Los Kennedy: Confesiones de una secretaria
John-John y Carolyn Bassette - ABC

Los Kennedy: Confesiones de una secretaria

La asistente personal de John-John se decide a contar los últimos e intensos años dequien fue su jefe

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Los que hablan, no saben. Y los que saben, no hablan. O por lo menos se toman su tiempo para abrir la boca. Como testigo presencial de una de las mayores celebridades del mundo, RoseMarie Terenzio ha esperado más de una década para escribir «Cuento de hadas interrumpido» («Fairy Tale Interrupted», Gallery Books). El resultado es un relato con más admiración que confidencias sobre su experiencia como ayudante personal de JFK jnior desde 1994 hasta 1999. Es decir, los últimos y más intensos años para el príncipe de Camelot: con sus intentos para saltar a la vida pública de Estados Unidos, la boda con Carolyn Bessette y su trágico final en forma de accidente de aviación.

La autora, una estridente neoyorquina en las antípodas sociales de su jefe, explica la personalidad del hijo del presidente asesinado y de Jacqueline Onassis con el ejemplo de su primer encuentro. Terenzio trabajaba en una compañía de relaciones públicas de Nueva York. John-John llegó a la oficina sin anunciarse y ella le abrió la puerta. Se hicieron un poco de lío con el portero automático, y al tercer intento, el especial invitado logró entrar diciendo: «Lo siento».

Kennedy estaba allí para reunirse con Michael Berman, que se convertiría en su socio para editar la revista política «George». Y al hilo de ese proyecto con jornadas de trabajo de diez horas diarias, RoseMarie Terenzio se convirtió en la asistente-secretaria de John-John, terminando por controlar en la práctica el acceso al despacho de su jefe, su agenda, sus llamadas de teléfono, su correspondencia…

En ese puesto de confianza tuvo también oportunidad de conocer a Carolyn Bassette, que solía esperar a su novio en la redacción de «George» bebiendo vino, fumando y leyendo revistas. Ella le hacía compañía y terminaron conectando. De hecho, tras la boda, RoseMarie habría llegado a actuar como consejera matrimonial. Según su relato, para hacer frente a las grandes tensiones que generaba en la pareja el acoso mediático y la susceptibilidad de la nueva esposa ante las insinuaciones de no estar a la altura de un Kennedy.

«Newsweek» llegó a comparar a Carolyn Bassette con «un maniquí vagamente sin alma». Y la columnista Maureen Dowd, del «New York Times», dijo que era una mujer «con malas artes y responsable en parte de convertir al Kennedy serio en superficial». Ante críticas de ese calibre, la frustrada esposa de John-John llegó a amenazar con no ir a la boda de Rory, la hija pequeña de Robert Kennedy. Y RoseMarie tuvo que emplearse a fondo para evitar ese plante que no haría más que multiplicar la presión sobre la pareja.

Aquel fin de semana, a mitad de julio de 1999, el aire acondicionado en la casa de Terenzio dejó de funcionar. Sus amigos estelares le ofrecieron refugio en su apartamento para dar esquinazo a los rigores veraniegos de Nueva York. El resto de la historia es trágicamente conocida. De camino a la boda en Martha's Vineyard, la avioneta pilotada por John-John se estrelló en el Atlántico, con Bessette y su hermana, Lauren, a bordo. Y cuando la gente llamaba a casa de la pareja en busca de las últimas noticias, RoseMarie Terenzio —gate-keeperhasta el final— era la que contestaba el teléfono.