El presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda - EFE

Zapatero intenta guillotinar el debate de su liderazgo tras la andanada de Barreda

No quiere que siga la polémica hasta el Comité Federal del 23 de octubre. Insiste en que no revela su futuro hasta 2011 y solo saca a Corbacho del Gobierno

GABRIEL SANZ
madrid Actualizado:

Zapatero «es el presente y el futuro». Con tono enérgico, casi irritado según algunos, la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, envió un mensaje a los socialistas en respuesta a la andanada que la víspera lanzó Juan José Barreda, presidente de Castilla-La Mancha, contra Rodríguez Zapatero, a quién en declaraciones a Onda Cero vino a aconsejar que deje el poder ante la posibilidad de que el PSOE se dirija hacia una segura «catástrofe electoral». Barreda fue más allá y llegó, incluso, a despreciar la presencia del secretario general socialista en su territorio. «No necesito a ningún líder nacional», afirmó en otra ráfaga verbal contra el jefe del Ejecutivo, al que vino a considerar una rémora.

Este nuevo incendio llega en el peor momento, sólo cinco días después del trastazo sufrido por Zapatero y todo el aparato de Ferraz en las primarias madrileñas. Según fuentes socialista, el «error» cometido por Barreda con sus duras declaraciones no es lo dicho sino «las formas y el momento elegido»: volver al debate de la sucesión y del cambio profundo de Gobierno cuando Zapatero había intentado zanjarlo (en su entrevista con Tele 5 el miércoles) para terminar con la densa niebla de rumores y la irrupción del «postzapaterismo» como neologismo en el diccionario del PSOE.

El líder socialista envió rápidamente a Fernández de la Vega a cortar el debate e intentar sofocar el fuego. Si hace siete meses dejó que la polémica muriera por si sola (cuando el propio Barreda lanzó casi la misma idea, con otro tono, eso sí), en esta ocasión, y a dos semanas de un Comité Federal que se le presenta «tenso» tras su derrota en las primarias de Madrid, lo último que quiere es que se le desmande el cónclave.

Ayer no habló. Ordenó a la vicepresidenta primera insistir en que, por mucha presión que le hagan los «barones» y la vieja guardia para acabar con la incertidumbre que atenaza al partido, no desvelará si es el candidato del PSOE en 2012 hasta después de las municipales y autonómicas de 2011; ni tampoco acometerá una amplia remodelación del gabinete para ganar «pulso», como reclaman en privado muchos otros diputados y pesos pesados, no solo Barreda. Se limitará a sustituir a Celestino Corbacho al frente de Trabajo en unos días.

El problema es que, lejos de retractarse de lo dicho el jueves, Barreda dio ayer síntomas de no achantarse como en febrero, y recalcó la insinuación que le había hecho la noche anterior de que no debería presentarse a un tercer mandato. El PSOE de Castilla-La Mancha salió ayer a respaldarle públicamente en sus críticas, mientras fuentes del Ejecutivo central aseguraban a ABC que el empecinamiento de Barreda es erróneo porque «al final denota nerviosismo por una posible derrota suya en las autonómicas» del año próximo.

Vara se desmarca

El resto del PSOE, incluido el presidente de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, el mismo que hace una semana dijo aquello de «si tiene dudas (Zapatero), que no se presente», se desmarcó. Vara, muy taurino, recordó a Barreda que, quiera o no, él también es «de la cuadrilla». «Ahora eso no es lo popular, lo popular es ponerse de medio lado y dejar solo al torero, sin cuadrilla, y yo no lo voy a hacer», afeó Vara a su homólogo castellano-manchego. Lo cual provocó una réplica del alcalde de Toledo, Emiliano García Page, quien recordó a Vara que, a la hora de entrar a matar, «el maestro está solo».

Menos solícito con Zapatero que Vara, el presidente andaluz, José Antonio Griñán, se limitó a constatar que coincide con Barreda en que el momento «muy difícil y complicado» para el PSOE, pero ese partido es «una fortaleza capaz de superar cualquier inconveniente».

La dirección federal socialista guardó silencio para no abonar un debate que intenta que pase cuanto antes. En este sentido, algunas fuentes confían en que el ataque de Barreda haya sido tan fuerte que el Comité Federal del día 23 discurra justo en el sentido contrario: en el del cierre de filas con Zapatero.

Admiten que el clima interno empieza a parecerse al PSOE de mediados de los 90, cuando Felipe González afrontó sus últimos años de mandato con el partido dividido. En esta ocasión el malestar es difuso y los intereses también. Sigue habiendo una mayoría que piensa que Zapatero debe ser el candidato, aunque Barreda no está solo ni mucho menos en su apuesta por otro cabeza de cartel.