ayer fue el día de las fotos raras en el psoe

Regañina de González a Zapatero

El homenaje socialista no ocultó el desencuentro de los líderes históricos. El ex presidente del Gobierno dejó frases memorables que rescatamos hoy. También «zurró» al PP

MADRID Actualizado: Guardar
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Tuvo miga el encuentro ayer en el Parlamento de dos «líderes históricos» del PSOE -como los presentó su portavoz en el Congreso, José Antonio Alonso- y morbo, dado que no se sentaban hacía mucho tiempo en la misma mesa de intervinientes y cuyo desapego es de sobras conocido. Felipe González llegó, se sentó a la derecha del actual presidente del Gobierno, y repartió, no sólo a diestra, sino también a siniestra. Con el verbo acerado al que acostumbraba en sus años de jefe del Ejecutivo, miró cara a cara a un «Jose Luis» -así se dirigió al leonés, en varias ocasiones, en un afán de personalizarle en los errores que achacaba a su dirección y en los consejos que daba con sentido de partido y de Estado- al que lanzó, como informa hoy enABCGabriel Sanz, «varias puyas». Mucho se habla hoy de esos dardos, expresados de manera más soterrada que el envenenado que proyectó hace sólo una semana, cuando al otrora presidente del Gobierno se le «escapó» que «rectificar es de sabios, y de necios tener que hacerlo a diario». En plena polémica por las correcciones del Ejecutivo al plan antidéficit, la frase no sentó bien en las filas socialistas, que a pesar de ello organizaron por todo lo alto el homenaje de ayer, que conmemoraba el centenario de la obtención del acta de diputado por parte del fundador del partido, Pablo Iglesias. Conocida también era la frase que repetía en su andadura como timonel del Gobierno el andaluz de que «gobernar implica meter la pata, pero se es buen gobernante cuando se sabe sacar esa pata rápidamente», un mensaje que repitió por la mañana, ayer al ser entrevistado en el programa «Los Desayunos de TVE. Por él no habían pasado los años. Y lo demostró. Con el carisma tatuado y el filo cargado, González llegó a la sala del Congreso -ante veteranos y noveles del Partido Socialista- con el ánimo de cargar las pilas a los presentes y de insuflar aliento a una política económica más eficiente. Pero los guiños a «Jose Luis» no pasaron desapercibidos para nadie.

«Hay que recuperar el debate político consistente», espetó González a su sucesor socialista en la Presidencia del Gobierno

-«Hay que recuperar el debate político consistente», dijo González al PSOE consciente de la caída de popularidad que la clase política obtiene en los barómetros del CIS. -«Es necesario que se movilice el partido para explicar la economía, las medidas económicas». Esta crítica de González a la forma de comunicar las iniciativas tomadas por el Gobierno, como las últimas de ajuste fiscal, tuvo más réplicas: -«Ya no vale hablar de derechos, sino de obligaciones. Éste es un buen momento para nosotros. Hay que explicar las cosas como son».-«Necesitamos reformas de capital humano y decirnos a nosotros mismos que hay que esforzarnos más». Posteriormente, el andaluz hurgó en la herida de esa «confianza» de la que presumía el Ejecutivo de Zapatero, ganada a la ciudadanía con la receta del talante: -«En estos momentos de depre, porque nos da la depre colectiva, José Luis, pero es uno de los momentos menos malos que ha pasado este partido en su historia». -«Estamos mal, pero hay que recordar que cuando ganamos las elecciones de 1982 teníamos 4.500 dólares per cápita y ahora estamos en 34.000». -«En el golpe de la crisis, y es un término que no me gusta utilizar, pero es así, estamos un poco por encima de Italia. Estamos mal pero es mucho peor que esta mal tirar piedras contra el propio tejado como hace permanentamente la oposición. Están peor otros países, pero tienen una oposición solidaria. No podemos autoflagelarnos». Y entonces arreció contra el fiel enemigo, el Partido Popular. González no disparó sólo contra el «Gobierno de improvisadores» -como se refirió irónicamente al Ejecutivo de Zapatero-, sino también contra el PP -«lo peor que le podría pasar al país es caer en manos de una oposición tan irresponsable como ésta», afirmó cabeceando- y contra CiU. De los convergentes catalanes bendijo su apoyo a las medidas de ajuste, que consideró como un «ejercicio de responsabilidad». También aludió al famoso discurso en clave electoral autonómica del portavoz de CiU en la Cámara Baja, Josep Antoni Duran i Lleida, que González valoró ayer como «muy duro, pero correcto». Y «equivocado» cuando Duran i Lleida pronosticó que no van a respaldar los Presupuestos Generales del Estado (PGE) que Zapatero presente en otoño para 2011. «¿Pero si no los conoce como sabe si los va a apoyar o no?», reprochó abiertamente Gonzalez y provocó la salva de aplausos fáciles. Los mismos que retumbaron en el Palacio de la Carrera de San Jerónimo cuando completó la tunda a los populares: -«El PP muerde sin compasión si te ve la yugular, por lo que vamos a taparnos la yugular para que tengan que esperar, no dos, sino por lo menos seis años más José Luis».

El día de las fotos extrañas

Ante reconocidos felipistas, como Narcís Serra, Javier Solana, José Barrionuevo, José Luis Corcuera, Carlos Solchaga, Carmen Alborch, Rosa Conde o el ex vicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra, el presidente del Gobierno se erigió en portavoz del rostro socialista. «Los socialistas hemos dado una buena lección de carácter. Por cierto, Felipe, de depre nada. Estamos con todas las fuerzas y todas las ganas». Lo dijo mirando al frente, entonces se retorció en el asiento, le tocó el brazo a Felipe sonriendo en gesto de broma y en las primeras filas, un ministro felipista y zapaterista, Alfredo Pérez Rubalcaba, miraba su móvil y su reloj con gesto de preocupación. No rio la gracia. Fue una tarde de gestos. Un día de fotografías «anormales» -en sentido literal del epíteto- para el líder socialista: primero, con el Papa Benedicto XVI en Roma, más tarde con un Silvio Berlusconi que le plantó en medio de una rueda de prensa y le dejó solo ante los periodistas, aunque un portavoz gubernamental justificó después que había sido «un acto de cortesía», y por la tarde, después de un vuelo relámpago, con Felipe González. Pero ya se sabe la consigna guerrista: quien (no) se mueve, no sale en la foto.