Una pareja recién casada
Una pareja recién casada - AFP

Ser wedding planner: no todo es de color de rosa

Organizar bodas se está convirtiendo en una profesión en alza, pero no todo el mundo conoce todo lo que rodea a este mundo

Actualizado:

Seamos sinceros: si uno piensa en una boda y en cómo organizarla, si ese mundo le gusta, se imagina el proceso como algo fácil y de color de rosa. Culpa de ello la tienen películas como «Planes de boda», protagonizada por Jennifer López, que encarna a una wedding planner tan atípica que termina hasta por quedarse con el novio.

El film es un buen ejemplo de cómo idealizar una profesión de la que se tiende a ver sólo la parte superficial y de cómo se deja de lado el costoso proceso que lleva hasta el día «D», en el que se produce el enlace, y en el que, por cierto, el trabajo no ha terminado. Si bien es cierto que en los últimos siete años las cosas han cambiado y tanto clientes como potenciales expertos en la materia empiezan a conocer bien de qué se trata ser wedding planner, aún queda mucho por hacer.

Así lo expresa Concha Molina, fundadora y directora de «En Buenas Manos Bodas», que se encarga de ofrecer un servicio integral de bodas. Comenzó en Estados Unidos, donde trabajaba en eventos corporativos hasta que un día, por casualidad, organizó una boda y le gustó. «Vi que podía hacer más cosas gracias a mi formación y como allí para poder dedicarte a esto es obligatorio estar certificado, así lo hice y empecé a dedicarme a esto, encargándome de todo: diseño, planificación y venta de servicios».

Esta experiencia fue la que le permitió a Molina, una vez en España, darse cuenta de que aquí había un «vacío» que, bien empleado, suponía una gran oportunidad. «Aquí hace siete años no nos conocían y encima se nos asociaba a elitismo, a que iban a pagar muchísimo, a que iban a ser servicios elitistas e impagables. Ahora, ya saben que son precios accesibles, hay más novios dispuestos, más gente que realmente lo valora, porque organizar una boda es un trabajo agotador. Muchas novias lo dicen abiertamente: "Mira, quiero evitarme el trabajo sucio, problemas, desplazamientos, no quiero quebraderos de cabeza..." y ya saben cómo les puedo ayudar».

En el hecho de que se haya empezado a extender, conocer y entender en qué consiste este trabajo, han influido múltiples factores. La inmersión de las bloggers de la mano de las redes sociales ha sido básico, puesto que son ellas las que, gracias en parte a su capacidad de influencia, han acercado el trabajo al resto mostrando todos los detalles, hasta ahora ocultos. «El boca a boca también ha hecho mucho», apunta Molina, que explica cómo los novios al final son la mejor publicidad.

Sin embargo, como en muchas otras profesiones, una vez más conocido este negocio, también se ha dado un aumento del intrusismo.«Como en España no cualquiera puede vender bodas, hay una parte buena y una mala: hay menos profesionalización, pero por otro lado todo el mundo puede acceder. Eso sí, hay gente que opta por no trabajar de una forma profesional, pero esto sucede con todo, es algo imposible de controlar que se da también con el cátering, con las fincas...».

Pese a todo, actualmente no solo se está extendiendo este tipo de trabajo, sino también los medios para formarse en él. La propia Concha Molina se encarga de ofrecer unos cursos, que ella misma define como «punto de partida», para que se conozca bien esa parte que las películas no muestran. El éxito ha sido tal, que desde 2012 suele tener todas las convocatorias cubiertas y se ha decidido a impartir un máster,

Es una forma de introducirse en un mundo en el que hay que estar preparado para todo. «Tienes que tener una gran capacidad de reacción, porque puede suceder que descubras que el cátering se ha olvidado del pan, que los montadores de la carpa han puesto mal los anclajes, que no llega la persona encargada de traer la tarta, que haya un invitado borracho, una invitada que no se quiere sentar donde le han asignado... se trata de ser capaz de conseguir que no se vea nada de eso y que al final sea todo perfecto».

¿Lo peor que le ha pasado a Molina? Ella misma lo cuenta entre risas, aunque reconoce la angustia de aquel momento: «Fue traumático. La novia se casaba un sábado por la tarde y me llama el viernes por la noche para decirme que su novio, que se había ido de despedida el jueves con los amigos, estaba desaparecido. No sabía nada de ninguno de ellos. En ese momento le dije: voy a buscarle a Navarra, donde estaba. Al final no fue necesario, porque apareció de madrugada, pero imagina... al final te acabas convirtiendo, en muchos casos, en un gran apoyo para los novios y en alguien que les recuerda que lo más importante es disfrutar».