Las carrozas son para la vuelta
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Las carrozas son para la vuelta

Tocados a lo Ascot, colores compartidos, parecidos más que razonables... Estampas para recordar

R. BELMONTE
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En Estados Unidos, esta parafernalia entre grandeury alegría habría sido imposible; en Francia o Italia, histérica; en Alemania, demasiado severa; y en Rusia, inquietante. Pero en la querida Londres ha sido lozana, encantadora, romántica, espléndida y dirigida sin una mala nota. Estas palabras sirven para la boda de Guillermo y Catalina, pero fueron pronunciadas por Noël Coward comentando el enlace de la Princesa Margarita y Anthony Armstrong-Jones. Y no se puede decir que Coward no fuera un hombre de gusto.

Pero tampoco es que hayamos perdido la cabeza. Martin Amis ya avisó de que la atmósfera que rodeaba a la boda era «irracional, muy británica». Vale. Y Tanya Gold sostiene que las bodas reales todavía tienen la capacidad de hacer a los británicos idiotas. En una ocasión así, muchos somos británicos. E idiotas. From lost to the river. To the Támesis, indeed. Porque un acontecimiento de este tipo es para degustadores de la cultura popular (de la Royal Pop Culturesi no es un oxímoron) un jugoso bocado. Aunque las carrozas ya solo sean para la vuelta.