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Rainiero III de Mónaco

Nacido en 1923 y viudo de Grace Kelly, fue Príncipe de Mónaco hasta su muerte en 2005.

Y Mónaco desplegó su «glamour»

Y Mónaco desplegó su «glamour»

Alberto y Charlene ofrecen una cena de gala en la Ópera Garnier de Montecarlo a las casas reales, jefes de estado y celebridades invitadas. Sigue en ABC el minuto a minuto de la celebración

Relevo en el Principado

Relevo en el Principado

El puesto de Mónaco en la geografía mundial del lujo, el ocio, los placeres y las más discretas finanzas requiere unas intrincadas relaciones de poder, influencia y proyección en la escena

JUAN PEDRO QUIÑONERO Comentar

Grace Kelly, una vida de leyenda

POR JUAN PEDRO QUIÑONEROENVIADO ESPECIALMÓNACO. La vida de Grace Kelly, Grace de Mónaco, todavía está por escribir. Pero la exposición «Les années Grace Kelly», en el Forum Grimaldi de Mónaco, abre

La princesa de los ojos tristes cumple 50 años

La princesa de los ojos tristes cumple 50 años

POR JOSÉ EDUARDO ARENASMADRID. Carolina Luisa Margarita Grimaldi cumple hoy 50 espléndidos años. Nació a las 9.27 horas del día 23 de enero de 1957. Reina -que no princesa- del papel cuché, ha vivido

POR JOSÉ EDUARDO ARENAS Comentar

Carolina de Mónaco cumple 50

Ni por ser princesa se salvó de los golpes del destino: brillo y glamour, sufrimiento y drama atraviesan la vida de Carolina de Mónaco como los finos hilos de plata del vestido de noche de Chanel que


La tremenda soledad de los hijos de Rainiero

La tremenda soledad de los hijos de Rainiero

MÓNACO. Cuenta una leyenda que en el siglo XIX Rainiero I dejó plantada a una amante gitana que, en un ataque de ira, le lanzó una maldición: «Ningún Grimaldi encontrará la felicidad en el matrimonio». Ayer era fácil recordar esa maldición cuando tras el féretro de Rainiero III aparecían el Príncipe Alberto II y sus hermanas las Princesas Carolina y Estefanía. Tres tristes hijos. Tres tristes desgracias. Tres desconsoladas figuras sin una pareja a la que recurrir en busca de consuelo. Detrás, los hijos que Carolina tuvo con el fallecido Stefano Casiraghi más los dos de su actual marido, Ernesto de Hannover. Una vez más faltaron los de Estefanía de Mónaco (dos de su relación con Daniel Ducruet y el tercero fruto de un breve idilio con un monitor de esquí), aunque ahora sí habría valido la excusa de que son muy pequeños para estas ceremonias, al igual que ocurre con la benjamina de Carolina, Alejandra. Cada uno con su circunstancia, lo cierto es que la soledad de los hijos de Rainiero ayer era palpable, era notoria y era hasta preocupante. Alberto II llega al Trono soltero y sin ninguna pinta de que vaya a cambiar su estado civil en breve. Alberto no tendrá una Primera Dama que le acompañe en los actos oficiales aunque bien es cierto que su padre tampoco la tuvo durante sus primeros diez años como Príncipe. Pero entonces Rainiero tenía 26 años y hoy son 47 los que ya no cumple Alberto. La continuidad de la dinastía está arreglada tras la modificación que se hizo en la Constitución a petición del propio Rainiero por lo que no habría ningún obstáculo para que Alberto permanezca soltero, fiel a su estilo. La tensión de las Princesas Pero si su papel en la vida tal vez no sea el de formar una familia, lo que sí tendrá que limar con auténtica diplomacia es la malísima relación que ha existido y existe entre las Princesas Carolina y Estefanía. Ni en la muerte de su padre se ha atisbado algún síntoma de que las cosas fueran a cambiar entre las hermanas. Es más, de su actitud de ayer se podría decir que la frialdad es brutal entre ambas. Aunque en la retransmisión de la ceremonia religiosa las cámaras eludieron captar si las Princesas se daban la paz, lo que sí se vio perfectamente fue cómo Estefanía abandonaba rápidamente la catedral en un coche distinto del que iban sus dos hermanos. Las dos imágenes de las hermanas era impactante. Envueltas en mantillas negras y con vestimentas de luto riguroso, el negro de sus prendas sólo contrastaba con la palidez de unos rostros de desprender lágrimas secas tras tanto llanto -han pasado nueve días desde la muerte del Príncipe- y donde las cicatrices del dolor surcan sin piedad la piel de las que han sido las Princesas más bellas de la realeza. Centro de todas las miradas fue -y así lo sabía- la princesa Carolina. Con su marido Hannover ingresado en el hospital por una pancreatitis aguda de la que el último boletín habla de «evolución favorable», la belleza serena de Carolina sobresalía frente al deterioro de una Estefanía, «ojito derecho» del Soberano, y a quien tantísimos disgustos dio por su alocada vida. «Es el único hombre que nunca me ha fallado» dijo en su día de su padre. De ahí tal vez la corona de flores con un simple «Stephanie» que había en la catedral. Sólo ella sabe lo sola que se queda ahora. Mónaco se paralizó Junto a los tres compartió banco en la catedral la hermana de Rainiero, la princesa Antoinette, cuya delicada salud impidió que siguiera el cortejo fúnebre. «Tía Antoniette», como la llaman en familia, es testigo mudo de todos los vaivenes que han vivido los Grimaldi y en cuya historia ella también ha escrito sus capítulos de escándalo, muy en la línea de sus sobrinas. Con el funeral y posterior inhumación de los restos mortales del Príncipe Rainiero que ya descansa al lado de su querida esposa, la Princesa Gracia, Mónaco despidió en silencio y sin perder la compostura al que ha sido su «patrón» durante 56 largos y fructíferos años. En señal de duelo ayer el Principado era un estado fantasma. Todo estaba cerrado. Desde el casino a los transportes públicos, desde las tiendas a los restaurantes. Las estrictas medidas de seguridad hicieron de Mónaco un lugar aislado para el resto del mundo, un duelo únicamente roto por el estruendo de los 36 cañonazos que se lanzaron por el veterano Soberano.

TEXTO BEATRIZ CORTÁZAR ENVIADA ESPECIAL/ Comentar