François René de Chateaubriand y su filete
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François René de Chateaubriand y su filete

Fue bautizado así por el cocinero en honor de su patrón, una cosa que era normal en su tiempo

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En los tiempos en que los grandes cocineros estaban al servicio de los poderosos, o de los aristócratas, era normal que bautizasen alguna de sus creaciones con el nombre de su patrón; es el caso del chateaubriand, el grueso filete que Montmirail dedicó a François-René de Chateaubriand, cuya vida transcurrió entre los más diversos avatares políticos, desde la Revolución al reinado de Luis Felipe.

Chateaubriand fue uno de los representantes del monarquismo más clásico. Exiliado en la Revolución, regresó a Francia a tiempo de apoyar a Bonaparte… hasta que dejó de hacerlo, cuando Napoleón se coronó emperador. Sirvió a Luis XVIII, con el que salió a toda prisa cuando Napoleón regresó de Elba. Una vez de vuelta ambos, nuestro personaje, ya vizconde, desempeñó diversos cargos, entre ellos embajador en Londres y, después, ministro de Asuntos Exteriores. En la literatura, está considerado, con Víctor Hugo, uno de los padres del romanticismo francés.

Quién le iba a decir que al final sería conocido, más que por «Atala». «El genio del cristianismo» o «El último abencerraje», por el filete que su cocinero le dedicó, al parecer, durante su estancia en la capital británica, algo natural teniendo en cuenta la calidad de los bueyes ingleses.