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Campeones del mundo - Año 1

Paul, el pulpo adivino

por Miguel Zarza

El gol de Iniesta en la final, las caras largas de Maradona y sus jugadores al caer eliminados ante la apisonadora alemana, el gran papel de Diego Forlán... El Mundial 2010 dejó muchas imágenes para el recuerdo, pero por encima de todas ellas quedó una que nadie había imaginado cuando echó a rodar el balón por los estadios de Sudáfrica: el pulpo británico que desde su acuario de 1.500 litros de agua y mediante sus gustos culinarios adivinaba los resultados de los partidos. Pronto su nombre se hizo famoso. Paul acertó todos y cada uno de los resultados de Alemania y la final entre Holanda y España.

Su historia venía de lejos. Ya en la anterior Eurocopa de Austria y Suiza, los responsables del acuario alemán de Oberhausen habían utilizado al cefalópodo para pronosticar ciertos resultados, pero entonces su porcentaje de aciertos no pasó del 80 por ciento, incluyendo el fallo de la final, que contra su pronóstico ganó España con aquel gol de Torres. Sin embargo, en el primer Mundial africano el pulpo Paul clavó todas sus profecías. El método era muy sencillo. Sus cuidadores colocaban dos urnas en su acuario, cada una con la bandera de un equipo. Dentro de ellas, comida. Y según eligiese Paul, ese sería el vencedor.

España rompió el idilio con Alemania

El camino de la selección alemana quedó ligado al del animal, que acertó cada resultado de los teutones, incluídas las derrotas ante Serbia y España. Fue tras el pronóstico de la semifinal que ganó España cuando el pulpo se hizo célebre en nuestro país. El Zoo de Madrid barajó pedir su traslado, en tierras gallegas algunos lugares como Carballino le declararía hijo predilecto... Un reflejo de lo que ya estaba ocurriendo en otros lugares del mundo, donde se multiplicaban los grupos dedicados al peculiar vidente en las redes sociales, o los medios de comunicación seguían al animal como si del mejor jugador del torneo se tratase. Solo los damnificados por las predicciones, como los argentinos, guardaban rencor al cefalópodo.

Su vaticinio de la final del Mundial le llevó al cenit de su carrera de adivino. La elección de Paul fue retransmitida en directo para varios países, entre ellos Holnada y España, que siguieron en vilo la dirección que tomaban los tentáculos del pulpo. Para tranquilidad de los seguidores de La Roja, Paul eligió la almeja española y, cómo no, sumó un nuevo acierto. Mientras en la península ibérica se destaba la "pulpomanía" y la silueta de Paul sustituía en las banderas rojigualdas al tradicional toro, el mundo se rendía al nuevo Nostradamus. El número de noticias sobre Paul en Internet superaba a las dedicadas a Iniesta, Casillas o Villa; los buscadores arrojaban casi medio millón de resultados al introducir su nombre y más de 600 canales de televisión mencionaron al curioso protagonista del Mundial. En medio mundo se luchaba por registrar los dominios "Octopus Paul" o "Paul the octopus"...

El estrés acortó su vida

Su historia no iría mucho más allá. En octubre Paul moría en su acuario de Oberhausen a los dos años y medio de edad. Según algunos expertos, el estrés había acortado su vida, pues los pulpos viven unos cuatro años de media. La noticia corrió como la pólvora por las webs de todo el planeta. En Oberhausen, donde moraba, se erigió un monumento como homenaje y, con el tiempo, aparecieron sucesores en acuarios de todo el mundo. Sin embargo, ningún otro animal podrá sustituir a ese cefalópodo que unió su destino a la primera victoria de España en un Mundial y se convirtió en la gran estrella mediática de la cita africana.

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