«Paulina es una diva caprichosa», dicen los amigos de Nicolás Vallejo-Nájera. Mientras, la cantante guarda silencio. El suyo no será un divorcio pacífico

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Un divorcio nada amistoso. Eso es lo que se les viene encima a Paulina Rubio y Nicolás «Colate» Vallejo-Nájera una vez que se ha confirmado que llevan separados desde el pasado mes de noviembre. La exclusiva que ha vendido Colate, en la que narra su final con la «Chica dorada», ya no deja lugar a dudas.

«La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ¡ay Dios!», ha sido la respuesta de Paulina a la entrevista de su todavía marido. A través de su Twitter ha roto su silencio con esa «inesperada» reacción. Y es que aún no habían comenzado a arreglar los papeles cuando Colate ha detallado públicamente el final del mismo: que no hay solución, que Paulina no ha hecho lo posible para salvar el matrimonio, que no se ha esforzado...

En crisis desde el principio

Y es de una «relación insoportable» de lo que me hablan los íntimos de Colate, que estaban al tanto de la larga crisis de este matrimonio casi desde su inicio. Según me comentan, ni la llegada al mundo del pequeño Nicolás, a quien la cantante llama «Nico baby», ha podido arreglar una convivencia que era una auténtica pesadilla dado el mal carácter de la mexicana. «Es una diva caprichosa y muy difícil», aseguran.

Lo cierto es que soportar las 24 horas del día a Paulina no debe de ser fácil. De eso damos fe los periodistas que hemos trabajado con ella cuando viene de promoción. Pero todo eso no lo vi Colate cuando se enamoró de Pau y decidió instalarse con ella en Miami tras su boda mexicana, en 2007. Colate había montado en Madrid una empresa de comunicación que poco a poco empezaba a rodar. Lógicamente, la carrera de Paulina era muchísimo más rentable, de ahí que Colate se convenciera de que podía vivir sin problemas en Miami y trabajar a través de su portátil. Por eso, tras un sonado romance con Eugenia Martínez de Irujo y una ruptura muy desagradable con Patricia Pérez (le denunció por unas deudas económicas), el hombre que siempre se agobió con el acoso mediático se comprometió con la artista que siempre soñó con casarse con un español.

En su día, Paulina Rubio a punto estuvo de celebrar una boda con Ricardo Bofill. Con el hijo del famoso arquitecto vivió un loco y apasionado noviazgo que acabó al tiempo que Bofill anunciaba su retirada de las drogas. Parece ser que sereno ya no era tan divertido vivir con Paulina.

«Mi hija tiene valor»

«A Pau la adoro. Tengo un nieto divino y tanto Nicolás como ella están muy guapos. Pero no quiero hablar de su vida privada. Mi hija siempre ha tenido el valor de confrontar a los medios y yo la respeto mucho», declaraba hace unos días la madre de Paulina, la actriz Susana Dosamantes, tras negar que hubiera problemas y asegurar que los rumores se debían a una necesidad de «vender más revistas». Susana criticó abiertamente a la prensa del corazón por especular sobre la vida privada de su hija, al tiempo que señalaba que la pareja «tiene que arreglar sus diferencias». Poco imaginaba que, al día siguiente, su yerno iba a ser portada de «Hola».

Hoy, Paulina prepara un concierto para el 17 de marzo en Acapulco. Mientras, Colate cuenta con el apoyo de Nacho Cano, quien le ha mostrado las excelencias del bikramyoga para soportar la tensión acumulada. Fanático de esta disciplina, está ayudando al exmiembro de Mecano en la expansión del centro que ha abierto en Miami. Colate, además, se apoya en otros buenos amigos, como Alejandro Sanz, testigo de su paciencia durante los últimos años. Por su parte, Carolina Cerezuela, quien también ha estado unos días en Miami, dice del ex de Paulina que es «un padrazo maravilloso. Está como loco con su niño». La esposa de Carlos Moyá no quiere entrar en detalles, pero cuenta que, como padre, Colate tendrá que luchar para «defender lo que es suyo».

De momento, Nicolás Vallejo-Nájera ha anunciado que se queda en Miami para estar cerca del niño. Habrá que ver cómo se lo toma Paulina, que, hasta no hace mucho, prefería mirar para otro lado. «Ambos habían llegado al clásico pacto de “ojos que no ven, corazón que no siente”. Vamos, que cada uno podía hacer su vida sin escándalos y sin rupturas». Una receta que el marido de la «Chica de oro» no ha podido soportar por más tiempo.