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Campeones del mundo - Año 1

¿Qué fue del optimismo?

por josé Carlos J. Carabias

La euforia social que iba a transformar España y a mitigar el paro ha desaparecido un año después.

Un año después, la euforia ha desembocado en el final de la abundancia. Quedan rescoldos y agradables recuerdos sobre cómo vivió cada español aquellos maravillosos días. Nada más. A efectos prácticos, queda una copa en la Federación y un motivo de orgullo común. Pero, ¿qué fue del optimismo? ¿Dónde se perdió aquel torrente de entusiasmo colectivo que iba a transformar el país, a mitigar el paro, a mejorar la producción y a hacernos más felices en el día a día?

Además de consolidar la edad de oro del deporte español, de retribuir para siempre la fiebre futbolera del país y de compensar tantas ediciones de desgracias, la Copa del Mundo iba a servir como banderín de enganche para modificar la realidad económica que Zapatero se había empeñado en no catalogar como crisis. Y así lo vieron sus acólitos, como el ministro Miguel Sebastián, quien aseguró: "Si España gana el Mundial, habrá que revisar al alza las previsiones de crecimiento del PIB".

Se refería Sebastián a un informe publicado por el banco holandés ABN Amro, según el cual cuantificaba el impacto la final de un Mundial sobre la economía de los países protagonistas. En aquel caso, Holanda y España. Según el informe, el país ganador podía esperar que la ola de confianza y optimismo de sus habitantes se tradujese en un crecimiento adicional de 0,7 puntos en el PIB, mientras que el perdedor debería prepararse para restar 0,3 puntos de su producción anual.

Nada se sabe de una debacle económica holandesa. Lo que se conoce de España es que ha crecido el problema del país, según la percepción de sus habitantes. Los últimos datos del paro revelan que en España hay 4.121.801 desempleados. El pasado mes de junio bajó en 67.858 personas (-1,62 %), motivado por el efecto verano y el movimiento en el sector servicios.

"El triunfo puede cambiar la mentalidad de los ciudadanos", dijo en el torbellino del éxito Javier Gómez Navarro, presidente de las Cámaras de Comercio y antiguo secretario de Estado para el Deporte. Un año después, la perspectiva del tiempo ha colocado cada silla con su mesa. Tal vez se partió de una teoría equivocada.

Esto opina Enrique García Huete, profesor de psicología de la Universidad Complutense de Madrid. "No estoy de acuerdo con que un éxito deportivo pueda revolucionar un país para bien. Esto ya lo inventaron los romanos, con el pan y circo. Los esclavos alentaban a las masas cada vez que salían a pelear, pero terminaba el combate y seguían siendo esclavos".

En la traducción simultánea, el parado volvió al paro en España después del gol de Iniesta. Como si fuera la canción del verano, se baila, se tararea y en septiembre, se olvida. "En psicología existe un término funcional que se llama percepción del control, según el cual yo puedo ser optimista si soy capaz de tener un control sobre mi día a día -explica el profesor García Huete-. Pero la realidad respecto a un campeonato de fútbol es otra. Yo puedo animar, pero el disparo depende de Villa, Xavi o Torres".

Millones de españoles compartieron abrazos, cánticos y un sentimiento de propiedad del éxito, pero ahí se acaba la historia, según el psicólogo. "El optimismo realista lo ceñimos a un grupo reducido (los futbolistas) y a un hecho puntual (un Mundial), pero lo que marca un optimismo general es la capacidad para anticipar una realidad común. Y eso no lo hemos hecho. Se dijo que si ganábamos el Mundial, mejoraría la producción del país. No ha sido así. La crisis sigue y pensar que iba a desaparecer por el fútbol me parece absurdo".

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