Orson se cuela en el castillo

Orson se cuela en el castillo

Un final irónico para la cruzada de Hearst contra «Ciudadano Kane»: la película se proyectará en su fabulosa mansión

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El pulso que comenzó hace 71 años entre dos de los mayores egos en la cultura popular de Estados Unidos —que siempre ha sufrido de grandes problemas para definir la frontera entre realidad e ilusión— va terminar con una sobredosis de ironía histórica, como no podría ser de otra forma tratándose de William Randolph Hearst y Orson Welles. El simbólico armisticio para todo lo que hizo Hearst por destruir la obra maestra de Welles está fijado para el próximo 9 de marzo. Fecha en la que «Ciudadano Kane» se proyectará en el apabullante castillo que el magnate multimedia se hizo construir sobre su majestuosa propiedad costera de San Simeón, a medio camino entre Los Ángeles y San Francisco.

Los herederos de Hearst se han declarado a favor de pasar definitivamente página a la cruzada orquestada por su todopoderoso ancestro cuando se sintió ridiculizado por lo que hoy se considera como una pieza genial del cine americano. Y desde hace varias semanas ya no quedan entradas disponibles para el único pase organizado por el Festival Internacional de Cine de San Luis Obispo a los pies de la casa del «jefe», convertida desde 1958 en monumento histórico a cargo del Servicio de Parques de California.

La ira del magnate

William Randolph Hearst, según diversos testimonios, nunca se molestó en ver la película que él había inspirado al veinteañero y rompedor Orson Welles. Pero lo que le contaron fue más que suficiente para desatar su ira y activar sus influencias. Para empezar, se negó a publicar cualquier anuncio o mención de «Ciudadano Kane» en su cadena de periódicos, consumidos por uno de cada cinco americanos. A través de sus conexiones en Hollywood, intentó adquirir el negativo de la película para destruirlo.

Dentro de su premeditada venganza, Hearst incluso llegó a recurrir al implacable director del FBI, J. Edgard Hoover. Como resultado, Orson Welles fue investigado durante una década por sus actitudes poco patrióticas y simpatías comunistas. Aunque el colmo fue la campaña para desacreditar al provocador cineasta dentro del mismo Hollywood. Para ello Hearst no tuvo más que recordar todos los favores realizados y las miserias que no habían aparecido en sus diarios.

El repudio y la retirada

Al final, entre chantajes y la arrogancia del propio Welles, el joven director y su película llegaron a ser abucheados en la gala de los Oscar de aquel año presentada por Bob Hope. Y con nueve nominaciones, durante la ceremonia celebrada en el hotel Biltmore de Los Ángeles, «Ciudadano Kane» solo recibió el premio de la Academia al mejor guión original, compartido por Orson Welles y Herman Mankiewicz. Tras ese repudio, los estudios RKO optaron por retirar su polémico largomentraje de 119 minutos, quedando en la práctica olvidada durante casi un cuarto de siglo.

Steven Hearst, el bisnieto del magnate, ha argumentado que proyectar ahora «Ciudadano Kane» en el castillo de San Simeón es una «gran oportunidad» para hacer justicia y demostrar que se trata de una obra de ficción y no de un documental. Empezando por ilustrar que el propio castillo Hearst —descrito por George Bernard Shaw como «el lugar que Dios se habría construido, si hubiera dispuesto de dinero»— no tiene nada que ver con el tétrico Xanadú presentado en la película.

Con todo, «Ciudadano Kane» no deja de rimar bastante con la biografía de Hearst. Manipulación de la opinión pública, sensacionalismo periodístico, una joven amante en el mundo del espectáculo, una mansión palaciega, compulsión por comprar obras de arte y el uso de medios de comunicación como herramienta de poder político. Según Douglas Fairbanks junior, cuando su padre le preguntó una vez al magnate por qué no se había adentrado más en la industria del cine, la respuesta fue: «Pensé en ello, pero decidí que el poder de los periódicos no lo dan las películas».

Una de las cosas que más molestaron a Hearst en su pulso cinematográfico habría sido el personaje de la querida de Kane, presentada como una alcoholizada cantante forzada a una desastrosa carrera operística. La amante real del magnate, Marion Davies, era una actriz con méritos propios y bastante apreciada por Hollywood. Décadas después, en una entrevista con el director Peter Bogdanovich, Welles llegó a reconocer que se había pasado respecto a esa «mujer extraordinaria».

En el ascensor

En esas confesiones de 1969, Welles también contó la increíble anécdota de un encuentro con Hearst en un ascensor del hotel Fairmont de San Francisco, justo la misma noche del estreno de «Ciudadano Kane». El niño terrible de Hollywood no dudó en invitar al magnate a ver su película. Ante un incómodo silencio como respuesta, Welles recriminó a su accidental compañero de ascensor que «Charles Foster Kane hubiera aceptado».