El mal arte de amar en la calle
Antonio Canales

El mal arte de amar en la calle

Antonio Canales y la alcaldesa belga Ilse Uyttersprot son los últimos famosos adeptos al «dogging»

BEATRIZ CORTÁZAR
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Dice que está viviendo un infierno y pide perdón públicamente tras ser «pillado» por parte de unos cámaras, mientras practicaba sexo oral en una playa de Sitges y a plena luz del día. Me refiero al bailarín Antonio Canales, que esta semana se ha subido a los escenarios del madrileño Teatro del Canal para acompañar a Cecilia Gómez (ex de Francisco Rivera) en el espectáculo «Cayetana. Su pasión». Al tiempo, por primera vez se ha enfrentado al público tras un escándalo sexual que es la comidilla de todos los foros desde que el programa «DEC», de Antena 3, emitiera parte del polémico vídeo. En él, Canales se desfoga junto a un hombre que, dicen, podría haberle tendido una trampa al tener como cómplice a un paparazzi. Tiene toda la pinta de ser una encerrona, pero ello no le ha salvado de dar la cara y disculparse por un hecho que también afecta a sus hijos.

Esta semana, Antonio Canales no ha sido el único en vivir una situación comprometida. Ilse Uyttersprot, una alcaldesa de origen belga, ha salido del anonimato tras ser «cazada» por la cámara de un turista mientras practicaba sexo con su marido en una torre del Palacio Real de Olite (Navarra). La grabación fue colgada en YouTube sin saber de quién se trataba y alguien la reconoció. En su explicación pública, la regidora ha sido mucho más directa que Canales: asegura que se trataba de una escena íntima con su pareja y que para nada afectará a su carrera política. Y ya está. Ni perdón, ni historias. Ilsa es una mujer con carácter, decidida y rápida en la reacción.

Hacer el amor al aire libre, a la vista de cualquiera que pase por allí o en plena excursión, parece haberse convertido en tendencia dentro de ciertos juegos sexuales. A esta práctica ya se le adjudica el término dogging (cuando se trata de heterosexuales) o de cruissing(entre homosexuales). Las playas, los parques, los párkings, los balcones y los ascensores son lugares frecuentados por estos amantes del riesgo, que encuentran o necesitan una excitación doble para poder disfrutar al máximo.

Un famoso en plena faena

El problema es cuando uno es famoso y le pillan en plena faena. De eso pudo dar fe, en 1995, el actor Hugh Grant, a quien la policía «cazó» practicando sexo oral, junto a una prostituta llamada Divine Brown, en su coche en una calle de Hollywood; o al cantante George Michael, al cual un poli camuflado lo detuvo por proponerle sexo en unos lavabos.

Otra historia fue la de Ana Obregón con Micky Molina, retratados en plena fogosidad en el interior de un coche. El asunto acabó en los juzgados. La actriz defendió su intimidad, aunque fuera en plena vía pública, y ganó.

Por mucho que haya quien considere estos casos como excepcionales, la realidad nos dice que cada día hay más adeptos a vivir su sexualidad al aire libre, con la dosis de morbo suficiente como para aumentar la excitación, y de ahí la cantidad de circuitos semioficiales que existen para los que buscan este tipo de relaciones. El aparcamiento de Las Ventas o el jardín del obelisco que hay frente al hotel Ritz de Madrid, incluso los lavabos de Atocha, fueron zonas de cruissing muy populares en su momento, al igual que la playa de Sitges o el centro comercial Yumbo de Maspalomas, punto de encuentro de ambiente gay internacional. Cambian los recorridos, surgen nuevos espacios y aumenta una tendencia a vivir la sexualidad fuera de las cuatro paredes con el peligro de que el móvil de cualquier transeúnte grabe esas escenas. Pero ya se sabe que vivir al límite tiene sus riesgos.