El abecedario de Mingote

ANTONIO ASTORGA

Esta es la última entrevista que concedió Antonio Mingote. Antes de verano, cada mañana le importunábamos para recorrer junto a Isabel, su alma, su orden, y él las señas de indentidad de su vida, desde su casa y estudio al parque del Retiro, del que Antonio Mingote es alcalde honorario, con parada obligatoria en el Museo de ABC, que atesora más de 20.000 dibujos suyos. He aquí el ABCdario impescindible de un genio.

ABC:

«En el Ejército conocí a mi amigo Juan García Vinuesa, que me llevó a la agencia Clarín, que era de Torcuato Luca de Tena. Y de ahí a ABC. Torcuato vio los dibujos y me publicó. Empecé a publicar en ABC y ya me quedé en ABC. O sea, que yo soy fruto del destino, del azar, de una serie de circunstancias...Comencé a colaborar en junio del 53. Pleno verano. ¡Fíjese qué barbaridad! Casi 23.000 dibujos, sin faltar un solo día estos últimos años, antes sí faltaba. Es que ahora, ¿sabe lo que ocurre? Ahora me compromete mucho estar en un sitio fijo, porque me obliga a hacer el dibujo. Antes lo publicaba en cualquier sitio, en cualquier página, Deportes, Economía, etc... Y entonces tenía mucha libertad, y el día que no hacía nada pues no pasaba nada... Pero ahora me obligo a hacer lo que todos los días. Desde hace unos años no dejo ni un solo día, lo cual empiezo a pensar que eso es un disparate».

ARTE:

«El arte es la persecución de la belleza, en definitiva eso es el arte, buscar la belleza y reflejarla de alguna, pero claro la belleza figúrate la cantidad de interpretaciones que puede tener una cosa si es bella o no es bella; para muchos es bella, para otros no, ¡yo qué sé! Hombre, hay unos cánones inmutables en los que se distingue lo que es bello de lo que no lo es, pero bueno, dentro de lo que es bello hay muchas opiniones, muchas diferencias... y muchas maneras de entender lo que es bello».

BLOC:

«Tengo un bloc de anillas, aquí apunto cosas y siempre hay algo; tengo algún dibujo pasado, alguna idea que se me ha atascado. Hay muchas cosas que he apuntado y que no sirven para nada, pero otras con el tiempo se modifican y sirven».

CARLISMO:

«Mi abuelo era carlista, mi padre también. Y, claro, jeje, yo que no tengo ni idea, nunca la he tenido y la sigo sin tener de lo que es el carlismo, pues también era carlista, porque eran mi padre y mi abuelo. Mis dos abuelos, mi abuelo paterno, al que no conocí, los dos habían sido carlistas, y los dos habían luchado en la guerra civil, en la última guerra civil. Y mi padre era carlista, sobre todo, porque lo era el Marqués de Bradomín. Muchas veces pienso que yo luego he sido amigo del Marqués de Bradomín, Carlos, médico que vive en Pontevedra, el hijo de don Ramón del Valle-Inclán».

CHISTE:

«Un tipo que está leyendo un libro... esos son los chistes que más me gusta hacer, más que los chistes políticos. Los chistes políticos, ¡hombre!, mi trabajo es periodístico y, por lo tanto, me debo a la actualidad y la política está siempre de actualidad. Pero yo prefiero los chistes que no son políticos, relativamente, como este por ejemplo. Ahora aquí pinto a dos personajes, que están hablando, una mujer y un hombre, que son los que hacen el chiste. Que se vea el paisaje...Y ahora aquí pondré el texto».

DAROCA:

«De Calatayud apenas me acuerdo; tengo unas ideas muy vagas de Calatayud. Mis recuerdos empiezan a precisarse en Daroca. La montaña, el pinar, las murallas, el castillo... Yo quiero mucho a muchos sitios, pero quiero mucho a Daroca, y quiero mucho a Teruel, y quiero mucho a San Pedro de Alcántara. ¡Y quiero mucho a Calahorra donde no he estado en mi vida! También la quiero. ¿Por qué no? Frente al balcón de mi casa en Daroca estaba la muralla; bueno la muralla... La palabra muralla es muy ampulosa. No sé yo si... Es una tapia medieval hecha con cascotes y tal, bueno unos pedazos de piedra, otros de adobe... Y un castillo, eso sí; está el castillo de San Cristóbal, la torre de San Cristóbal enfrente...»

DIBUJAR:

«Comencé a hacerlo en los Hermanos de las Escuelas Cristianas. Dibujaba mis láminas y las de mis amigos. Y luego el hermano Blas, me parece que se llamaba, y el hermano Manuel, ponían los dibujos en orden de preferencia, y algunas veces yo estaba el primero, pero no siempre; otras veces estaba detrás y el que estaba primero era un dibujo que le había hecho yo a otro amigo. O no, vamos. Yo dibujaba muy mal, como todos los niños. Los niños dibujan muy bien hasta que aprenden. Cuando aprenden ¡ya se fastidió el asunto!. Y siempre, siempre dibujar, en toda mi vida. No recuerdo otra cosa. Es lo único que he hecho toda mi vida. Dibujar, dibujar, dibujar. A mi abuelo Esteban, que estaba en Sitges, le mandaba aquellos dibujos, porque yo estuve en Sitges desde muy pequeñito, me llevó mi madre, no cuando nací... Luego volví a Sitges, no me acuerdo por cuando, hay unas fotos de niño con mi prima Carmen en casa de mi tío Samuel. Y en esas fotos y en ese tiempo se quedó muy grabado en mí Sitges, y le mandaba dibujos de barcas a mi abuelo, unas barcas que le hice».

EL CATALÁN:

«Yo he visto en Sitges cantar flamenco en francés. ¿Usted cree que eso puede suceder en ningún otro sitio del mundo? Pues en Sitges sí. Yo estoy orgulloso de haber nacido en Sitges a pesar de que no estoy nunca, no hablo catalán, ¡figúrese qué barbaridad! Mi madre (y le cuento estas cosas porque sí me gusta contárselas), que era catalana, hablaba catalán, rezaba en catalán, contaba en catalán, cantaba en catalán, yo tengo un amor al idioma catalán y ¡me indigna que vengan estos cursis al Senado a poner pinganillos para hablar en catalán! ¡Pero bueno! ¡Pero qué manera de falsificar una devoción, y un respeto, pero bueno ¿eso qué es? Mire si yo quiero al catalán, lo quiero vamos...pero me indigno con esos cursis, ¡coño!»

FLECHAZO:

«Isabel dice que lo nuestro fue un flechazo. Ni flechazo ni nada. Los flechazos son trampas, trampas maniqueas. No, nada de flechazos. Fue una acumulación de momentos, de sensaciones, de cosas. El flechazo es una trampa. Nos atraíamos, nos gustábamos. Éramos muy buenos amigos. Pero esto que estoy contando son cosas muy íntimas, yo soy muy púdico. Isabel dice que un día yo le dije: "¡Qué curioso! Te veo ahí sentada y no sé porqué tenía la sensación de que esto tenía que ocurrir, de que tú tenías que estar aquí. Sí, sí, era lógico, porque éramos muy amigos, nos entendíamos muy bien y al final acabó la cosa bien».

GENIO:

«Mi gran pintor es Picasso, por supuesto, pero Picasso es el gran dibujante, sobre todo. Lo que revolucionó Picasso fue el dibujo, no la pintura. Y mi gran pintor, también, es Goya. Goya es un fenómeno. Goya es una gran cumbre de la pintura, del pensamiento, de la libertad, de todo lo que quiera usted, de la política también. Goya es un ídolo. Picasso también es un ídolo. Picasso ha influido en todos los mundos, y muchos que ni lo saben siquiera, pero Picasso ha influido en todo el mundo. ¿Que si soy el Picasso de los Periódicos? Jajaja... Ah bueno, ¡lo de Paco \[Umbral lo definió así\] es una cosa. Es una manera de hablar, no, no, ojalá fuera yo el Picasso de los periódicos, no soy el Picasso de nada. Yo soy un principante de todo, un aficionado a todo».

GUERRA:

«Qué le voy a contar yo de la guerra, una guerra es horrorosa, pero una guerra civil es lo más horroroso del mundo. La guerra, ¡una guerra civil!, eso es una cosa espantosa. Pero bueno, pasó, ¿y qué pasó con aquella guerra? Luego tuvo esos cuarenta años de dictadura, lamentable, pero en fin. Pasó algo, y progresó España, sin duda, durante el franquismo progresó, se perfeccionó, se mejoró, menos de lo que hubiera hecho tal vez otro régimen, no lo sé, no lo sé, pero bueno, ya pasó...»

HONORARIO ALCALDE DEL RETIRO:

«En una entrevista que me hicieron me preguntaron si yo tenía alguna ambición política. Yo dije que sí, que quería ser una cosa que no existía, que era alcalde del Retiro. Y entonces no sé porqué ahí salió todo. Eso lo hicieron los periodistas. El profesor Tierno me dio una vara de alcalde honorario aquí en el parque. ¿Qué cuántas veces me he recorrido el Retiro? Muchísimas durante muchos años. ¡Todos los días! Cada pedazo del Retiro tiene su personalidad. Está la cosa francesa del parterre, que es más o menos francés; de aquí hasta Alfonso XII es la parte más salvaje, más, digamos, que crece a su aire, la parte romántica, no ordenadada. Eso es el romanticismo, el desorden. Luego está los jardines de Don Cecilio, que eso es ya la pura geometría, que a mí no me gusta nada, pero es muy bonito y está muy bien hecho, yo nunca voy ahí porque tanta geometría no me gusta. Y el estanque, que es lo más popular y madrileño; el Cerro de los gatos, que está al lado de O'donell, que sería el residuo isabelino, digamos. Luego está ese palacete pequeñito, que es una cosa de rococó, que también es graciosa, de Carlos III. En fin, cada pedazo tiene una personalidad, y un encanto distinto. Pero en general es un tesoro, un parque precioso».

INFANCIA:

«Yo siempre digo que la felicidad se recuerda, ¿no? La felicidad es una cosa que se recuerda. Muy poca gente piensa: «Soy feliz», pero sí muchos dicen: «¡Qué feliz era en aquel tiempo!» Bueno, yo no digo que ahora sea infeliz, no lo digo en absoluto, porque comprenderá que estoy en este sitio, estoy con los amigos, estoy delante de este paisaje... y no puedo ser infeliz. Entonces no me daba cuenta, pero sí era una infancia feliz la que viví».

ISABEL VIGIOLA:

«Tono, el gran Tono, era un santo, y Mihura, y Edgar Neville, que me quería mucho, y yo a él, y a Edgard. Lo quería tanto a Edgard que me casé con su secretaria, jeje, con Isabel. Yo debo mucho a Isabel. Aparte de que estoy vivo por ella, porque sino ya me habría muerto, me habría muerto por descuido, porque ella me hace tomar las medicinas, las pastillas, y me lleva a los hospitales, y además de eso es una crítica estupenda mía. De dibujo no sabe nada, le da igual, no distingue muy bien entre un dibujo bueno y uno malo, que eso le pasa a mucha gente; por ejemplo le pasaba a Álvaro de la Iglesia, que no distinguía un dibujo bueno de uno malo. Si el chiste era gracioso pues lo publicaba igual... Isabel tiene un sentido femenino, una agudeza femenina como suelen tener las mujeres, pero Isabel de manera aguda, y ella me ha librado de meter la pata muchas veces, aparte de tenerme vivo, que me tiene vivo».

LA CODORNIZ:

«Yo escribía, dibujaba, pintaba. Y cuando llegó un momento, ya viviendo en Madrid, en la pensión donde vivía mi familia y yo había uno que no me acuerdo cómo se llama ahora, ¡fíjate tú qué cosa más ingrata, coño!... que vio mis dibujos -yo hacía dibujos, a veces caricatura y a veces no, a veces dibujos en serio-, y entonces este compañero de pensión era amigo de Álvaro de la Iglesia, y me dijo: «¿Por qué no llevas estos dibujos a Álvaro de la Iglesia?» Yo le dije: «Hombre, pues no sé». Deja, te los llevo yo, y me llevó a Álvaro de la Iglesia con unos cuantos dibujos, más o menos chistes o lo que sea, ya no me acuerdo, y Álvaro, que era generoso, simpático, estupendo, dijo: «Bueno, pues muy bien, déjamelos que te los publicaré». Y empezó a publicar y de repente aquello me marcó ya para el resto de mi vida. Porque si en lugar de La Codorniz se me ocurre ir al teatro de la Comedia a lo mejor ahora sería figurinista o incluso hubiera pretendido escribir comedias, yo qué sé, porque me gustaba mucho el teatro, me sigue gustando, me apasiona el teatro. Soy un lector de teatro fantástico. De repente, todo es una casualidad, todo son una serie de circunstancias, eso que decía Ortega de «Yo y mi circunstancia», jeje... Eso es una cosa. Mi circunstancia fue esa. De repente me encontré dibujando en La Codorniz con éxito. Empecé a hacer unos dibujos de una pareja siniestra y no sé qué porque me lo dijo Álvaro. Porque yo hice uno solo... Álvaro me dijo que porqué no seguía haciendo eso, dije bueno, y seguí. Y eso fue el éxito de mi vida. Total, y además de dibujar escribía en La Codorniz, tenía pseudónimos, Pirri, OM o Madame Cazolet, yo qué sé...Hacíamos locuras. Con Fernando Perdiguero, que era un tipo extraordinario...»

LA AMISTAD:

«Es la mayor riqueza del hombre. Puedo presumir de amigos extraordinarios, tanto los pasados como los actuales, incluidos, espero, algunos que no conozco. Manolo Summers, Chumy Chúmez, Tip... tan amigos como Alfonso Ussí. ¡He tenidos tantos y tan grandes amigos!».

MADRUGAR:

«Me levanto a las siete de la mañana, más o menos, a lo mejor en el verano, no sé, depende, no tengo horario. Ya no camino porque me canso mucho. Mis piernas ya no son lo que eran. Ahora ando menos. Durante mucho tiempo yo fui desde aquí, atravesé todo Madrid a pie, hasta la Plaza de Oriente, donde iba a desayunar. Ahora ya llego a la esquina con dificultad, ¡con dificultad! Me da risa lo viejo que soy, y lo inútil, pero bueno».

MI MADRE:

«Tras la toma y entrega de Barcelona, fuimos en un camión hasta un puente, que estaba volado porque en la guerra se vuelan los puentes y se estropean, todo se rompe, y seguimos a pie casi cuarenta kilómetros hasta Sitges mi asistente Miguel Flores y yo. No tenía demasiado mérito porque había atravesado toda Cataluña a pie, ¡ya me contarás!, o sea que andar cuarenta kilómetros no me importaba nada, ni al otro tampoco; había andado muchos más. Y era de noche, lloviznaba, llovía, de noche, carretera adelante caminando, entonces yo no me explico, todavía no me explico, y eso me hace que no lo cuente nunca porque no se lo puede creer nadie, cómo es posible que en plena guerra civil, sitiada Barcelona, que me la había dejado atrás, entre Barcelona y Sitges, en esa carretera, no me encontrara ni un centinela, ni un guardia, ni una patrulla, nada, nada, no había nadie, lloviznaba eso sí, hacía frío, y cómo es posible que yo llegara a Sitges sin tropezar con nadie. Imagínese lo que hubiera sido que me encontrara a alguien y que me preguntara: «¿Tú a dónde vas? ¿Estás loco?» Yo le habría respondido: A Sitges, a ver a mi madre. Total, llegué a Sitges, estaba ya casi amaneciendo, llegamos mi asistente y yo. Sabía que mi tío Samuel vivía en la calle de San Pedro, lo que pasa es que no me acordaba del número, había un sereno, y le pregunté: «Oiga, ¿dónde está la casa de don Esteban Barrachina?» Y me dijo: Esta mañana lo hemos enterrado. Digo, pero «¿cómo que lo hemos enterrado?» «¿A mi abuelo?» Mi abuelo se había muerto. Luego me enteré de que, como había sido carlista, Franco había hecho carlistas a todos los veteranos de la guerra carlista, los había hecho tenientes, y entonces unos requetés de Sitges, de Barcelona, de dónde fuera, le llevaron una boina roja a mi abuelo con las estrellas de teniente, se la puso y fue a una misa de campaña, la primera que se celebraba después, hacía frío, llovía, se enfrió y se murió. Entonces llegué a la casa de mi tío Samuel, era un caserón con una puerta grande de madera, toqué en la aldaba, hice «pon pon pon...» y oí una voz adentro que decía: «¡Mi hijo!». Y era mi madre la que gritó, bajó, me abrió la puerta, y era ella, mi madre. Me da mucho miedo contar estas cosas porque somos un país muy poco dado a participar en las emociones del otro, somos un país muy duro, muy raro, muy poco solidario, muy individualista -¡este gilipollas qué se ha creído!-, y entonces me da mucho miedo contar estas cosas. Volví al Regimiento, al batallón, y ya habían tomado Barcelona, yo no tomé Barcelona, lo hizo mi batallón. Yo estaba en Sitges y cuando me incorporé ya habían tenido un encontronazo y había habido muchas bajas. Y entonces desde ahí hasta la frontera ya no pasó nada, ya fue un paseo. Pero yo me tragué todo Cataluña, desde Lérida. ¿Usted sabe lo que es la emoción, de repente, una mañana estar durmiendo, era en enero, esto pasaba en enero, despertarte y ver Montserrat, lejos, pero lo vi. ¿Usted sabe lo que es eso?»

MI PADRE:

«Mi padre era un romántico, un darocense de pro; además contaba historias y se inventaba historias de unos leones y unas cosas, unos castillos y unos moros y unas cosas. Yo crecí en ese mundo mágico de una ciudad amurallada con un castillo, que no existe; no queda más que un muñón, como una muela careada ahí. Y una muralla que es una tapia, medio hundida en todas partes, reconstruida. Eso sí, lo que tiene son unas iglesias románicas preciosas, una Colegiata estupenda, fastuosa, un Altar Mayor que es como el de San Pedro del Vaticano, con unas columnas salomónicas, un órgano, que tocaba mi padre, y al que yo oí alguna vez darle al fuelle, porque ahora ya no hay que darle al fuelle. Entonces se le daba al fuelle».

MÚSICA:

«Mi padre quería que yo fuera músico. Y si no hubiera sido por aquella guerra que hubo, pues yo ahora sería músico, no sería dibujante ni escritor, sería músico. Yo estudiaba música, lo que pasa es que me quedé en el cuarto curso de piano, empecé incluso armonía, composición, lo que sí dominaba era el solfeo; el solfeo lo dominé enseguida. Pero ¡claro! llegó la guerra y mi carrera musical se escachifolló, lo cual siento mucho porque ahora yo sería pianista de un cabaré, jejeje, que es lo que gustaría, o pianista de hotel, que los odiaba Chumy Chúmez; Chumy odiaba a los pianistas de los hoteles, el gran Chumy, qué grande era. Mi mayor éxito, mi mayor satisfacción es haber conocido a unas gentes fantásticas, estupendas, admirables, de las cuales he aprendido tanto. Chumy era uno de ellos, aunque era más joven que yo, pero era fantástico».

NACIONALISMO:

«Los nacionalistas son fundamentalmente unos cursis. Porque la cursilería es el afán inmoderado de aparentar lo que no se es. Entonces, los catalanes quieren aparentar que son una nación, pero una nación... Todo son palabras, ya sé que son palabras, quiero decir que ellos son distintos de los españoles, que son otros, que no son españoles. O sea, que ellos quieren ser como los Estados Unidos, una nación, como los Estados Unidos, como Alemania, como China, una nación. O sea, China, Estados Unidos y Cataluña, ¡pero bueno, no me diga, ¿no es ridículo eso? ¿O no es ridículo? La independencia, y está demostrado por los técnicos, los que saben de esto -yo no sé nada de nada- ya saben que la independencia arruinaría a Cataluña. Y si fueran independientes estarían en un problema horroroso. Pues ahí están los idiotas de los nacionalistas predicando la separación. ¿Y esto a qué viene? ¿Viene a cuento de que he nacido en Sitges? ¡Pues muy bien! Estoy orgulloso de haber nacido en Sitges».

NOBLEZA:

«En Sitges las escuelas tienen el nombre de mi abuelo. Fue un personaje muy importante, estupendo. En cambio, a mi abuelo paterno no le conocí. He conocido a mi bisabuelo, el de Daroca, que iba vestido de baturro, con pañuelo en la cabeza, etc.. pero no es que fuera disfrazado de baturro, sino que era así, un campesino aragonés fantástico. Bienvenido se llamaba. Y a mí, que era muy pequeñito, me llamaba Antón: «¡Antón! ¡Antón! ¡Antón!». Yo me parezco más a mi bisabuelo paterno, que a mi abuelo materno. Al paterno no le conocí. Mi abuelo paterno era un tipo importante. Era el alguacil de Daroca. alguacil, director de la banda municipal, organista, era de todo, fantástico. Daroca es un pueblo estupendo. ¿Usted no ha estado nunca en Daroca?»

OTRA GENERACIÓN DEL 27:

«Cuando yo conocí más a la «otra generación del 27», a los Tono, Mihura, Edgard Neville, López Rubio, Herreros, otro grande... fue más tarde, cuando empecé a dirigir «Don José». Vino Tono y él me llevó a todos esos sitios. Porque yo creía, y yo creo, que acerté, lo que pasa es que aparte de La Codorniz había una humor, un dibujo y unas cosas que no eran de La Codorniz, pero que eran valiosos, que había que rescatarlos. Y entonces eso es lo que hice: llevé a mucha gente, aparte de descubrir a muchos que luego han sido grandes, como Juanito Ballesta, Máximo, Rosado, Eduardo Arroyo, que dibujó en «Don José»...

PERPLEJIDAD:

«Yo vivo en constante perplejidad, se lo aseguro. A veces pienso: ¡Vamos a ver, ¿yo ahora qué soy? Resulta que soy el dibujante de ABC, por ejemplo. Vamos, más o menos. Se supone que yo soy el dibujante de toda la vida de ABC. Hombre, es una situación, digamos, importante. Se trata de un gran periódico, que cuando yo empecé a publicar en ABC lo que no salía en ABC no existía. Desde el año 1953. Pero yo nunca me he propuesto ser el dibujante de ABC. Y de repente me he encontrado siéndolo. Pero cuando fui chico, adolescente en Teruel, dibujaba, leía; yo he sido un lector insaciable siempre. Leía, dibujaba, escribía cosas, bueno, yo no pensaba ser dibujante de un periódico; yo pensaba en ser algo, no sé qué, no sé...»

PINTURA:

«Yo, como pintor, soy un aficionado, soy muy malo. No sé pintar. Pinto de oído, como los pianistas que no saben música, que no saben solfeo y tocan el piano, pues así soy yo en pintura. La pintura es un oficio largo, difícil y si hubiera pintado siempre pues ahora sabría más. Pero como no he pintado apenas, pues la pintura se me resiste. Es muy difícil pintar, es un oficio largo, largo... La pintura es un oficio largo, difícil, que exige dedicación, trabajo, y yo no he pintado nunca; estoy pintando desde hace poquísimo tiempo, lo que quiere decir que soy un principante; yo no sé pintar. Yo soy un aficionado a pintar, no soy un pintor, que conste. Entonces hago lo que puedo, pinto cosas, trato de inventar cosas que ya están inventadas hace siglos, y que yo no me sé cómo y me las arreglo como puedo y hago cosas. En fin. No soy un pintor digno de consideración, soy un principante, un aficionado. Un pintor de domingo, y también de martes, miércoles, y cuando puedo... Me gusta mucho hacer los bocetos, pero luego los cuadros me cansan, jeje... Hacer un cuadro es muy largo, muy minucioso, y yo estoy muy acostumbrado al dibujo, que lo hago rápidamente. Pero en fin, y por eso cambio de un cuadro a otro, y al final alguno lo termino. Por ejemplo, tengo un cuadro inspirado en «La gallina ciega», de Goya. La palabra inspiración es muy respetable, no sé yo si tengo derecho a usarla hablando de esa tontería mía. También tengo cuadros inspirados en El Greco. Esos cielos del Greco, esos cielos de Toledo, oscuros, pero bueno, con todos los respetos, la consideración y la lejanía necesaria».

RAFAEL AZCONA:

«A Rafael lo conocí cuando llegó a Madrid, recién llegado. Llegó como poeta logroñés que venía a triunfar. Sí, sí, yo era un profesional ya, y él empezaba. Nos hicimos amigos y siguió la amistad siempre. No hacíamos otra cosa más que hablar de nuestros dibujos, de nuestros escritores, y reírnos. Lo que hacíamos más era reírnos. Este es un oficio bonito, a mí me encanta ilustrar las cosas de los demás porque se completan, se explican, incluso se clarifican, a veces se le aclaran al autor también, que no lo está, jejeje... Cuando una cosa se cuenta bien se hace creíble, por rara que sea, y por extravagante, y por estrafalaria. El secreto es contarlo bien. Todo lo que sea ensalzar a la obra de Rafael y ponerla en evidencia me parece fantástico. Creo que Rafael es uno de los grandes talentos que ha tenido la Literatura, ¡la Literatura! Española! Era un literato que escribía guiones. Pero hubiera sido un gran escritor. La anécdota era vivir hace sesenta años. Una vida que era difícil, no era fácil, pero bueno nos las apañábamos como podíamos. Y nos reíamos. Mi inspiración, su obra, su novela, sus libros, su gracia, su intención, su ironía. Un alter ego de Rafael es el niño, la señora, el señor, el vivo... todo es un alter ego. Todo es Rafael».

REAL ACADEMIA:

«Menos mal que cuando ingresé en la Real Academia, Juan Rof Carballo, que era un tipo fantástico, como Halcón, me dijo: "Oye, tú no creas que te hemos elegido académico porque eres muy listo, etc... No, te hemos elegido académico porque como eres amigo del alcalde a ver si consigues que nos reserven acera para aparcar, porque es una lata que tengamos que salir a cambiar la hora, y dio la casualidad que aquella misma noche yo cené al lado del alcalde, que era Juan Barranco, que era muy amable, muy amigo. Y le dije, mira alcalde lo que me ha pasado. Pues a la mañana siguiente ya estaban los del Ayuntamiento poniendo la señal en la sede de la Real Academia, etc... O sea, que con ese justifiqué mi presencia en aquella gloriosa casa; es graciosa la cosa, ¿no? Aquella misma noche me encontré con Barranco. Y ahora tenemos la acera reservada para aparcar todos los días».

SITGES:

«No crea que hay mucha gente que haya nacido en Sitges. Pero nacer en Sitges es importante; Sitges es una ciudad, un pueblo que inventó más o menos Rusiñol. Hizo el Cau Ferrat, que es un museo, que tiene picassos, grecos... Todo eso lo trajo Rusiñol, que también trajo en procesión unos cuadros, promovió el único monumento que hay en España al Greco. Figúrese lo que es el Greco, el gran pintor El Greco; en toda España no hay más que un monumento al Greco, que es en Sitges. Eso marca mucho. Yo voy a Sitges, y aunque voy poquísimo, ojalá pudiera ir más, y a mí me conmueve pensar lo que es ese pueblo, la devoción que tienen... En ese pueblo, todavía, ahora mismo hay una cosa «el ramo de todo el año», y no se lo digo en catalán porque mi catalán es malísimo, y son unas chicas que le llevan un ramo de flores a Rusiñol ¡todos los días del año! En agradecimiento porque Rusiñol inventó Sitges, más o menos. Y ahí hay un clima de arte, de respeto por el arte, por lo intelectual, es fantástico. Luego hay otro aspecto, el veraniego, pero bueno eso es otra historia... Hay mucha gente en Sitges a la que quiero muchísimo. Mis primos, mis parientes, he sido muy feliz en Sitges, las pocas veces, el poco tiempo que he podido estar.

TRABAJA, IDIOTA, Y NO PARES:

«Provengo de esa constelación, sí, llamada Trabaja, Idiota, y No Pares. Jajaja. ¡Qué barbaridad! Pues tendré que parar. Ya me parará, supongo, la fisiología. De un momento a otro, de un momento a otro, pero bueno; es lo que toca. ¿Invicto? Jeje».

TOMA DE BARCELONA:

«A mí esto de Barcelona no me gusta contarlo, ¿sabe por qué? Porque he notado a veces como que alguien no se lo cree. Yo vivía en Teruel cuando estalló la guerra, mi familia estaba en Teruel, cuando tomaron Teruel cogieron a mi familia y se la llevaron, a mi padre, a mi madre y a mi hermana. Mi padre estaba en la cárcel, yo estaba en el frente; a través de la Cruz Roja me llegaba alguna carta y me contaban que mi padre vivía en Barcelona, en casa de mi tío Samuel, que tenía una casa en la calle Muntaner de Barcelona, un número alto. Porque mi abuelo, que era carlista, no se movió de Sitges. Fue respetado por todo el mundo, seguía con su cuello de pajarita, y su sombrero, y su bastón, y era respetado porque había sido maestro de veinte generaciones de sitjetanos. Pero, claro, mi tío Samuel sí era político de derechas, y se fue. Cuando se llegó a Barcelona yo era entonces un bravo alférez provisional de la Quinta de Navarra, del Cuarto Batallón de Infantería del Regimiento de Zamora número 29, lo cual recuerdo con mucho cariño. Llegamos al Tibidabo, nos tocaba estar en el Tibidabo y ahí nos paramos. Y dijeron no, no entramos en Barcelona hasta mañana y yo me quedé porque yo sabía que ahí abajo, en el Tibidabo, la calle Montaner es la que está en cuesta; yo sabía que en esa calle estaba mi madre, a la cual no veía desde hace dos años y pico o tres años, y probablemente mi hermana; mi padre no. Y entonces le dije al comandante Trapero: «Mi comandante, yo tengo que bajar ahí, está mi madre en esa calle, que baja ahí, en el número cuatrocientos y pico». Y él me contestó que si yo estaba loco, que cómo iba yo a entrar en Barcelona. Y yo le insistí: «Es que si yo bajo, me asomo a mi casa, veo a mi madre y me vuelvo...» Le di tanto la lata a Trapero que al final me dijo bueno, pero «que yo no me entere, si se va que yo no me entere». Yo le respondí: «Mi comandante, no se enterará». Me fui a Barcelona, cogí a mi asistente, Miguel Flores, asturiano, grande, alto, de mi misma quinta, de mi edad, ¿y sabe lo que pasa?, que él ha desaparecido, no sé qué puñetas ha pasado que he intentado localizarlo, lo intentaron localizarlo en la televisión, cuando hicieron un programa sobre esto, y no ha habido manera, Miguel Flores ha desaparecido. Y, claro, esto que estoy contando lo tenéis que creer porque os lo cuento yo, pero no tengo ninguna prueba, ninguna referencia».

Y DEVOLUCIÓN DE BARCELONA:

«Total, bajamos a pie a la calle Montaner, llegué a la casa de mi tío Samuel, toqué a la puerta, salió una señora, le pregunté por Doña Carmen Barrachina, y me dijo que no, que ya se había ido a Sitges hacía dos o tres días. O sea, que se habían ido a Sitges. ¡Jo, a Sitges! Dije ¡pues muchas gracias!; o sea, devolví Barcelona y me volví al Tibidabo. La gente me miraba extrañada porque me veían con uniforme. Yo me acuerdo que llevaba una pistola enorme, un pistolón que había sido de un comandante rojo, una «parabellum», una zamarra de cuero, y una boina con la estrella. Y, claro, era un uniforme que no entendían. La gente me miraba raro, pero nadie me dijo nada. Yo soldado, y mi soldado, figúrese, me miraban: «¡Pero este qué tal!» O sea que volví, pero es mejor lo que viene a continuación, que no sé si contarle porque eso sí que es increíble. Regresé y le anuncié a mi comandante: «¡Ya he devuelto Barcelona!» Y añadí: Ahora yo le pido permiso para ir a Sitges porque mi madre está en Sitges.

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