroja y la tortilla de anchoas
Tortilla de anchoas con pimientos de Padrón - abc
gastrónomos exquisitos

Pío Baroja y la tortilla de anchoas

Fue, además de uno de los integrantes de la Generación del 98, un gran amante de la cocina

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Suele encuadrársele en la Generación del 98, aunque él negase siempre la existencia de tal generación. Pío Baroja, donostiarra, es sin duda una de las firmas más prestigiosas de la literatura española de la primera mitad del siglo pasado. De familia relacionada con el periodismo, comenzó estudios de Medicina, pero pudo más que una incierta vocación galénica su afición a escribir, su pasión por escribir. La guerra civil, que le sorprendió en Vera de Bidasoa (Navarra, zona «nacional»), marca de alguna manera un antes y un después en su nada escasa producción literaria, llena de personajes vitalistas, inadaptados, con poco margen para el optimismo.

Obras como «Zalacaín el aventurero», «Las inquietudes de Shanti Andía», «Aventuras y mixtificaciones de Silvestre Paradox» y tantas otras, le han situado en el puesto que ocupa en la historia de la literatura. Se cuenta que Ernest Hemingway, Premio Nobel de Literatura en 1954, comentó a Baroja que quien se lo merecía era el escritor vasco; parece ser que Hemingway hizo el mismo comentario a otros autores ilustres.

Una tortilla del norte

Baroja era donostiarra, lo que quiere decir que nació y vivió, hasta que se trasladó a Madrid, en una ciudad que rinde culto a la buena mesa. No consta que don Pío fuese un reputado gastrónomo; pero sin duda conoció y saboreó muchas de las especialidades que han cimentado la fama de su ciudad natal como santuario de la cocina. Entre esas especialidades traemos aquí una tradicional, magnífica en su sencillez: la tortilla de anchoas, o sea, de boquerones o bocartes.

Sencilla, como muchas grandes recetas: hay que picar y dorar ajo en la sartén, añadir las anchoas hechas filetes, limpios y desespinados, darles unas vueltas y añadir el batido de huevos. Debe quedar jugosa. Opcionalmente se puede añadir un aire de cebolla, una insinuación de pimiento verde… allá cada cual. Pero, para mí, esta tortilla es una de las cumbres del tapeo donostiarra, y no la perdono cuando viajo a San Sebastián. Que no todas las tapas han de ser «alta cocina en miniatura», aunque, bien pensado, su carácter popular no merma la altura gastronómica de una buena tortilla de anchoas.