Simeón II de Bulgaria posa para ABC en su casa de Madrid, donde vivió cincuenta años de exilio
Simeón II de Bulgaria posa para ABC en su casa de Madrid, donde vivió cincuenta años de exilio - ignacio gil

Simeón de Bulgaria: «Algunos quieren forzarme a un segundo exilio»

El antiguo Monarca recibe a ABC días antes de publicar su libro de memorias. «Lo de ‘‘rey republicano’’ es una buena sinopsis de mi currículum», reconoce

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Durante años Su Majestad el Rey Simeón II de Bulgaria ha atesorado una caricatura en su despacho en el palacete de Vrana, en Sofía. Se trata de la ilustración de un pelícano que se está tragando una rana de la que apenas se alcanza a ver las patas con las que el anfibio se agarra al cuello del pájaro que lo devora. Al pie, un lema: «Nunca te des por vencido». El grabado solo adquiere pleno sentido cuando se repasa la vida de su dueño: la muerte repentina de su padre, Boris III, en 1943; el ascenso al Trono con solo 6 años; la invasión soviética y el subsiguiente exilio –primero, en Alejandría; después, en Madrid–; el retorno a la patria medio siglo después; y una lucha por lo que es suyo que se prolonga hasta nuestros días.

A sus 77 años, el Rey y ex primer ministro búlgaro ha decidido contar su propia historia. Su autobiografía, «Un destino singular» (Flammarion), sale a la venta el 28 de octubre en Bulgaria y después en Francia. «Ha sido un parto larguísimo. En 2000, después de ganar las elecciones, tuve la idea de escribir las memorias porque me encontraba ante una situación única: un Rey elegido primer ministro. Pero consideré que tenía que pasar por la política para empezar a escribirlas», explica Simeón a ABC en su casa de Madrid. «Más que memorias, es una biografía, porque de nostalgia tiene poco», aclara sentado en un salón poblado por retratos de sus antepasados, todos reyes y reinas.

—¿Cuál ha sido el capítulo más difícil?

—No es un relato cronológico porque todos saben que cuando uno nace es un bebé pequeño. Empieza con mi regreso a Bulgaria en 1996 y luego vuelvo al pasado. Lo difícil es atenerse a los hechos y no dejarse llevar por resentimientos. Algunos compatriotas pensaron que regresaba a Bulgaria para vengarme, otros que volvía por ambición, y otros que para vender mis propiedades. En el libro explico por qué he vuelto.

—La muerte de su padre es uno de los hechos más enigmáticos de su historia. ¿Fue asesinado por Adolf Hitler?

—No sé si lo asesinaron los nazis o los soviéticos. Aporto el máximo número posible de referencias coincidentes para dejarlo a criterio del lector. Quería llegar a la verdad en este libro. Lo terminé de escribir el 28 de agosto de 2013, 70 años después de la muerte de mi padre y de mi llegada al Trono. Hay indicios de asesinato, pero no pude acceder a los archivos confiscados por los soviéticos en 1944. Moscú tiene una ley que prohíbe que sus archivos salgan del país y es muy difícil obtener copias. Incluso hablé con el último jefe del KGB, Yevgeni Primakov, y ni él pudo ayudarme.

—¿Cómo se sintió al llegar a España?

—Yo venía de una Alejandría tremendamente cosmopolita. España en 1951 todavía estaba marcada por la Guerra Civil. Viniendo de África, España me pareció atrasada. El tendero de Alejandría hablaba cuatro idiomas y aquí casi nadie hablaba una segunda lengua. Con 14 años, eso me sorprendió mucho.

—Y entró en el Liceo Francés, donde compartió pupitre con Gregorio Peces-Barba y Miguel Boyer.

—Además de Gregorio estaban José Antonio Bacle; Mariano Daranas, hijo de uno de los ideólogos de la falange; Maya, hija de Pablo Picasso... De allí salió de todo. Miguel hacía el bachillerato español y lo veía en el recreo. Lo llamábamos «el boyero». Una vez descubrimos que uno de los vigilantes trabajaba para la Brigada Político-Social y tomaba nota de lo que se hablaba en los recreos, donde se oían cosas altamente subversivas para la época. Era un oasis en el franquismo. A mi madre la criticaron por meterme en ese «nido de laicos».

—El general Franco le tenía simpatía.

—Dudo que fuera por mí. Le gustaba lo que yo representaba: el anticomunismo o, mejor dicho, el antisovietismo. Además, estoy convencido de que Franco era monárquico, de eso no me cabe la menor duda. Me trataba como a un nieto. Alguien alguna vez dijo que me regaló mi casa de Madrid. Allegro ma non troppo. No me regaló nada.

«No me dejan jubilarme»

—Algunos le llaman «el Rey republicano». ¿Cómo le sienta?

—No me siento incómodo. Soy descendiente de Luis Felipe de Francia (risas)... y juré fidelidad a la república. No lo veo como una traición a mis antepasados. Fue lo lógico en mis circunstancias. Es una buena sinopsis de mi currículum.

—¿A qué se dedica un Rey retirado?

—Retirado entre comillas. Tengo 77 años y no me dejan jubilarme. Vuelvo a mi rol inicial del «buen rey gagá» al que se le consulta sobre muchas cosas. Después de haber sido el «malvado primer ministro», ahora vuelvo a ser «el sabio consejero». Se cierra un ciclo.

El «nunca te des por vencido» ha cobrado un nuevo significado en los últimos años. El dulce retorno a Bulgaria, con victoria en las urnas incluida, se ha ido agriando por culpa de una disputa con el Estado por las antiguas posesiones de la Familia Real. En 1946, días antes de su exilio, el presidente comunista entregó a la madre del Rey la lista detallada de sus propiedades. Estas fueron confiscadas al año siguiente, confirmando que se trataba de bienes particulares. En 1998 el Tribunal Constitucional búlgaro se pronunció por unanimidad para que los bienes reales fueran restituidos. «Hasta políticos que no sienten ninguna simpatía por mí dijeron que con este acto se había cumplido una justicia histórica», dice.

Pero en 2012 la Justicia le denegó la propiedad de un palacio en Krichim (en el centro del país), y este verano un tribunal de Sofía sentenció que la residencia de Tsarska Bistritsa (al sur del país) siempre ha pertenecido al Estado. Y aún están pendientes de resolución las reclamaciones sobre la restitución de otros dos palacios. Aunque el caso está siendo estudiado por Estrasburgo, Simeón aspira a un arreglo extrajudicial porque «sería razonable y muchísimo más económico para ambas partes».

—Ahora se le niega lo que es suyo.

—Solo después de haber presidido yo el Gobierno comenzaron las impugnaciones. En 2009 incluso se llegó a una decisión absurda, en el Parlamento, de imponer un moratorium sobre nuestras propiedades, que impide que podamos explotar nuestros bosques. Este acto es anticonstitucional, ya que únicamente un juez podría pronunciarse si alguien puede o no disponer libremente de sus bienes. No han empezado con el palacio de Vrana, pero ya lo estoy viendo... Lo que más me duele es la mala publicidad de Bulgaria en el extranjero.

«Cumplí con mi pueblo»

—¿Ve una mano negra detrás de esto?

—No pocos búlgaros, y yo entre ellos, vemos signos de índole política. El ensañamiento lo corrobora que en Bulgaria existen enormes fortunas acumuladas en pocos años que no se cuestionan; en cambio, lo que es de Simeón se saca constantemente a colación. Algunos acomplejados que no pudieron aceptar que presidiera el Gobierno tratan de vengarse. A veces pienso que hay quien quiere forzarme a un segundo exilio.

—¿Decepcionado por la política?

—No, fue un desafío. Desde luego que no era mi oficio original ni estaba yo preparado para ello. Me criaron para estar por encima de los partidos, pero el momento histórico me llamó y creo que cumplí con mi pueblo.

—Su primogénito, Kardam, sufrió un grave en accidente en 2008. ¿Se ha planteado volver a España?

—¿Qué puedo hacer aquí, más que desesperarme y exasperar a Miriam (Ungría) y al resto de la familia? Lo terrible de esta lesión es que no es cuestión de paciencia o de reeducación. Ni los expertos saben qué pasará. Para los padres no se puede explicar. No se lo deseo a nadie.

—¿Le hubiera gustado que sus hijos trabajaran en política?

—No me hubiera molestado. Pero cuando llegué a presidente los ataques eran tan gratuitos que rogué a mis hijos, pese a la soledad espantosa que sentía, que no vinieran a Bulgaria. No quería que fueran blanco de ataques. El regreso de la Monarquía es una idea bonita, pero no real. Si están felices y satisfechos con la república, ¿quién soy yo para decirles que hay que cambiar el sistema?

—¿Cómo recibió la abdicación del Rey Don Juan Carlos?

—Tuvo la bondad de decírmelo el 22 de marzo (casi seis meses antes del anuncio oficial) y viajé a Madrid para la abdicación. Me dijo que habíamos empezado juntos y que quería que estuviera junto a él. Fue una emoción tremenda.

—Y llegamos a Felipe VI.

—Lo conozco desde que era un niño. Mi hijo Kyril vivió una temporada en el Palacio de La Zarzuela. Querían que hubiera otro varón en una casa llena de mujeres. No me gusta opinar, pero si hay alguien preparado es él. Desde que abrió los ojos ha sido entrenado para ser Rey.

—¿Cómo quiere pasar a la Historia?

—Uy, Dios, sugiérame algo.

—Bueno, suele ser una etiqueta...

—Solo la Historia lo dirá. Debe pasar el tiempo. Y para entonces, ya no estaré.