Las consecuencias de los atentados

Bin Laden ha muerto, pero en sólo 10 años su doctrina se ha extendido como un virus de difícil desarraigo

Francisco de Andrés

Estados Unidos consideró desde el primer momento los ataques del 11-S como una declaración formal de guerra que exigía una definición rápida del enemigo a batir. La consecuencia fueron las guerras de Afganistán (7 de octubre de 2011) y de Irak (20 de marzo de 2003), por razones más espúreas. Los dos conflictos armados siguen abiertos, aunque Washington mantiene su compromiso de retirada de Irak a finales de este año y ha puesto fecha aproximada a la salida de Afganistán para 2014.

Según algunos estudios, las guerras convencionales contra el «terrorismo global» habrían provocado la muerte de al menos 137.000 civiles. Ni el nuevo régimen de Bagdad ni el de Kabul gozan de estabilidad, y no la esperan para el corto plazo. Irak, Afganistán y Guantánamo han entrado en el imaginario musulmán de los estereotipos contra el Occidente cristiano, que no han dejado de avanzar desde hace diez años.

  • Sadam Hussein juzgado por un tribunal en Bagdad (REUTERS)

    Sadam Hussein juzgado por un tribunal en Bagdad (REUTERS)

    Monopolio ideológico

    Con la excepción de los talibanes afganos —que vuelven a sentir la proximidad del poder— todos los regímenes árabes desaparecidos desde el 11-S han sido dictaduras emparentadas con ideologías políticas laicas surgidas tras la posguerra mundial.

    El modelo socialista y autoritario, encarnado en su día por el Egipto de Nasser, ha fracasado por su incapacidad para producir riqueza y por su alejamiento del pueblo. Mientras el islamismo político idealizaba la «yihad» y conquistaba corazones, los despotismos se enzarzaron en un pulso absurdo con las potencias occidentales. Esa fue la tumba del modelo iraquí de Sadam Husein y el libio de Muamar Gadafi.

    Diez años después de los ataques de Bin Laden a EE.UU., el islamismo radical de Al Qaida y sus filiales, y el moderado de los Hermanos Musulmanes en Egipto y en Siria —que dicen mirarse en el modelo turco—, son las únicas alternativas ideológicas con peso específico en el mundo árabe.

  • Manifestantes egipcios protestan contra Hosni Mubarak (EPA)

    Manifestantes egipcios protestan contra Hosni Mubarak (EPA)

    Inestabilidad política

    Tres de los países musulmanes más poblados del mundo —Pakistán, Egipto y Nigeria— padecen hoy situaciones de inestabilidad política más acentuadas que hace diez años. Uno de los factores decisivos de esa patología, según la mayoría de los análisis, es el avance de la ideología islamista como consecuencia de la actividad de Al Qaida y la reacción occidental.

    La acción militar norteamericana en Pakistán, coronada con la muerte de Osama bin Laden, ha exacerbado la dualidad de sentimientos tanto en el pueblo como en el régimen. El gobierno de la única potencia nuclear musulmana juega más que nunca la doble carta de la ayuda norteamericana y el pacto con los yihadistas.

    En Egipto —como en Túnez y en Libia— los islamistas fueron ajenos a las revueltas populares contra la dictadura, pero todo apunta a que piensan aprovecharse de la nueva atmósfera de libertad para ocupar un espacio político que antes no tenían. En el nuevo Parlamento de El Cairo los Hermanos Musulmanes serán posiblemente la primera minoría.

  • Iglesia cristiana dañada por una explosión en Bagdad (AFP)

    Iglesia cristiana dañada por una explosión en Bagdad (AFP)

    Minorías religiosas

    La afirmación de Benedicto XVI es corroborada por las ONG que trabajan en el ámbito musulmán. Los cristianos «son el grupo religioso que hoy sufre más persecución en el mundo a causa de la fe». La situación es especialmente aguda en China y en el mundo del islam desde los atentados del 11-S.

    En Irak, la guerra civil ha sido un pretexto de los radicales para matar o forzar al exilio a la minoría cristiana; la población se ha reducido a la mitad, de casi un millón a medio millón de cristianos de rito arameo. En Pakistán se suceden los ataques contra iglesias cristianas, así como en Egipto. El auge de Hamás ha hecho aún más difícil la vida para los palestinos católicos.

  • El avance del islamismo ha disparado el uso del velo (REUTERS)

    El avance del islamismo ha disparado el uso del velo (REUTERS)

    Velo «fashion»

    La prohibición del velo «y de otros signos religiosos» en las escuelas francesas (2004), y las leyes que prohíben el uso del velo integral (burka, niqab) en otros países europeos, ha producido una reacción de afirmación identitaria no sólo entre los emigrantes musulmanes sino en todo el ámbito del islam.

    Irónicamente, los tres países que han sufrido el azote de los peores atentados terroristas de Al Qaida (Estados Unidos, Reino Unido y España) son los más liberales respecto al atuendo femenino musulmán. El burka afgano, anecdótico casi en Occidente, representa un problema distinto porque afecta a normas comunes de seguridad pùblica, que exigen poder distinguir los rasgos faciales.

    El avance del islamismo en el mundo musulmán desde 2001 ha disparado, por convicción o por miedo, el uso del velo musulmán femenino en las grandes capitales árabes.

  • Una pancarta que dice «No a la mezquita en la «Zona Cero» (AFP)

    na pancarta que dice «No a la mezquita en la «Zona Cero» (AFP)

    Vuelven las cruzadas

    La profusión de camisetas del Barcelona C.F. o del Real Madrid en las protestas callejeras que recorren el mundo del islam se combina con otra realidad paradójica: los sondeos confirman el avance de los prejuicios y estereotipos contra Occidente, producto de años de propaganda de Al Qaida y de las guerras en Irak, Afganistán y Pakistán (ataques con aviones no tripulados). En el ámbito europeo y norteamericano también se experimenta un fenómeno similar, cercano en ocasiones a la islamofobia. Las libertades se han visto cercenadas en aras de la seguridad, en particular en materia de tráfico aéreo. Bin Laden ha muerto, pero aún no se puede viajar con champú.

    Los intentos de establecer un diálogo institucional —a través por ejemplo de la Alianza de Civilizaciones— han sido rechazados como ingenuos y vacuos. Otros han sido percibidos incluso como provocativos. Es el caso, aún abierto, del proyecto impulsado por un imán para construir una mezquita junto a la Zona Cero de Manhattan. Su nombre, la «Casa de Córdoba», despierta en el imaginario musulmán el sueño de «recuperar» algún día Al Andalus.

ABC

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U, Madrid