El «diablo» también viste de Gucci
Hillary Clinton

El «diablo» también viste de Gucci

Para las primeras ministras de Tailandia y Dinamarca y la secretaria de Estado de EE.UU. la imagen también cuenta

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En las altas esferas de la política, un simple broche puede causar un conflicto diplomático de proporciones universales. Y, si no, que le pregunten a Madeleine Albright. En 2001, mientras Rusia sofocaba con violencia la rebelión chechena, la por entonces secretaria de Estado estadounidense tuvo que acompañar al presidente Bill Clinton a una visita oficial a Moscú. Para tan incómoda ocasión, Albright no tuvo mejor idea que presentarse en el Kremlin con un broche de «los tres monos sabios»: los que no ven, no oyen ni dicen nada. Al ver la peculiar joya, Vladimir Putin le preguntó por qué llevaba esos monos. «Por su política hacia Chechenia», respondió ella. Así de importante es la moda en la política.

La flamante primera ministra de Dinamarca, la rubia y guapa Helle Thorning-Schmidt, pagó un alto precio por su imagen de mujer entendida en las marcas de diseño. Cuando solo era una eurodiputada, allá por 1999, un compañero de los escaños socialdemócratas la bautizó como «Gucci Helle», en referencia a que vestía con demasiada elegancia para ser una militante «de izquierdas».

Ciertamente, el mote casi le cuesta su ascenso al poder en el Partido Socialdemócrata de Dinamarca, pero Thorning terminó conquistando al electorado con su historia de superación. «Al principio se me colgó esa imagen de que siempre iba vestida de Gucci y de que era una señorita fina del norte de Copenhague —explicó a un periódico danés—. Pero la verdad es que me crié en un gueto, un suburbio del sur, con una madre separada».

Ahora le ocurre algo similar a la nueva primera ministra de Tailandia. Yingluck Shinawatra es joven (44 años), millonaria (estiman su fortuna en 17 millones de dólares) y muy elegante. Quizá demasiado para estar en política. Mientras el país asiático sufre una de las peores inundaciones en su historia, la prensa de Bangkok no deja de criticar que Shinawatra visite las zonas afectadas con unas botas de lluvia de la marca británica Burberry. Los 200 dólares que cuestan esos zapatos de goma representan una fortuna para una nación literalmente sumergida.

En cambio, la esposa del líder de la oposición, la también estilosa Vorakom Chatikavanij, se pasea por las inundaciones con unas botas de lluvia de Chanel —el modelo Camellia, que cuesta 600 dólares— sin recibir ni una sola crítica. «Es la esposa de un político, pero no es un jugador destacado en la escena política, quizá por eso nadie se fije en el precio de sus zapatos», aclaró un analista de CNN en un artículo sobre el «affaire» Burberry.

El maldito traje sastre

La secretaria de Estado estadounidense Hillary Clinton tiene más experiencia en este arte. En su cargo anterior como senadora, la ex primera dama fue víctima de las bromas más crueles por abusar de los trajes sastre negros. «Creo que está confundida sobre su género sexual», llegó a sentenciar el catedrático de la prestigiosa Escuela de Diseño Parsons Tim Gunn en un programa de televisión. Mientras que la diseñadora Donatella Versace declaró en 2007: «Debería conectarse con su lado femenino y usar más vestidos y faldas en vez de pantalones».

Pocos meses después, en plena carrera hacia la Casa Blanca, Clinton compareció en el Senado luciendo una chaqueta rosa y un «top» negro escotado con el que ganó votos. «Ahora sí está jugando en el campo de la moda... Ese escote es su florecimiento», escribió la ganadora del Pulitzer Robin Givhan en «The Washington Post». Desde entonces, Clinton toma más riesgos a la hora de nutrir su armario. Quizá haya comprendido que una mano de hierro nunca debe perder el guante de seda.